"La novela es lo que más se parece a la vida, y eso es un problema"

  • La escritora zaragozana Soledad Puértolas fue entrevistada ayer por el profesor José Antonio Hernández Guerrero, dentro del ciclo Presencias Literarias

Soledad Puértolas se disuelve en mil personajes, se hace fuerte en sus narradores, se disfraza de todos y de ninguno, se intuye, se inventa y reinventa en sus novelas. Soledad Puértolas se aleja, primero, para luego acercarse a la vida a través de las letras. "El género novela es lo que más se parece a la vida, y eso es un problema", se sinceraba la escritora zaragozana que ayer fue entrevistada por el profesor José Antonio Hernández Guerrero dentro del ciclo Presencias Literarias que organiza la Universidad de Cádiz.

La autora -poseedora de una enorme lista de reconocimientos literarios: Planeta, Anagrama de Ensayo, NH...- conversó, de manera muy abierta, con el numeroso público que ayer se dio cita en la Kursala del Aulario de la Bomba y que participó, activamente, en el diálogo que Hernández Guerrero sostuvo con la literata.

"Con todas las vidas se puede escribir una novela porque no hay vida sin acontecimiento", juzgaba la autora de Cielo nocturno que en el proceso de creación de una obra establece "vínculos con la realidad" desde ese "recogimiento o introspección" a los que se somete en el primer momento de escribir una novela.

Puértolas contestó a todas y cada una de las preguntas que desde la mesa y desde las butacas le lanzaban sus lectores. Habló de cómo "pesa la vida (y una novela)" y cómo "ambas se renuevan" porque para escribir "hay que vivir mucho", pero en el sentido de "saber lo que es vivir". "Hay gente que conocen muchos países, muchas personas, muchas cosas y, en realidad, no conocen a nadie", dijo severa.

La escritora, interrogada por Hernández Guerrero -que hizo una "cálida presentación", en palabras de la propia Puértolas-, confesó que, para ella, "los personajes y, sobre todo, la figura del narrador" son "lo más importante" de una novela "por encima de la trama o el espacio".

"Lo que me interesa del narrador es qué cuenta y por qué, sus motivaciones. Luego, en algunos casos, como en la niña de Cielo nocturno, los dejo crecer y les voy creando lo que necesitan. Realmente, para mí es un proceso extraño que se parece, en cierto sentido, al del actor que se va metiendo en un papel y en otro. Ellos tienen que sufrir un proceso de transformación difícil", filosofaba.

Por ello, para la autora de Queda la noche, cada libro es "una aventura". "A escribir novelas no se aprende nunca, lo bueno, lo positivo, es descubrir", insistió la escritora galardonada con el Premio de las Letras Aragonesas que sigue enamorada y fascinada "del mismo proceso de escribir". "Lo mejor de escribir un libro es estar escribiendo un libro", rió.

Hernández Guerrero instó a Puértolas a viajar a su infancia para encontrar las claves, "las pistas", decían, de su vocación de escritora. Soledad se encontró entonces en "el cuarto rojo", donde estuvo recluida con su madre mientras se curaba de tifus, escuchando una y otra vez el cuento de La gallina petirroja. "Tenía unos tres años y siempre quería que me contaran ese cuento. Gracias a él desarrollé mi imaginación y, según la leyenda que se cuenta en mi familia -decía con guasa- cuando me recuperé cogí un periódico y pude leerlo. Cierto o no, sí que creó en mí una cierta inquietud por la lectura y por la escritura".

Una "necesidad", la de escribir, que ha llevado a Puértolas a conquistar varios de los premios más importantes del país y un buen número de lectores. "Pero el prestigio no lo da ni lo uno ni lo otro. No creo que el prestigio lo tenga que otorgar nadie. Pero sí ocurre que por un premio o por un best seller llega la consagración. Al final la cultura tampoco es un terreno libre".

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