La nueva realidad creada

  • El espectador se sabe inmerso en los espacios de la moderna fotografía.

CAROLINA SANTOS. Sala Rivadavia. CÁDIZ

Continúa el buen tino que viene caracterizando la programación de la Sala Rivadavia, la última con una muestra que creemos importante de Carolina Santos, una de las más acertadas fotógrafas de la provincia de Cádiz; una artista que no tiene a la fotografía como, desgraciadamente, suele ocurrir con tantos advenedizos como a ella llegan, como un mero pasatiempo de snob desocupado y con una cámara en unas manos poco acertadas y una mente de escasas luces; todo lo contrario, se trata de una fotógrafa fotógrafa, con la artisticidad bien asumida, los esquemas plásticos sobrados y los registros conceptuales argumentados con sensatez y solvencia creativa. Además, la artista linense no se queda en un único desarrollo compositivo sino que su fotografía abarca superficies artísticas mucho más amplias. Por un lado, se vale de imágenes de paisajes para construir nuevas donde la realidad pierde su habitual desarrollo visual buscando nuevos asuntos representativos en los que todo queda supeditado a la complicidad de la mirada. También los recursos fotográficos sirven de base para obtener nuevas situaciones que desentrañen novedosos asuntos más relacionados con los objetos artísticos, con el fotomontaje e, incluso, con la propia instalación. Por último, la artista nos hace transitar por plácidos paisajes - 'quiet places'-, sacados de un idílico territorio presentido donde la existencia natural y humana queda suspendida en un feliz reducto de supremas sensaciones.

Con la obra de Carolina Santos el espectador se sabe inmerso en los espacios de la moderna fotografía; aquellos a los que el artista llega después de dotarlos de una sabia estructura. Su trabajo no se reduce, como es habitual en los planteamientos fotográficos al uso, a una captación de imágenes sujetas a una mayor o menos intensidad artística, sino que la artista interviene activamente, modela la realidad captada, la configura a sus interés plástico y estético, le proporciona una serie de aditamentos conformantes para que ella adquiera una nueva circunstancia y, además, la dota de una trascendencia artística a su forma y manera. Así tenemos una fotografía constitutiva de una realidad creativa perfectamente manipulada en fondo y forma, un ejercicio plástico que va más allá de una simple representación ilustrativa y que busca posicionarnos en horizontes más amplios donde suscribir nuevas realidades comprometidas con un arte abierto donde no caben esquemas simplistas para miradas escleróticas.

La fotografía que nos encontramos en los espacios de Rivadavia nos ofrece una singular visión de la realidad; una realidad interpretada, reorganizada, manipulada, con algunos de sus elementos desprovistos de sus registros más extremos y cambiados por otros para que los nuevos escenarios que ella promueve provoquen supremos estados de una plácida emotividad que aparecen desde sutiles manifestaciones plásticas que, además, sirven de argumentos físicos para que unos personajes, extraños por completo a las situaciones representadas, ambienten un diferente escenario lleno de felices e imprevistas circunstancias emocionales.

Carolina Santos es una artista comprometida con la fotografía desde hace tiempo; esa fotografía entusiasta que, en Algeciras y en todo el Campo de Gibraltar, tantos y tan buenos fotógrafos ha dado, auspiciados y avalados por esa verdadera factoría que es UFCA, a la que se le agradece no sólo que motive la creación fotográfica sino, también - y esto creo que es más importante -, que sirva para poner orden en una actividad artística a la que muchos pretenden llegar, absolutamente vacíos de todo. Carolina Santos ya nos demostró su trascendencia artística, formando parte, junto a Mon López, de Garaje 22 y dejando constancia de una actividad llena de emoción y carácter. Ahora, en solitario, nos hace transitar por ese universo donde lo real y lo ficticio pierden sus límites representativos para buscar nuevos perfiles con los que potenciar una escenografía de imposibles posibles.

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