Ocho metáforas de luz

  • Cai ultima su nuevo disco, el primer trabajo de estudio en tres décadas

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"¿Lo estoy dejando demasiado brillante?" Mario G. Alberni pregunta a Fopi y al Niño, los miembros de Cai que acuden a la cuadratura del círculo final. Cai ya tiene nuevo disco, el primero en casi tres décadas. Ocho temas. "Donde lo dejamos lo hemos tomado", sugieren los músicos mientras parpadea la mesa de sonido. Cae la tarde en el estudio del prestigioso ingeniero de sonido. Mario explica que "el brillo nunca molesta; el exceso de brillo sí". Presta sus sentidos a la causa, incluido el sentido común. No lo pensó dos veces cuando la legendaria banda gaditana solicitó su intervención en el proceso de grabación. "Me tiré de cabeza". Ilusionados y volcados en la tarea, inspiración, concentración y paciencia, obraron entre todos el milagro de la música luminosa. Con tres precisas y preciosas letras del cantautor Fernando Lobo y un viejo tema aflamencado de Paco Rosado que Diego Fopiani rescata de la memoria.

En el corazón de las portuenses Dunas de San Antón, pulmón de la Bahía ya casi huérfano de camaleones, el rock de la tierra se niega a caer en vías de extinción. Todo lo contrario. Fopi, el batería, y José Antonio Fernández Mariscal, el fino guitarrista, culminan el disco dos años después de la reaparición del grupo, que mantiene en sus filas a Paco Delgado e incorpora a Ignacio Olivera al bajo y Blas Lago a los teclados. El quinteto ha registrado las nuevas composiciones en "el estudio Avecrem", ironiza Diego. En su casa, alrededor de la inevitable parafernalia tecnológica, que facilita las cosas a los autores de hoy, cayeron un tema tras otro. "Mira, es el único momento de jazz del disco, que rezuma a sonido Cai", indica El Niño. Elogia el tema preparado por Blas pero anuncia también guiños puramente gaditanos. Suenan majestuosos los temas de Rosado, que rescata el quejío de Fopi, y Lobo, respetuoso con los tiempos y los vientos de los veteranos músicos. Caminos de ida y vuelta, añoranza del futuro, dos años de evolución. El quinteto, que a su regreso lo intentó con sección de vientos, vuelve a la esencia.

La masterización, una suerte de comparación que Mario maneja con maestría, se desarrolla con pasmosa naturalidad, entre bafles, maderas, cuadros, platos, ordenadores y montañas de cintas y discos. La tarde se presenta tan abstracta como las metáforas mágicas que ofrece el entorno. "Ya tenemos uno", canta Mario. Así hasta el infinito. Mario filtra, sanea, comprime, corta o sugiere. Atrás quedan los tiempos analógicos, cuando los jóvenes Cai se encerraban en estudios madrileños junto a los García Pelayo o se dejaban sonorizar por un tal Antonio Reguera, genio y figura. "Esto es Cai ... pero con treinta años más", matizan Fopi y El Niño a los sones de un tema dedicado a África, ritual de cuerdas de colores, percusiones en su punto, letra de postín y canto a la madre tierra. Fraseos de guitarra sublimes, diálogos de teclas y guitas, pespuntes de categoría, varias capas de sonido. Mario mira a la pantalla para comprenderlo todo. "Escuchando con la vista". Misticismo en las Hijas de Atlas, que aparecen rutilantes en plena charla de estrellas y conexión interplanetaria. El Niño entiende de astronomía, el Fopi replica con guasa: "La gastronomía, un rollazo gaditano", deletrea. Conecta el hombre con el universo, gracias al firmamento. Disco de diez para el Diez.

Primero la mecen, luego la llevan a la carrera. Fopi traza símiles cofrades y rockeros a la par que el silencio analiza cada tema. Recuerdos del mercado del Piojito, que esta vez suenan a Caleta, senderos de gloria, la rosa de los vientos, Cai canta al nuevo día que aún no ha llegado, sombras de los castillitos del misterio gaditano, aires caribeños, bulerías al galope, electrocardiograma vibrante. Los músicos repiten una y otra vez gestos y palabras. Mario calla y aprieta el play de los pasos perdidos, un soplo, tres notas en el sofá. ¡Tres notas musicales en el Youtube! A Mario no se le ocurre otra cosa que rememorar los fastos del cuarteto del 92, el Peña, el Masa y la risa contagiosa, grandes golpes, humor con denominación de origen para estirar los sentidos.

Antes de bañar el disco con unas cervecitas merecidas, Mario entona la teoría de la segunda canción. "¿Cuál es la canción redonda del disco, la que da sentido al disco, el pelotazo por así decirlo?" Fopi y El Niño coinciden del tirón. Dicho y hecho. Mario, desde su experiencia por todos los palos y rincones de la música de la Piel de Toro, enfatiza que el tema elegido, el single de tiempos pretéritos, debe ir en segundo lugar. Regla no escrita que proviene de los elepés, cuando la primera canción del vinilo sucumbía a la erosión del tiempo y los últimos tramos sufrían las apreturas de los surcos. Guajira de una tarde mirando a la música interior. Fopi cierra la puerta: "¿Quién dijo miedo?"

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