El juego de las relaciones sonoras

El 27 de septiembre del año pasado la gran organista catalana Montserrat Torrent Serra, uno de los pilares más firmes del instrumento durante el siglo XVII español, fue invitada a dar un concierto en el órgano recién restaurado de la iglesia parroquial de San Lorenzo. El martes pasado, dos profesores del Conservatorio de Jerez, Ángel Hortas y José David Guillén, se hicieron cargo, también en San Lorenzo, de un concierto que formaba parte de la programación de Música en Cuaresma que viene patrocinando la Fundación Municipal de Cultura.

Con obras pertenecientes a la escuela italiana y alemana se confeccionó el programa. Todas ellas, a excepción de tres corales de Juan S. Bach, pertenecían al género profano: conciertos, sonatas, arias y suites… aunque lo de profano en la música de órgano es más que relativo. Está comprobado que la sonoridad del órgano, sea cual sea la estructura que adopte, siempre nos llega con una carga de religiosidad inevitable, especialmente si la escuchamos en un ambiente propicio. Incluso hasta en los corales se buscó (lo buscó Lutero) melodías de carácter popular que eran acompañadas por el órgano, aunque uncidas siempre de sobriedad.

Difícil se nos hace destacar ninguna de esas obras en particular. De las 12 sonatas del Op. 6 de Albinoni se ofrecieron la Nº 6 y la Nº 7, en las tonalidades de La menor y Re Mayor respectivamente. De la primera nos queda en el recuerdo su rutilante Allegro, y de la segunda su apasionado Adagio que, entre cientos de ellos, podríamos distinguir el sello inconfundible de su autor. Otra obra, más profana y hasta más popular que cualquier suite con zarabandas y chaconas, resultó ser el Concierto en Fa menor de Telemann, el músico más fecundo de su generación, capaz de combinar la maestría del contrapunto severo alemán con la riqueza de la orquesta francesa.

La combinación tímbrica de la trompeta y del órgano resultó de una conjunción perfecta. El contraste de instrumentos con características tan diferenciadas suele dar como resultado, en el terreno contrapuntístico especialmente, un juego de relaciones sonoras de mucho encanto. Obra de envergadura, magistralmente dicha por Ángel Hortas, fue la Suite en Si bemol mayor para órgano solo, del alemán Johann Matheson. La Fuga con que comienza vino a ser un hito en el discurrir del concierto.

No hubo mucho público, pero el que asistió aplaudió con ganas al final. Los intérpretes, asomados a la baranda del coro, dieron las gracias anunciando la obra que tocaron como propina. Resultó ser la Marcha de los sacerdotes, de Mendelssohn.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios