Las letras inmorales de Baudelaire y Gustave Flaubert

  • Arte y Crimen analizó las causas abiertas contra los dos autores decimonónicos

En 1857, dos de los mayores clásicos de las letras fueron juzgados por "inmoralidad": Gustave Flaubert y Charles Baudelaire. Ambos publicaron sus obras con el mismo editor, Michel Lévy, y fueron acusados por el mismo fiscal, Ernest Pinard. El resultado de estos juicios fue, sin embargo, desigual: mientras se absolvió a Madame Bovary haciendo prever la excelencia de su literatura, Las flores del mal, de Baudelaire, fueron condenadas.

Ambas historias despidieron ayer, hasta próxima ocasión, las jornadas de Arte y Crimen. La profesora Patricia Martínez habló de ambos títulos en Del arte como transgresión, mientras que el catedrático Juan Terradillos se centró en la causa establecida contra el poeta francés.

¿Qué se juzgaba, en realidad, cuando se juzgaba a Madame Bovary? ¿El retrato de un adulterio o del sopor y la monotonía de una clase social que no aceptaba más que reflejos inmaculados? ¿El escándalo de una mujer voluble o la doble moral que animaba a las mujeres a creer en el sentimentalismo y después, las condenaba por ello? Tanto Flaubert como Baudelaire ejercieron, y por ello fueron castigados, de incómodos chivatos.

Para Juan Terradillos -catedrático de Derecho Penal de la UCA-, nada de esto puede entenderse sin prestar atención al contexto histórico, bajo el reinado de Napoleón III y en un país que experimentaba un periodo de bonanza y un férreo control policial y de prensa.

"Tras los movimientos de 1848 -explica Terradillos- se buscaba un mundo de valores propio de esa burguesía que había reformado Francia. Pero bastaba rascar un poco, por supuesto, para que esa pátina moral se resquebrajara. Y a falta de poder condenar a un novelista -continúa- pensaron que no estaría mal condenar a un poeta".

Terradillos califica de "proceso moral" el acometido contra Baudelaire. "Políticamente, Baudelaire no era un sujeto peligroso -indica-. Pero tampoco resultaba especialmente perturbador en lo moral, aunque desde su época de estudiante de Derecho, se había aficionado a las prostitutas y al opio, y sería de sífilis de lo que moriría".

La sentencia condenatoria -que multaba al autor y prohibía seis poemas del volumen- venía a cumplir con un profundo sentido integrador: "Marcar al que es ajeno con los valores del grupo hegemónico -manifiesta el catedrático-. Baudalaire y compañía eran representantes de un dandysmo de psiquiátrico y hospital, muy alejado de lo aristocrático. El bohemio -continúa- ni siquiera entra en el juego de criminales y fuerzas del orden sino que se sitúa, directamente, fuera del tablero".

Y fue por esa causa, no por otra, por la que fueron enjuiciados 'los versos del mal'. La obra, aunque acusada de grosera y vulgar, se sitúa muy lejos de estos calificativos "gracias a la maestría del poeta". De hecho, lo curioso del caso, es que fue rehabilitado casi un siglo después, en 1949. "Y el motivo, más allá de buscar el reconocimiento a un autor de sobra reconocido -apunta el catedrático-, hay que buscarlo en intento de reparar una pura injusticia".

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