Javier Cansado. Cómico, miembro de Faemino y Cansado

"El mecanismo de la risa es un arcano, no sabes qué hace gracia"

  • El dúo de humoristas desembarca esta noche en el Falla con su obra '¡Como en casa ni hablar!', un montaje que mantiene su línea de siempre.

-¿Qué es ¡Como en casa ni hablar!, el nuevo espectáculo de Faemino y Cansado?

-Llevamos dos años de gira con este espectáculo y, realmente... no hay novedad; quiero decir, nosotros tenemos una línea cómica desde hace más de 30 años y la mantenemos. Desde ese punto de vista, no hay nada sorprendente. A cambio, diré que creo que es el espectáculo más gracioso que hemos escrito, el más divertido. Nuestro planteamiento absurdo, surrealista, como lo quieras ver, eso sigue siendo igual. Estuvimos tentados de sacar un coro (ríe) y caballos y eso, pero al final estamos los dos solitos. Tenemos una anécdota graciosa en Jaén, donde nos presentaron como los Lope de Vega del humor: pues mira, sí, somos mayores y clásicos.

-¿Es difícil mantener esa línea o para ustedes es sencillo?

-Es vital, es una manera de vivir. Desde que empezamos, si contamos el tiempo que estuvimos en la calle, hace más de 30 años, 35 años que estamos trabajando juntos. Y hemos mantenido una línea siempre, siempre, siempre, cuando nos iba mal, cuando nos iba muy bien, regular... Y es que no sabemos hacer otra cosa. En los momentos más importantes de nuestra carrera, cuando éramos unas estrellas y tal, que no digo que ahora no lo seamos (ríe)

-¿Cuando salían en televisión?

-Justo, para eso estábamos en la tele, ese es el momento más importante en la carrera de un cómico en nuestro país. En esos momentos teníamos muchos cantos de sirena, podíamos haber hecho muchas cosas, pero pretendían que hiciéramos algunas cosas más cercanas, que se entendieran mejor, que se entiendan más. Pero ese no era nuestro rollo. Como con los sketches de televisión que tuvieron tanta relevancia y que acabábamos con lo de "qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard". Con eso nos pusieron peros para hacerlo, porque decían que eso no se entendía... Entonces, teníamos que plegarnos a hacer algo más sencillo o seguir nuestra carrera, y esto último elegimos. Hemos seguido siempre igual y estamos muy orgullosos. Siempre nos jactamos de que un espectáculo nuestro de la calle, de hace 35 años, se entendería hoy perfectamente. A lo mejor es malo, ojo, no digo que sea bueno, pero es que nuestras referencias no son coyunturales o temporales, siempre hablamos de cosas más conceptuales, más generales, y se entiende siempre.

-¿Porque lo contrario sería traicionaros a vosotros o traicionar a vuestro público?

-Creo que ambas cosas. Nosotros tenemos la suerte de contar con seguidores que son absolutamente férreos, que nos siguen de una manera completa, es gente muy hooligan de nuestro rollo que sabe que nosotros jamás hemos defraudado. Entonces, serían los dos puntos de vista: jamás hacemos otra cosa porque es que no nos gusta, y nos sale de forma natural, y luego el público lo está esperando. La gente que viene a vernos sale con sus expectativas colmadas.

-¿Alguna vez habéis teorizado sobre la risa: por qué nos reímos?

-A posteriori, sí que lo hacemos, lo pensamos. Hemos hablado mucho de la risa, que es de las características más humanas que hay, aunque hay animales como el delfín que ya se sabe que es capaz de hacer bromas, pero la risa nos hace humanos. Yo creo que surge por la socialización, y el mecanismos de la risa es un arcano porque nunca sabes qué es lo que hace gracia. Si te fijas, los humoristas no tenemos rasgos comunes: ni todos somos feos, ni tontos, ni torpes, hay gente de todo tipo. No sabemos por qué un cómico hace reír.

-Igual que el espectador se ríe con unas cosas y con otras no.

-Claro, hay un tópico en nuestro país que dice que la gente se ríe de manera diferente en Andalucía, en el País Vasco, y qué va. Nuestra experiencia es que la carcajada que sale de un gag suena igual en La Coruña que en Murcia. También es porque la gente con la que conectas es parecida. Son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

-Hay un tópico que dice que es más difícil hacer reír en Cádiz.

-Bueno, soy muy fan del carnaval, hace muchos años que lo sigo y me considero amigo de muchos chirigoteros, y yo creo que es difícil... Siempre cuento que cuando pisamos por primera vez el Falla, estábamos un poquito nerviosos, y mira que llevábamos años. Y a los dos minutos era rock and roll. El público del Falla es de los más calientes del mundo. Una locura. Lo que me gusta de Cádiz es que es una ciudad que se vuelca en el humor, esa idea es imbatible, es maravillosa, con más o menos acierto, pero que se vuelque todo en el humor, no conozco otra cosa igual, no conozco otra idea parecida. Y luego el día a día, y ahí diferencias un poco el humor de la gracia, y vosotros en Cádiz tenéis la suerte de tener las dos cosas.

-¿Tiene límites el humor, ahora que se critica tanto que se toquen determinados temas más sensibles, como la homofobia o el machismo?

-Interesante, pero es difícil de contestar. Yo, personalmente, creo que no hay tabúes, ninguno. En España, por ejemplo, uno de los humores más acendrados y que se cultiva con más naturalidad es el humor negro, que en esencia es reírse de la muerte, y qué otro tema hay que sea más impactante que la muerte. Pero las épocas van cambiando y efectivamente hoy, en 2016, sin te quieres meter en un lío, haz un chiste homófobo, machista y tal, igual que hace 40 años te podías meter en un lío con un chiste sobre la religión. Pero yo, personalmente, a mí es que no me surge, pero si me surgiera, lo haría. Creo que no debe haber ningún límite, pero de ningún tipo. El límite es que el chiste sea bueno.

-¿El humor de los políticos es el más parecido al absurdo?

-Para mí, el humor político tiene un pero que es la actualidad, un handicap que es que tienes que nutrirte de lo que pasa aquí y ahora, y eso a mí no me gusta mucho. Pero, yo creo que el humor de los políticos... hacen mucho intrusismo y hacen cosas que son tan... es ridículo, francamente, es ridículo. A mí espíritu ácrata, que aún conservo, le da un poco de repelús.

-Televisión Española está recuperando actuaciones de humoristas de hace varias décadas como Tip y Coll, y también Faemino y Cansado.

-Sí, es una sensación un poco ambivalente. Porque por un lado te genera derechos de autor, que siempre es agradable para tu trabajo, y a la vez me da un poco de yuyu, no del Yuyu, sino yuyu: ¡Hostias, están todos muertos los que salen! ¡Y nosotros estamos ahí! Y hay que decir: ¡Eh, que estamos aquí trabajando todavía, que estamos vivos! Pero se comprueba con estos programas que el nivel del humor de nuestro país es estratosférico.

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