La milenaria Dama de Cádiz cumple sus primeros treinta años de luz

  • El sarcófago antropoide femenino, hallado en septiembre de 1980 en un solar de la calle Ruiz de Alda, se convierte en la pieza del mes del Museo, que organiza actos para explicar su singularidad

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La Dama de Cádiz tiene casi 25 siglos de vida, pero su lozanía es envidiable. Miles de años estuvo escondida, sepultada bajo la tierra de una necrópolis fenicia, guardando con celo funerario bajo su tapa los restos de una mujer perteneciente a la alta sociedad de Gadir: quizás una sacerdotisa, quizás la hija de un pudiente e influyente comerciante fenicio... Allí durmió hasta que una excavadora despertó al marmóleo sarcófago alterando su sueño y cumpliendo el de muchos arqueólogos que durante décadas se afanaron en su búsqueda. Fue hace 30 años y el Museo lo celebra durante la próxima semana con un programa de actos que persigue explicar su exclusiva singularidad.

La delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, y el director del Museo Provincial de Cádiz, Juan Alonso de la Sierra, presentaron ayer a los medios, ante los dos sarcófagos fenicios hallados hasta ahora en Cádiz, el breve programa de actos que durante la próxima semana, a partir del domingo, servirán para recordar aquel hallazgo.

Fue el 26 de octubre de 1980, en un solar de la entonces calle Julio Ruiz de Alda -actualmente, Parlamento-. Una excavadora se topó con el ataúd rompiendo una parte de la tapa. Los arqueólogos fueron avisados de inmediato, como de inmediato se percataron de que se encontraban ante "un hallazgo excepcional", en palabras de Peinado. El sarcófago antropoide masculino hallado casi un siglo antes, en 1887, ya tenía pareja: la Dama de Cádiz, como fue bautizada por la prensa gaditana.

Ambas piezas son, sin duda, las estrellas del Museo, las dos piezas más exclusivas y singulares de su colección arqueológica. "Son únicas", resume Alonso de la Sierra para explicar su importancia.

Datado en torno al siglo V antes de Cristo, el sarcófago femenino, más antiguo que el masculino, mide más de dos metros y está realizado en mármol blanco. Es de la época fenicio-púnica y, además, único en España. Si el primer sarcófago fue el origen del Museo gaditano, como recordaba Yolanda Peinado, el hallazgo de la Dama de Cádiz terminó de apuntalar una sala arqueológica que ya contaba, porque se había encontrado unos meses antes que el sarcófago femenino, con la estatua colosal de Trajano hallada en Baelo Claudia.

Juan Alonso de la Sierra recordaba también que en 1980 el Museo gaditano, entonces dirigido por Ramón Corzo, se encontraba "en un punto de inflexión", tras la fusión del Museo Arqueológico con el de Bellas Artes y con el proyecto de reforma proyectado en tres fases: la primera acabó en 1984, con la construcción del ala más cercana a la calle Antonio López; la segunda en 1990, una remodelación profunda que modernizó el Museo ya con Antonio Álvarez al frente; y la tercera, todavía pendiente y que depende del traslado de la Escuela de Artes para ampliar definitivamente el Museo por el Callejón del Tinte.

Aquel hallazgo acabó de dar caché al Museo, tal y como hubiera deseado el arqueólogo conquense Pelayo Quintero, director del Museo gaditano durante la primera mitad del siglo XX y que ansió durante toda su vida encontrar un nuevo sarcófago antropoide fenicio. Él murió en 1946 sin conseguirlo y sin saber, cosas del destino, que la Dama de Cádiz aparecería en el solar de la calle Ruiz de Alda en la que se levantaba el chalé donde vivía y en el que plantó una higuera cuyas raíces se entrelazaron con el sarcófago femenino como Pelayo Quintero lo hubiera abrazado si, en vida, hubiese podido ver cumplido su sueño más deseado.

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