aniversario Diez años de la recuperación del mítico establecimiento

Los nuevos aires del Pay-Pay

  • El café teatro del barrio del Pópulo cumplirá en el mes de junio su primera década de vida desde que Paloma García recogió el testigo de la sala que marcó un hito en Cádiz en los años de la dictadura

Cabaret, sala de fiestas sin pecado concebida y ahora café teatro. El Pay-Pay tiene historia. Sus cimientos, de hecho, se besan con los restos del Teatro Romano que duermen en su subsuelo y que ahora despiertan gracias a un ambicioso proyecto. El nuevo Pay-Pay, que en junio cumplirá diez años, encara su futuro con la confianza que le da el jugoso presente y sin olvidar los muchos años de historia que tiene a sus espaldas, y que otorgan al mítico establecimiento del barrio del Pópulo un carisma y un sello personal que cada noche comparten decenas de gaditanos.

Paloma García, la actual gerente y la impulsora de la nueva y fructífera etapa del Pay-Pay, abre con orgullo de par en par el libro de firmas en el que han estampado su estancia en el café teatro multitud de personas. Conocidos, consagrados, jóvenes promesas... artistas, en definitiva, que han encontrado en este rincón del barrio medieval gaditano su particular renacimiento artístico. Allí se pueden leer las firmas y las dedicatorias de Javier Ruibal, David Palomar, Carmen París, Rosario Toledo, Félix J. Palma, Laura Furci o Juan José Téllez, así como espectadores de lujo y de excepción que algún día se sentaron en el Pay-Pay atraídos por su antigua leyenda o de la mano de otros amigos gaditanos, caso del juez Baltasar Garzón o del pensador y escritor Eduardo Galeano.

Porque el Pay-Pay, en esta nueva andadura que cumple su primera década, ha dado cabida con acierto a un sinfín de disciplinas artísticas, espectáculos de pequeño formato que han encontrado en esta sala el lugar perfecto para su puesta en escena. Por el Pay-Pay han pasado músicos de todos los estilos, actores, cuentacuentos, poetas o novelistas, que han dejado testimonio de su quehacer artístico ante las cerca de 200 personas que componen el aforo diario de la sala.

Pero siempre, como recuerda Paloma García, con una premisa que se convirtió en el germen del nuevo Pay-Pay: "Desde un principio me propuse que esta sala sirviera de escaparate para los nuevos talentos, los nuevos valores, la gente que empieza, fundamentalmente gaditana, y cuyo espectáculo no tenía cabida antes en ningún otro lugar".

Y este espíritu, este objetivo al que Paloma fue y sigue siendo fiel, le permite ahora sacar pecho y exhibir una medalla que prácticamente nadie se ha colgado en Cádiz. Por las tablas del Pay-Pay, de hecho, han pasado ya cientos de artistas que tuvieron su primera oportunidad de la mano de Paloma García y que ahora disponen ya de su hueco en el complicado panorama artístico. Así, la sala ofrece ahora una programación anual en la que se intercalan estos jóvenes valores con otras figuras que ya tienen un nombre y un sitio artístico.

Paloma sabe -no lo oculta, ni echa mano de la socorrida falsa modestia- que su sala es un "referente nacional", y se muestra orgullosa de haber abierto en Cádiz un camino, en el irregular panorama cultural de la ciudad, que ahora siguen otros espacios escénicos, incluso algunos de titularidad pública.

Porque la gerente del Pay-Pay recuerda que junto a ese espíritu emprendedor y de apoyo a los que empiezan, la sala nació con la vocación del espectáculo, no con alma de hostelería: "Yo no trato de llenar la sala con un artista para que la gente consuma; el artista es el protagonista, se le viene a escuchar a él, y lo demuestra el silencio y el respeto que acompañan a cada actuación. Yo vengo del mundo artístico, no de la hostelería, yo no tenía ni idea". Y rememora entre risas sus primeros días en la barra y las dificultades que le acarreaba encontrar la marca de bebida que el cliente le pedía: "¿De esto tenemos?", preguntaba a sus compañeros.

Diez años dan para mucho, y las cifras lo confirman: más de 2.000 espectáculos y 5.000 amigos en las redes sociales demuestran que el Pay-Pay no vive de ilusiones, sino de realidades. Fue, en su día, uno de los motores del renovado barrio del Pópulo, y es, ahora, la sala que ha insuflado un aire nuevo a la cultura gaditana.

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