El momento de las librerías con carácter

  • En los últimos años, la capital gaditana ha vivido una eclosión de este tipo de establecimientos · La personalidad, el trato y el afán de cohesión cultural, claves en la supervivencia del sector

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No es tan fácil realizar una media de librerías por habitante. O, más bien, de puntos de comercialización del libro y de su impacto por habitante. Si una librería es un lugar donde se compran y venden libros, podríamos estar hablando, por ejemplo, de una gasolinera. O del Carrefour. ¿Contamos a los café-librerías?¿Incluímos a cadenas de librerías y grandes superficies? ¿Y a la versátil papelería del barrio? Vaya, no parece que sea un concepto tan simple. De hecho, para muchos, la definición más básica de librería corre el riesgo de mezclar, en un mismo saco, tigres con merinas.

Sea como sea, sí que es cierto que la media de librerías por habitante parece ser positiva para la capital gaditana. Con la incorporación de varios locales en los últimos años -a la reapertura de la librería Alpa, en la calle Brasil, se unió la presencia de Las Libreras, La Clandestina y la reciente apertura de Alejandría, en la calle Sagasta-, la ciudad cuenta con unas quince librerías para una población de 126.000 habitantes. Una cifra que da un saldo de una librería por cada 8.400 gaditanos, media bastante generosa si la comparamos con los datos de la última encuesta realizada por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). En el informe, elaborado en 2005, la media a nivel nacional venía a situarse en una librería por cada nueve mil habitantes.

La reciente eclosión de librerías en la ciudad podría verse como un salto al vacío si se tienen en cuenta datos como el índice de lectura -Andalucía, a la cola-; la disminución de ventas totales de libros durante 2010 -la crisis ha terminado por morder también al sector- y la incertidumbre de la evolución del mercado.

Las Libreras -el local que las hermanas Raposo decidieron transformar en una aspiración común hace año y medio- surgió como un espacio de encuentro entre autores y lectores o, más bien, entre lectores y literatura:

"No sé si somos más valientes, o inconscientes, o más emprendedoras -comenta una de ellas, Auxi Raposo-. En nuestro caso, es cierto que tuvieron mucho que ver ciertas circunstancias familiares, de esas que te hacen replantearte la vida. Y la posibilidad del autoempleo dejó de parecer una locura cuando alguna de las hermanas había dejado de trabajar o estaba buscando trabajo".

En este tiempo, la librería ha acogido la presentación de diversos autores -con especial atención a escritores de la zona-, en una agenda de encuentros que continuarán a partir del próximo mes de febrero. Auxi destaca, sobre todo, las citas que tienen como protagonista la literatura infantil y juvenil: "El día que tuvimos al autor de Canciones para Paula, ya había cola a las cuatro de la tarde -comenta Auxi-. Y, todos los sábados, organizamos cuentacuentos para niños, sobre todo con Mara, que tienen muchísimo tirón". De hecho, la librería está ampliando su sección infantil, uno de los fuertes de su fondo, junto con la sección de idiomas - "un apartado que nos gusta cuidar"-, el catálogo de temas gaditanos, la historia, la gastronomía o los manuales de psicología práctica y autoayuda: "Aunque los distribuidores te acribillan los depósitos y apenas tienes tiempo ni para seleccionar... pero es un camino que se va haciendo -continúa la librera-. En el caso de Cádiz, yo echo de menos más temas sobre el Bicentenario, que la gente pide y del que creo que existe poca oferta".

"Pienso que faltaba una librería en esta zona en Cádiz -prosigue la responsable-. Y creo que tenemos una implicación que se agradece, que esa sería nuestra principal cualidad. Intentamos que el cliente no se vaya de vacío, no sólo por venderle un libro, sino por atenderle bien".

Con su primer año recién cumplido, La Clandestina tomó el relevo a Las Libreras en diciembre de 2010. Lola y María Martín-Arroyo pusieron en marcha un negocio que unía, por primera vez en Cádiz, librería y cafetería: "Pues claro que teníamos miedo -dice María, rememorando los inicios-, pero lo cierto es que toda la experiencia nos ha resultado muy positiva, hemos tenido muy buena acogida. Hemos superado todas las expectativas que teníamos. Vemos que acude gente muy variada, tanto vecinos del barrio que vienen a desayunar o a comprar un libro, como gente que llega de fuera y que entra porque le llamamos la atención".

Cierto es que el local de la esquina de José del Toro constituye, desde la puerta, una invitación a pasar. En este tiempo, Lola y María han ido elaborando un catálogo sustancioso y cuidado: "Además de las editoriales más conocidas -explica esta última-, tenemos también títulos de otras más pequeñas, a las que queríamos dar una oportunidad. Y luego hemos encontrado que hay más gente de la que pensábamos que busca ese tipo de libros, que se interesaban por ellos y que pedían fuera o por Internet". Sellos como Iru, Traficantes de Sueños, Virus, Capitán Swing o Cambalache tienen aquí su espacio.

"Lo bueno de tener un local con café -prosigue María-, es que la gente se va habituando a entrar y pierde el miedo, hace de este su sitio. Y luego están las actividades". La Clandestina surgió con la intención de ir acogiendo charlas y presentaciones, pero sus propietarias nunca pudieron imaginar que el ritmo iba a ser semejante: "Hemos tenido una media de tres actividades al mes -indica la librera, que también destaca el trato al cliente como "fundamental"-, y ha habido muchos autores que se han ofrecido a organizar actos, nosotras ni siquiera hemos tenido que salir a buscarlos..."

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