Las muñecas se van de casa

Compañía: Teatro de la Danza Autor: Henrik Ibsen Dirección: Amelia Ochandiano Actores: Silvia Marsó, Roberto Álvarez, Pedro Miguel Martínez, Ana Gracia, Francesc Albiol. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: María Luisa Engel Día: 26 de febrero. Lugar: Teatro Municipal Muñoz Seca, El Puerto Aforo: Lleno.

Desde que en 1879 se estrenara esta obra, el personaje de Nora, la protagonista, ha sido interpretado por miles de actrices, tanto en el teatro como en el cine y no siempre han coincidido todas en la visión que de ella nos han ofrecido. Cierto es que cada director, a pesar suyo, nos da una versión diferente de la obra. Si mil veces se representa una función, mil veces será la misma, pero mil veces también, será diferente. Como decía Amelia Ochandiano, la directora de este montaje, en la presentación del libreto el pasado jueves, esta obra es "un clásico de terror contemporáneo" y su grandeza, la de toda la obra de Henrik Ibsen, es la de no circunscribirse a un solo personaje alrededor del cual todos los demás desarrollan su actuación en función de suya, sino que todos tienen su propia importancia, así como de emplear un lenguaje cotidiano que acerca a los personajes a los espectadores.

Las circunstancias desde la fecha de su estreno, por supuesto, han cambiado mucho y ya a nadie escandaliza que una mujer tome las riendas de su vida y no se deje llevar por su padre o por su marido, pero no nos confundamos. Ni el padre ni el marido son solo monstruos opresores y manipuladores, que lo son, ni la protagonista está libre de la frivolidad y el desinterés por los problemas ajenos. Los hombres se limitan a desempeñar el papel que la sociedad les ha adjudicado y lo hacen lo mejor que saben o lo mejor que pueden, como dice el marido tratando de convencerla de que no tome una decisión tan grave. Él ha sido educado para eso, y cree que lo está haciendo bien".

La salida de la protagonista por la puerta de la casa al término de la función, marca un antes y un después en la forma de tratar a la mujer en el teatro.

A la hora de realizar el montaje, el director, la directora en este caso, elige donde situarla, en que lugar, en que época, porque como obra universal es susceptible de adaptarse a cualquier situación. Amelia Ochandiano ha optado por respetar las coordenadas marcadas por el autor y esto es de agradecer porque nos da la posibilidad de conocer mas de cerca la obra, sin variaciones que puedan desviarnos de sus intenciones. Ha dado a la obra una visión contemporánea, pero sin intentar aportar nada nuevo, sino subrayando y dando valor a lo que escribió Ibsen, siendo fiel al texto, concisa y contemporánea.

Todo aficionado al teatro, toda persona con un mediano nivel cultural, ha oído hablar de esta obra y sabe de lo que trata, pero en realidad son muy pocos los que realmente la han visto. Ahora gracias a Teatro de la Danza y a Amelia Ochandiano, ya no tenemos pendiente esa asignatura y, aunque solo sea por eso, tenemos que valorar positivamente esta función.

Silvia Marsó ha definido la función como "un thriller psicológico". Su papel en esta obra supone un reto del que sale airosa, al igual que Roberto Alvarez, Pedro Miguel Martínez, al que vimos también en la presentación del libreto, y el resto del elenco, que cumple con su cometido de hacer creíbles sus personajes, aunque se nota que la obra no está aún lo suficientemente rodada (se estrenó en Sevilla recientemente).

La escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, muy conseguida con el hallazgo de un telón transparente que divide el escenario en dos y que con la ayuda de la iluminación consigue presentar al espectador dos espacios diferentes pero simultáneos. A destacar el vestuario de María Luisa Engels que nos remite a esa época que disfrazaba a las mujeres haciéndolas parecer muñecas. Todo ello ayuda a situarnos en la época en que se desarrolla la acción.

Se trata de un montaje serio, muy profesional, como corresponde a una compañía de tanto prestigio con Teatro de la Danza y una directora que cuenta en su haber con obras como El caso de la mujer asesinadita, de Mihura, La Gaviota, de Chejov o La casa de Bernarda Alba de García Lorca. Un montaje clásico, sin alegrías creativas que traten de poner la labor del director por encima de la del propio autor.

Una vez mas se colgó el letrero de "No hay localidades" en el Teatro Muñoz Seca de El Puerto de Santa María donde los numerosos aficionados al teatro de la ciudad disfrutaron de una agradable velada difícil de olvidar.

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