De la mano de Falla

  • Sale a la luz un manuscrito inédito de Manuel de Falla, propiedad de la familia Juliá, en el que el compositor se entrevista a sí mismo con 18 años

La custodia de documentos históricos implica una apasionante responsabilidad que ejercen con acierto las instituciones públicas y privadas encargadas de salvaguardar la memoria de una sociedad a través de legajos que años después de su vigencia se convierten en valiosos documentos que contribuyen a reconstruir con fundamento los hechos que configuraron una historia o incluso la biografía de una persona. Y si es apasionante custodiar un documento añejo desde las entrañas de un archivo profesional, aún más debe ser hacerlo desde el ámbito familiar, donde el valor histórico se suele mezclar tanto con el sentimental que, en ocasiones, una familia no sabe si lo que tiene entre manos es digno de conocerse públicamente.

Algo así le pasó al gaditano Justo Juliá Bueno, que recibió de manos de su padre, Ramón Juliá, un conjunto de papeles de finales del siglo XIX que otro Justo Juliá -padre de Ramón y a la sazón abuelo del actual Justo- legó a su hijo haciéndole ver que se trataba de la revista Dinamita, una publicación manuscrita que vio la luz en Cádiz, entre los años 1893 y 1896, y en la que participó activamente el primer Juliá que nos ocupa junto a un grupo de jóvenes amigos que apenas habían alcanzado entonces, algunos ni siquiera eso, los 20 años de edad. Y entre esos amigos estaba Falla, Manuel de Falla, el entonces estudiante de piano que tiempo después se convertiría en el compositor español más universal y reconocido musicalmente. Y entre esos papeles que la familia Juliá ha custodiado con celo emocional en los últimos 123 años, que ya tiene mérito, hay referencias a Falla y, también, una hoja manuscrita por el propio músico gaditano, una especie de rara autoentrevista en la que Manuel de Falla se contesta a sí mismo sobre algunas cuestiones humanas y artísticas.

Es, por tanto, un documento inédito que hoy, cuando se cumplen 141 años del nacimiento de Falla, ve la luz después de que las dudas de Justo Juliá sobre su interés se disiparan tras consultar con este periódico y recibir después el respaldo desde Granada de la Fundación Archivo Manuel de Falla, que confirma que se trata de un documento desconocido hasta la fecha y escrito de puño y letra por un Falla que se encontraba entonces a un mes y diez días de cumplir los 18 años.

Justo Juliá es un traumatólogo jubilado que profesionalmente siguió los pasos de su padre Ramón -que fue médico de la Asociación de la Prensa de Cádiz- y también del abuelo Justo, que ya aparece en la revista Dinamita como doctor Justo. Él ha sabido desde siempre que entre los legajos antiguos de aquella publicación manuscrita se encontraba el nombre de Falla e incluso una hoja con su entrevista y su firma. Pero también siempre le asaltaba la duda del interés que pudiera tener el documento.

Ahora ya lo sabe. Sobre todo después de que, por mediación de este periódico, se haya puesto en contacto con Elena García de Paredes, sobrina nieta de Falla y gerente de la fundación granadina. García de Paredes confirma que el documento es inédito, que no constaba en sus archivos donde sí hay otras revistas manuscritas en las que colaboró un Falla aún más joven, como El burlón y El cascabel, y que la fundación posee una parte de la correspondencia que, en función de su amistad, mantuvieron años después Manuel de Falla y Justo Juliá Necochea. En concreto, en los archivos granadinos hay once cartas que los amigos se escribieron entre los años 1904 y 1927, fecha de la última misiva conocida hasta ahora y que Falla escribió al doctor Justo, más de 30 años después de su aventura artística en Dinamita.

Esa amistad confirmada desde Granada se pone de manifiesto también en algunos de los números de Dinamita que posee la familia Juliá, donde tanto Falla como el doctor son citados como promotores de la publicación y como impulsores e ideólogos de una extraña sociedad que ellos mismos llaman 'Sociedad Muliartecojuméfica'. Este nombre, algunas divergencias que parecen surgir entre los amigos y, sobre todo, la entrevista manuscrita que Falla se hace a sí mismo llevan a pensar que esta revista y la inventada sociedad de misterioso nombre, que presidió Falla durante un tiempo, fueron los divertimentos de aquellos años de un grupo de amigos que se reunía en torno a la literatura, el dibujo y otras artes que tenían cabida en una revista que se publicaba cada domingo. Ellos mismos pese a su juventud se citan, licencia de la época y de sus costumbres, como señores: Falla, Juliá, Vallejo, Arango y Gallardo, entre otros. Hasta explican en algunas de sus páginas cómo Falla, por distintos motivos, fue apartado de la presidencia de la sociedad: "... Pero en la última sesión el señor Falla, que desde un principio, y de acuerdo con sus antecedentes, se había mostrado díscolo, soltó la careta y mostró que su deseo era el dominar sobre todo y a pesar de todo, y comenzó de tal modo a poner trabas no ya a la discusión sino hasta la misma acción del presidente [honorario] señor Gallardo, que éste se vio en la necesidad forzosa de tomar ciertas medidas represivas contra dicho señor Falla, no sin antes haberlo amonestado y llamado al orden convenientemente".

Justo Juliá piensa que este fragmento de un texto de la revista encierra también alguna broma o, en todo caso, alguna intrascendente discusión de juventud, porque su abuelo, que firma esa página, y Falla mantuvieron su amistad con el paso de los años como demuestran las cartas.

Y así en la autoentrevista, de la mano de Falla, de la misma mano con la que años después escribió las partituras de sus reconocidas obras musicales, es ahora posible conocer algo más de su juventud, al menos de una etapa de su juventud, de sus inquietudes y preferencias. Quizás de un modo a veces superficial, como corresponde a un joven que aún puede estar formando su personalidad, pero otras veces con la hondura y la serenidad que sólo se adquieren con la experiencia.

El cuestionario de 27 preguntas, no sabemos si el mismo al que se sometieron otros miembros de la sociedad y la revista, está escrito en primera persona, tanto en las preguntas como en sus respuestas, y por él sabemos que a Falla no le gustaban los animales, que consideraba que no tenía ningún defecto, que sus manjares favoritos eran la cerveza y la mayonesa, que no conocía en profundidad la historia, que pensaba que se debían prohibir las patillas, que no le interesaban los políticos y que su deseo era morirse con la mayor tranquilidad posible.

Pero también hay en el cuestionario preguntas que dejan ver al Falla futuro, al gran músico que fue, al compositor cosmopolita y culto que citaba a Mendozini, Aranguren y Beethoven como sus músicos favoritos, que anhelaba y soñaba con viajar a Milán y Viena y que era tajante en dos preguntas claves para un porvenir que ya tenía diáfano a sus cercanos 18 años: "Ocupación que prefiero: Estudiar el piano. Lo que quisiera ser: Compositor de música".

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