Las 'mijitas' del universo Guillén

  • Ilustraciones y fotografías del artista gaditano se reúnen en la exposición que a partir del próximo jueves 6 de septiembre se podrá visitar en el Centro Integral de la Mujer

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Mientras ojeamos y hojeamos los trabajos, mientras me encariño con la Mujer Tren, el Pavo irreal, la Elefanta con tacones o el tierno Cowboy caballa, mientras conversamos sobre ilustraciones, fotografías y textos no puedo dejar de pensar: Es un tipo curioso este Miguel Guillén. Abre el portafolios y con él, una ventana a un universo, el universo Guillén. Un sitio cómodo, un buen lugar para viajar o, incluso, quedarse. Un vasto campo salpicado de tinta china y letra mecanografiada en la que el cine, la música, el arte y la literatura juegan a pellizcarte y hacerte cosquillas. Un tipo curioso Miguel Guillén. Y un mundo curioso el que nos presenta en Mijitas y cachivaches, la exposición que el próximo 6 de septiembre se inaugura en el Centro Integral de la Mujer.

Publicista de formación, infografista e ilustrador de profesión, artista de vocación, el gaditano reúne 20 dibujos en tinta china, acompañados por sus respectivos poemas, y once fotografías en la muestra que se podrá visitar hasta el 27 de septiembre en la planta baja del edificio que se levanta en la plaza del Palillero. Una sala que le "gusta", asegura, y que le permite mostrar estos trabajos que han sido madurados "durante mucho tiempo".

Porque Mijitas y cachivaches es como una peli de personajes. "Sí, claro, están un poco todas las cosas que me interesan. Desde algunos iconos del cine, a ese mundo de greguerías de Gómez de la Serna o de los aerolitos de Ory, el juego entre ficción y realidad de Borges...", explica el creador que empapa de ironía y humor sus trabajos de contenido altamente evocador y poético. "No sé, soy de los que piensa que emocionar con el drama es mucho más fácil que con la sátira y el humor. Me gusta dar la vuelta a las cosas, que tengan otra lectura, el doble sentido que se dice", relata.

Su objetivo lo consigue, en realidad, con "el juego". El juego entre artista y espectador, dejando libertad al último para interpretar pero sin abandonarlo, facilitando pistas a través de imágenes universales y reconocibles, de textos que parecen dotar de sangre y cuerpo a las ilustraciones, de una estética urbana y una estructura literaria actualizada y cercana. "Es cuestión de acercarse a la gente, que se sientan cómodos y que, en cierta manera, las cosas les parezcan familiares de primeras aunque después escondan otras lecturas", decide.

Así nacen personajes de los que te enamoras instantáneamente como ese pistolero que "cabalga a lomos de la caballa plateada" porque el oeste es "demasiado salvaje para un hombre pausado". Por eso "bajó al sur, muy al sur". Como va rezando el poema que acompaña al pequeño dibujo.

Miguel coincide con la estética del enigmático Bansky pero busca su propia "idiosincracia". Así, por ejemplo, se permite "ensuciar" el dibujo del Mitin de las hienas para ahondar, aún más, en la crítica a la política y a los discursos vacíos. "Me gusta hacer crítica pero sin herir a nadie, de manera, quizás, más sutil", especifica.

Las mijitas también buscan "la imperfección" del producto artesano porque Guillén también es un tipo nostálgico, tanto como su Semilla de gramófono que nos suena al jazz de mediados de los 50, o como su Velocípedo atemporal, que parece sacado de un tiempo en el que aún nos quedaba la posibilidad de soñar con el futuro. Alegres años 20, quizás. Cuando no había ni rastro de negatividad en la expresión ir a pedales.

Un equilibrista tiende su colada en la barra que sostiene sobre la cuerda floja, mientras un pavo irreal disfraza sus inseguridades de vanidad. "No titubees, tómala si te cruzas en su camino" porque es la Mujer tren esa que pasa y que hay que coger. Aun si eres un Hombre hogar, ahogado por hipotecas y muerto entre cimientos... La plumilla con la que Guillén realiza sus dibujos gotea realidad envuelta en ficción y viceversa. Al final, no es raro que nos encontremos como ese niño colgado de la Luna columpio, de camino a lo onírico, en el placentero estado de confusión de la duermevela.

Los cachivaches, las fotografías que completan la exposición, mantienen la misma vocación de difuminar fronteras entre lo soñado y lo vivido a través del juego visual. Y de palabras como en El cronos y el metro, toda una broma, un aforismo. La crítica amable de El nuevo Prometeo, con el ladrillo causante de nuestros males como protagonista y transformado en cabeza de Frankenstein. Iconos, imágenes clavadas en la memoria colectiva como la del Nosferatu de Murnau horrorizado con El ajo transilvano. Recursos todos que mantienen al creador "en comunicación" con el espectador.

De hecho, como primera invitación a su universo, Guillén ha preparado una inauguración muy especial (el día 6 a partir de las siete de la tarde) donde se podrán ver las Mijitas pixeladas. "Es una proyección de unos 12 minutos donde se verán las mijitas pero acompañadas por diferentes canciones, mientras que cuatro personas leerán algunos de los textos", adelanta el artista que humaniza aún más a sus personajes dentro de este universo donde aún queda hueco para soñar. Lo dicho, un tipo curioso Guillén.

En la imagen,

el autor con dos de

sus obras. Abajo,

Semilla de gramófono,

Elefanta con tacones

y Colada equilibrista

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