XXIII Festival Iberoamericano de TEatro Críticas

Con los muertos de la crisis

Comentarios 2

No te incineres, que está la cosa chunga. Cuatro enterradores del siglo XX con menos age que la chirigota del Noly. La Pálida, a la vuelta de la esquina. A las siete de la tarde, Loreto parece muerto. Una hora después, cuatro sanganguis portando una caja de muertos cierra la función callejera con un montón de seguidores que se apuntan al bombardeo de teatro silencioso y humor cuasi británico. Risitas por bajini. La pajarraca de la muerte agradecida. Los actores fuman un cigarro tras otro antes de la función. Total, el tabaco puede matar pero ellos ya están listo de papeles. A la hora fijada por la esquela del Diario, los comediantes de Encara Farem Salat dan vidilla al barrio que linda con el más allá. En contra de lo anunciado, pasan de encajarse en La Laguna y retornan a su templo, la sede vecinal del Campo de la Aviación, tras un garbeo la mar de curioso. No asustan a nadie, ni siquiera a los perros de compañía. Tampoco sorprenden en demasía, quizá porque en Cádiz sobra la novelería y el surrealismo trimilenario. Pero dejan un buen sabor de boca, con perdón, a quienes gustan de un buen funeral, una tragicomedia en condiciones, con los muertos de la crisis. El día ya tenía mala cara, los actores también, y al ritmo del suspiro atónito provocan sonrisas en calles, plazas y balcones, hacen el perro contra perro, se cuelan con ataúd y todo en el autobús de la línea 5, entre el cachondeo general, y a la postre un niño pregunta a su mamá: "¿Y si van en serio?". Otros cuestionan sobre el futuro del cuarteto, que se está perdiendo y es una pena, y los más hartibles se quedan hasta el final, con sorpresita incluida, por si hubiera algo que mangar.

Durante el recorrido, la caja pesa pa tos sus muertos, los enterradores mosquean a algún conductor con prisas y cara de malas pulgas, abren Persianas Cádiz, pegan un susto de muerte a una chica que conduce un coche de autoescuela Avenida, paran el tráfico del soterramiento sin maldad, abrazan a la gente que se deja mientras otros tocan madera por los rincones y observan la escena desde la lejanía. Un jápenin de humor gráfico, expresión corporal, participación y guasa contenida. La parodia del fin del mundo, acaso, que causa poca perplejidad ante el heterogéneo publiquito gaditano, que se las sabe todas y, salvo algunos comentarios con retranca, no reacciona con desdén ni crueldad, sino todo lo contrario. Eso sí, cuidado con las próximas entregas, que el personal ya está avisado. Lo suyo sería contraprogramar una manifestación de vivos: banqueros, políticos, especuladores del mal humor. Con los muertos de la crisis.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios