Un lugar en el mundo

Se nos escapa la vida buscando nuestro lugar en el mundo y a veces ni siquiera nuestro propio cuerpo es el espacio que deseamos habitar, como reflexiona Sólo por placer, a pesar de su hedonista título. Por ello, la ocupación del vacío escénico es parte fundamental de la propuesta. Incluso el recinto teatral para su representación, no es gratuito, sino resultado de la elección de aquellos escenarios que permitan la cercanía en público y artista. Así, la única intérprete comienza en una escena sin acotar, abierta en toda su amplitud donde se vislumbran al fondo un par de sillas con diversos elementos y piezas de vestuario que preludian la teatralidad de cambios de vestuario in situ. Con una imagen minimalista que se desprende de su cortísimo pelo, el pantalón y jersey de cuello vuelto todo en negro y descalza, trabaja sobre suelo envuelta en el espacio sonoro de un instrumento de cuerda que suena como campanadas que doblan para todos. En el espectáculo se intercalan los fragmentos coreográficos con la construcción y delimitación de espacios, en los que la bailarina juega a ser tejedora de sueños y parca al mismo tiempo, con una serie de cuerdas que corta y serpentea, creando caóticos dibujos sobre el suelo. La danza fusiona diversos elementos, aunque de manera sobria y buscando la esencia coreográfica, bajo un sonido que intercala el carácter oriental, lo occidental clásico o lo electrónico, completado el conjunto con unas serie de imágenes proyectadas al fondo y sobre suelo. El espacio, como la energía, no se destruye, sino que se va transformando, de manera que la intérprete va gradualmente ocupando el recinto, aunque sepamos que todo es una ilusión, ya que hasta la geografía de nuestro propio cuerpo no es más que otro espacio prestado.

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