Los nuevos argumentos de lo artístico

  • Casa Pemán: Juan Carlos Martínez y María Cañas, en el Certamen de Cajasol

Cuando la entonces Caja San Fernando puso en marcha su Certamen de Artes Plásticas, hizo algo más que crear un concurso artístico. Estaba apostando descaradamente por la creación más novedosa, por esa que muchos artistas quieren llevar a la práctica y les retrae la poca salida de este tipo de realizaciones. Por eso, este Certamen es tan necesario, sirve para crear inquietudes, incentivar la creación avanzada de los que poseen un patrimonio distinto y basado en lo más nuevo y promover un arte de auténtica vanguardia. La realidad de este Premio es tan importante que muchos lo esperan como casi tabla de salvación para ofertar el complejo testimonio de su trabajo, ese que en la mayoría de los casos, y de no ser por iniciativas como ésta, quedaría en el rincón de los meros proyectos o en los espacios recónditos de lo ideado y no ejecutado. Además, considero que es todo un acierto la disposición continuada del programa de exposiciones con los artistas ganadores del Certamen. El público, en este caso de Cádiz y de la Casa Pemán, tiene la oportunidad de asistir a un proyecto permanente de arte avanzado, distinto y real que transmite los argumentos de una plástica diferente, en fondo y forma, a la habitual.

(Campanario, Badajoz, 1978) está en posesión de unos de los currículos más apasionantes de cuantos integran el panorama de la joven plástica. Ha sido becado en las principales Fundaciones de nuestro país -Caja Madrid, Rafael Botí de Córdoba, Pilar y Joan Miró de Palma de Mallorca, Vázquez Díaz de Huelva, Antonio Gala, entre otras- y ha obtenido importantes premios como el Abc, el del Cultural de El Mundo, el de Unicaja, el del Museo de América de Madrid, así como el presente que convoca Cajasol. Amplio historial que viene forjado en la creencia en un concepto de la fotografía que va mucho más allá de las consideraciones habituales en una modalidad artística cuyos actores no manifiestan demasiadas intenciones en dotarla de nuevos y más abiertos argumentos.

En el presente trabajo, Juan Carlos Martínez indaga sobre la visión interesada de la realidad, sobre el cuestionamiento de una escena que admite cualquier tipo de sugerencia. Existe un interés por desentrañar estamentos que dejan en suspenso el hilo normal de un asunto, de una situación que el artista observa desde su posición para, más tarde, sacar conclusiones. El autor en cada imagen ofrece una visión velada de una realidad existente pero que aparece enmascarada ante la impactante visión -ilusoria- del conjunto. Hay dos estamentos, el que se aprecia por su obviedad visual y el que se intuye desde su posición sesgada y mínima- que no quiere decir, menos importante-. En esta tesitura se nos muestran aspectos variados de una sociedad donde todo está sujeto a las arbitrarias propuestas de la percepción.

Artista sevillana, también protagonista importante de un amplio historial lleno de trascendencia y ejecutora de los muchos y mejores proyectos de arte avanzado que tienen lugar en Andalucía. Su trabajo ganador se presenta bajo el cinematográfico título de Kiss the morder, una videoinstalación que encierra un complejo iconográfico donde se plantea una visión dual de la existencia, del amor, de la violencia y de todo aquello susceptible de ser propuesto como medio impulsor de situaciones ambiguas, extrañas y llenas de jocoso desconcierto. Y es que en una maraña de situaciones, se presienten estamentos diferentes donde todo es posible y donde la realidad pierde sus contornos en un imposible juego de propuestas muchas veces extraídas de esa iconografía de lo absurdo que hace lo inmediato mediato, lo real ficticio y lo presente ausente. María Cañas envuelve al espectador en un bombardeo de imágenes, casi todas rescatadas del cine o de la propia historia del arte, para dar una visión sesgada de lo erótico, del amor y, sobre todo, de la muerte. Una muerte que transgrede su signo habitual y rompe los esquemas para introducirnos en otras parcelas donde todo es posible dentro de su absoluta imposibilidad. Por eso la artista rompe la imagen en dos y abre nuevas perspectivas en un deseo de mostrar, en un inquietante proceso compositivo, la doble cara del amor y el desamor.

La exposición nos conduce por un estamento artístico que deja en suspenso los desarrollos tradicionales para afrontar una nueva modernidad -en el trabajo de María Cañas, más bien una postmodernidad- que abre y acentúa los horizontes de una plástica sin fronteras, sin espacios y sin complejos.

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