Las memorias del Hada Vídeo

En la autobiografía a retazos que Lolo Rico publica en Plaza& Janés, se nos transmite una sensación agradablemente inquietante: la de que ya conocíamos a esa mujer. No nos extraña, por ejemplo, que fuera una niña tímida y lectora, abrumada por las miserias del mundo adulto, o imaginarla contando a sus hijos los Cuentos del Sarampión o mirando con envidia los estudios de RTVE, justo frente a su casa. La reconocemos, incluso, en lo que se nos antoja impensable en ella: en su triste matrimonio, en el caos de siete niños, en la sensación de fracaso.

¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me dé cuenta? plasma perfectamente todo aquello que terminó haciendo de Lolo Rico la mujer que fue -y la que hizo que muchos de nosotros fuéramos lo que somos ahora-. Un núcleo que se gestó, principalmente, en las vivencias y mitos de su infancia, siendo ésta una de las principales enseñanzas de sus memorias: que todos seguimos siendo el niño que fuimos.

Y aprendió también, Lolo Rico -y nos enseña, también, Lolo Rico- hasta qué punto es importante aportar una visión propia, más allá de lo gris. Y lo mucho que importa ser una persona de principios -los suyos, feministas y de izquierdas-. Tal vez por eso afirma sentirse, en la actualidad, tan descolocada.

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