La necesidad del arte por el arte

Paco Pérez Valencia es un personaje al que es difícil encasillar en una única faceta creativa. Paco toca varios palos y en todos realiza una eficiente labor. Su faceta como museógrafo es de las más significativas de cuantas existen hoy en este país -la extraordinaria muestra de Luis Gordillo en el Reina Sofía constata sin vuelta de hoja el hecho-. Fue responsable de la Colección Cajasol y consiguió dotarla de entidad y trascendencia -labor que fue muy poco tenida en cuenta por las miopes miradas de algunos responsables de la entidad crediticia-; es profesor de la Massana de Barcelona y director de cursos de postgrados sobre museografía. Además, ahora, está involucrado en sacar adelante el apasionante proyecto de la Universidad Emocional; algo en lo que se deberían mirar algunas de nuestras trasnochadas instituciones universitarias. Y a todo esto hay que sumar su trabajo, silente pero constante, de pintor en ejercicio. Trabajo que trasciende en comparecencias periódicas en distintas galerías y que definen, bien a las claras, que estamos ante un artista incesante cuyo empeño pictórico, a pesar de las otras facetas, no ceja y con el que hay siempre que contar.

Ahora expone en este espacio madrileño hasta donde Paco ha llevado una muestra de su última amplia realidad pictórica. Piezas llenas de energía, de determinación cromática o de ausencia colorista, de valentía compositiva, de equilibrio plástico y conceptual y, sobre todo, de carácter. Piezas que abren las perspectivas emocionales -no podía ser de otro modo en quien la emoción invade absolutamente su circunstancia personal, existencial… y creativa- y generan entusiasmo por el propio valor pictórico en sí y por los infinitos discursos significativos que plantean. Piezas que oscilan entre las escuetas circunstancias plásticas del grafito sobre el papel, con sus, a veces, intenciones automáticas, a veces, ajustados rasgos; entre los volubles juegos coloristas y entre abiertas posiciones que suscriben conceptos, metáforas todo aquello susceptible de marcar las imprevisibles rutas de una especialísima función espiritual.

En la pintura de Paco Pérez Valencia trasciende, quizás en estas obras más que en otras, la necesidad que tiene el artista por pintar; por manifestar la esencia pura de la creación; por sentirse vivo en un estamento exigente al que hay que empeñarse mucho para sacar beneficios convincentes. Paco pinta buscando posicionarse en una espiritualidad que él asume en una obra casi acética, de una gran esencialidad y promoviendo supremos estados de emoción.

Paco Pérez Valencia vuelve a Madrid generando máximos de un arte lleno de episodios absolutamente artísticos. Pintura pintura que patrocina el sentido de una plástica con los más abiertos postulados de la emoción en clara y determinante puesta en escena.

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