espido freire. escritora

"La impresión es que nunca dominas por completo a tu personaje público"

  • La autora asistía ayer a la I Semana de las Letras de la Fundación Cajasol

  • Su novela más reciente, 'Llamadme Alejandra' (Planeta), se acerca a la figura de la última zarina

La escritora, justo antes de su intervención en Cajasol. La escritora, justo antes de su intervención en Cajasol.

La escritora, justo antes de su intervención en Cajasol. / ana golpe

-Es imposible disociar el nombre de Espido Freire de la literatura pero hubo un momento en que su pasión era la música...

-Me gustaba pero no era una pasión. No se puede comparar a la literatura, que fue inoculada desde muy temprano, creo que porque veía leer a mi madre y a mi hermana mayor. Ahí accedí al mundo de la literatura y ahí me quedé para siempre. Ocurre que yo reunía una serie de condiciones muy particulares para cantar, para cantar ópera, que digamos fueron "interceptadas" enseguida. Y empecé a cantar muy joven, con doce añitos. Eso me permitió estar en una compañía musical y conocer también ese mundo. Pero pasión, la literatura. Es una circunstancia esta, la suerte de haber podido probar, de haber podido elegir, que me hace pensar mucho cuántos talentos se habrán quedado desperdiciados por personas que no han podido estudiar, sobre todo, mujeres. Por eso pienso que hay que aprovechar, cuando aparecen, todas las oportunidades de aprender que tengamos, probar distintas cosas, idiomas...

-Otra línea que se asocia de inmediato al nombre de Espido Freire es "la ganadora más joven del Planeta". Pasó a la esfera pública con veintipocos años. ¿Qué fue lo primero que aprendió de y en el mundo literario?

-Quizá lo primero, que nada dura demasiado tiempo: ni lo bueno, ni lo mano. Eso es especialmente útil cuando haces alguna declaración o palabra malinterpretada: sus efectos no duran milenios. También vi que lo que estaba ocurriendo no dependía de mí, aunque yo estuviera en el centro... Que no convenía creerse las cosas demasiado, que nada de lo que digan de ti es una pieza esencial. Y quizá lo tercero que aprendí, que podría aplicarse a todos, es aprender a distinguir afectos. Teniendo en cuenta que he continuado con la carrera que quería, quiero creer que he hecho caso a esa voz interior que te hace tener algo de sentido de realidad.

-En cualquier caso es una edad temprana para aprender, casi de forma inmediata, que uno termina haciendo un personaje de sí mismo de cara al público.

-La impresión es que eso, el personaje público, no termina de dominarse nunca por completo. Ocurre que una imagen o una foto que ahora decimos "se hace viral", antes era siempre de agencias, y tú no tenías ningún control sobre ella. Y era algo que la gente interpretaba a su manera, porque a un medio le interesaba, porque respondía a una moda determinada, porque podía tener más calado... Muchas veces me ha pasado que la gente me ha dicho, al conocerme, que me imaginaba de otra manera: más seria, más triste, ¡más tímida!, cuando yo siempre he dicho que soy una gran extrovertida. Esa concepción varió radicalmente con la aparición de las redes sociales que te permiten ser, hasta cierto punto, dueño de la imagen y el mensaje que proyectas, y te permiten corregir esa gran falla que es el no poder matizar unas palabras, y aun así se siguen produciendo errores. Evidentemente, hay cosas que sigues sin controlar: algo que dices recibe una enorme repercusión sin que tú pudieras imaginarlo. Por otro lado, también te permite llegar a grupos de personas a los que nunca hubieras pensado llegar. Terminas dando cursos que ni imaginabas o te llama una marca para que seas su imagen.

-Bueno, da la sensación de que ha terminado haciendo de lo inevitable, virtud. La otra reacción frente a la lupa, o frente a los espejos, es la concha: la privacidad absoluta. Esa postura, la de pasar a dominar el discurso sobre uno mismo, tiene también mucho de vindicación.

-En el caso de las mujeres, no hay muchas opciones de que puedan ser realmente "vistas". Hay enormes dudas sobre lo que es conveniente, exponerse o no, aclarar o no. Hay áreas de mi vida que nunca he mostrado en Internet, o al menos, no con mi consentimiento. Las redes sociales te permiten que algo individual pueda revertir en una experiencia colectiva. Detrás de tu "imagen" en Internet, no hay necesariamente una estrategia pero sí una reflexión. También otra cosa que quería dar a entender es que la literatura no tiene por qué estar en los libros, que puede ser muchas cosas y que puede llegar a través de muchas cosas, que no hay que asustarse. O que no hay que mitificar a los escritores, que no hay mitificación posible. A los autores nos conviene también bajar un poquito a tierra: si no, además, todo el mundo piensa que hay una impostura.

-De todos los personajes de la Revolución Rusa, y de todos los Romanov, ha escogido a la zarina Alejandra como protagonista de su última novela. Una mujer que ha pasado a la historia como un personaje rígido, antipático, supersticiosa, "castradora" con su marido...

-Claro, precisamente, por todo eso lo he escogido (risas). Sin duda era distinta, sin duda era dominante, sin duda se equivocó muchas veces, sin duda era supersticiosa, sin duda su marido no daba un paso sin consultarla. Tuvo relaciones de amor -odio con su propio pueblo y, con la guerra, se agrió mucho entre la gente la imagen que se tenía de ella. Su círculo lo conformaban su familia estricta y alguna cuñada, y nadie más: una estrategia política que se demostró después errónea, pero por las circunstancias terribles que la rodearon. Si no, hubiera pasado inadvertida en la historia.

-Es curioso ese sentimiento de antipatía cuando, a poco que se profundice, lo que debería despertar es piedad.

-Es que las mujeres mandonas nunca han gustado, a excepción quizá de las reinas por derecho: Isabel I, que incumplió además una de las normas básicas, el casarse; o la abuela de Alejandra, la reina Victoria. La zarina Alejandra causaba antipatía y admiración a partes iguales. Hay un contraste muy fuerte entre ella y su suegra, que había entendido perfectamente de qué iba el juego, frente a la veinteañera sin experiencia que era Alejandra. Se criticaba mucho que a los conocidos les regalaba toquillas, cosas que cosía... La hacían pasar por tacaña y bueno, sí, pero también porque ella aplicaba sus valores burgueses: te regalo algo que me ha costado tiempo y esfuerzo. Nosotros lo apreciaríamos mucho pero ese mundo, no: aplicaba normas burguesas en un mundo imperial. Era también, es cierto, una mujer muy terca en unas circunstancias que llamaban a ceder. Y quizá hubiera cierta envidia, por parte de muchos, de lo bien que se llevaba con su marido, de su influencia. Su caso no es excepcional: muchas princesas se han deprimido porque tenían que hacer frente a una corte difícil, o han sido criticadas por hacer su santa voluntad. Y si son jóvenes y guapas, aún se les perdona, pero si no... Las simpatías que podría despertar Alejandra, cuando sus hijas crecieron, se fueron hacia ellas.

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