El pasado, el presente y lo sagrado, en el arte indio

  • Carmen García y Eva Fernández protagonizan la doble cita del Colegio de Arquitectos

El arte siempre obedece a una condición de espejo. En el caso de la India, es una manifestación capaz de reflejar todo lo inabarcable de la realidad que refleja.

"Verdaderamente, la India es como el curry, es masala. Una mezcla de especias -afirma Eva Fernández del Campo-. Y por tanto, su arte es heterogéneo, complejo, diverso, contradictorio a veces".

Fernández del Campo y Carmen García Ormaechea, titulares de Arte Indio y Contemporáneo de la Universidad Complutense, son las encargadas de realizar esta tarde un esbozo del gran mosaico que supone el arte indio. Fernández del Campo -El arte indio. Primitivos modernos y modernos primitivos- sostiene que esta realidad tan compleja hace más difícil el acercamiento desde el mundo occidental: "A nosotros nos da una sensación de caos imposible -explica-. Pero hemos de entender que esa realidad no es inasequible, sino que se sustenta en principios muy distintos de los nuestros".

Entre esos resortes de asimilación estaría entender, primero, que hay que " huir de las afirmaciones absolutas, pues la realidad es contradictoria y paradójica; así como destacar la importancia de la intuición frente a la razón y el dejarse llevar por todo ese caos, anulando un poco nuestro sentido racional de observación".

Para Fernández del Campo, el actual es un momento "de muchísima creatividad" en el arte del subcontinente. Tras el largo estancamiento desde la Independencia, "muchos artistas indios se están incorporando a las corrientes internacionales" en un arte de vanguardia que representa "una revisión e reinterpretación del pasado".

Para la doctora García Ormaechea -El templo indio: la montaña sagrada-, lo inabarcable es también elemento de referencia a la hora de describir la esencia de la arquitectura sacra: "En occidente, la naturaleza no es determinante y por eso el hombre se plantea superarla -comenta-. En Asia, el pensamiento busca la integración".

El tremendo medio físico marca, inevitablemente, creencias y manifestaciones . "Los picos del Himalaya, que se ven completamente colgados del cielo, están asignados cada uno a un dios principal -explica García Ormaechea-. Los ríos, por ejemplo, como fuente de vida y de purificación han sido una constante en India desde el Neolítico. Y una vez se va formalizando el pensamiento hindú, van tomando nombres de dioses: Ganges, por Gana; el Yamuna, por Yama; el Indo, por Indra... Todos ellos recogen las cenizas de las incineraciones ".

Montañas, cuevas y agua serán los elementos que se intentarán reproducir siguiendo las premisas de los manuales sagrados (Vastu Shastra): la imitación del crecimiento estratificado de las montañas en el aspecto exterior del templo, la gradación de menor a mayor altura -con el espacio menos sagrado abajo- o un mayor grado de oscuridad y humedad conforme uno va adentrándose, "al igual que sucede en una cueva".

"El templo es la transposición de un yantra. Es una visualización del orden cósmico que actúa, en teoría, como potenciador energético, al igual que un mantra -finaliza-. Son reguladores de lo universal en el orden natural".

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