Un paseo por las nubes, en Cádiz

  • Alumnos de la Escuela de Arquitectura de Alcalá han desarrollado proyectos para la línea de costa entre el Gobierno Militar y La Caleta · El castillo de San Sebastián sirvió de inspiración a numerosos trabajos

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Es difícil conseguir un equilibro entre la cabeza en las nubes y los pies en la tierra. Tratar de hallar la medida justa entre ambos extremos fue el propósito de la sesión crítica realizada esta semana en el Colegio de Arquitectos de Cádiz sobre los proyectos que conforman Bajo un árbol, en una nube.

"El pensar un proyecto de estas características -apunta el arquitecto Ricardo Sánchez Lampreave- supone una oportunidad impagable de hacer las cosas como si no existiesen requerimientos realistas. La valoración de los proyectos se concibió, precisamente, para bajar a los alumnos de las nubes".

Sánchez Lampreave habla de las ideas desarrolladas por alumnos de la Escuela de Arquitectura de Alcalá de Henares sobre parte de la línea de costa gaditana: hipotéticas intervenciones que van desde el baluarte de La Candelaria a La Caleta, incluyendo el Castillo de San Sebastián. Una iniciativa que ha querido intentar, además, explicar todo el proceso que sigue un arquitecto proyectando: algo que se ve en la propia distribución de la muestra. Hay un primer momento de dudas, de intuiciones y búsqueda de referencias -representado por las imágenes que cuelgan del techo en el vestíbulo-; luego, la idea se va definiendo mediante croquis -los dibujos que aparecen en la pared-, y al fin, toma forma con maquetas y planes. "Por eso, también -prosigue Lampreave- su fase final se planteó como concurso, organizado de forma abierta".

En la sesión crítica -a cargo de Juan Jiménez Mata, Fernando Mejías, Manuel Narváez y Tomás Carranza-, los arquitectos destacan "la fusión entre lo viejo y nuevo" que se observa en los planteamientos y en cómo, "en sólo tres meses, a partir de unas claves dadas, los alumnos han sabido captar la esencia de la ciudad: luz, viento, azoteas, paseos, miradores... sin renunciar, a la vez, a su propia lectura del lugar".

Así, entre los planes más destacados se pueden encontrar la redefinición del Mercado de Abastos, un rascacielos como torre mirador en las actuales viviendas militares -que acogiera casas y talleres- o una lonja de pescado que serviría también de mirador, aprovechando la topografía excavada en la linde del parque Genovés. Uno de los proyectos conjuntos usaba, precisamente, el antiguo campo de Marte para levantar un complejo con Centro de Arte para Discapacitados, Auditorio y Escuela de Danza.

En los proyectos presentados, el castillo de San Sebastián ha tenido un protagonismo especial, siempre como espacio destinado a uso público. "Y, en muchos -señala Tomás Carranza-, se jugaba con la idea de Finisterre". Así, en uno de ellos se saca provecho al istmo artificial como camino para mirar el mar, bordeado de 'cajas negras' que actuaban como periscopios. Al llegar al faro, un cilindro oscuro subía en paralelo a la entrada hasta el punto más alto, revelando de improviso al visitante la vista de la Bahía. Otro modelo sugiere "senderos de viento" para pasear sobre el castillo y hay otro que, incluso, plantea convertir el lugar en un tanatorio-crematorio -inspirándose en la idea de funeral vikingo, con horno para incineraciones y urnas traslúcidas que colocar a modo de columbarios-.

Otras ideas para el castillo, más alejadas de este concepto, incluirían por ejemplo un centro de talasoterapia -aprovechando la acción de las mareas y las chimeneas naturales- o de una neápolis situada sobre estructuras de metal similares a las de las torres de Puntales.

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