mariano peña. actor

"Para mí, todo el humor que produzca agresión pierde brillo"

  • El actor estará esta noche en el Gran Teatro Falla con 'Obra de Dios', una comedia que triunfó en Broadway, que pretende hacer pensar desde la risa y en la que encarna al creador

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El actor onubense Mariano Peña se pone esta noche en la piel de Dios. Será en el Gran Teatro Falla, a partir de las nueve de la noche, con la comedia Obra de Dios, en la que el humor no está reñido con el objetivo de hacer pensar al espectador.

-Llega con un texto que ya triunfó en Broadway. ¿Es más seguro subirse así a las tablas o también se la juega con este tipo de obras aparentemente tan seguras?

-Hombre, uno se la juega siempre con el humor porque ya sabemos que aunque hay gente que le quita importancia, el humor es bastante serio; y el humor es bastante peliagudo. Más todavía cuando tocas un tema como la religión, que como dijo aquél: "Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho". Bien es cierto que jugamos un poco entre comillas con ventaja porque todo el mundo sabe que Cádiz es la catedral del humor, del humor inteligente, de la ironía, donde la gente sabe reírse de sí mismo y hasta de su padre. Entonces, eso es bueno. ¿Qué pasa? Pues que vas un poco con miedo porque la gente está acostumbrada a hilar fino.

-¿Cómo está funcionando la obra desde que se estrenó en Huelva en julio del pasado año?

-La obra está funcionado bien, la gente se ríe. Sobre todo cuando mejor funciona es cuando la gente va con la mentalidad abierta y viene dispuesta a pasar un rato agradable sin traer el papel de fumar ya para cogérsela mientras ve la función. Si vienes así, todo te parece escandaloso. Es cierto que esto tiene esa doble arma, pero también he de confesar que muy pocas veces ha pasado, casi ninguna.

-¿Se ha levantado alguien en medio de la función?

-Alguna que otra vez, pero poco. No es el caso. Creo que en pleno siglo XXI en el que estamos la gente tiene otra mentalidad. Y sinceramente te lo digo: si fuera nuestro objetivo levantar conciencias, alterar mentalidades, pero te prometo que no esa es la intención. Hombre, sí se busca que la gente reflexione un poco mientras se ríe o que se ría reflexionando. Es como decir: aquí tenéis esto, yo os lo dejo y vosotros pensad. Nada más lejos de nuestra intención que alborotar el gallinero. El sentido del humor es como una navaja de doble filo. Hay gente que se lo toma a la tremenda y otra que no, y siempre lo advertimos: si piensas que la obra te puede molestar, no vayas. Lo que pretendemos es pasar un buen rato y reírnos. Quién no ha pensado alguna vez cómo se las ingenió Noé para meter en un barco a un mosquito macho y a un mosquito hembra; cómo se las ingenió Noé para meter una ballena en un barco y mantenerla durante 40 días; quien no ha pensado alguna vez que si Eva tuvo dos hijos, cómo repoblaron el mundo si solamente había una mujer: ¿cometieron incesto? Quiero decir, vamos a reírnos, vamos a pasarlo bien. Y no hay más.

-¿Se hubieran atrevido a titular la obra en latín?

-Bueno, la obra en latín ya tiene otra connotaciones... (ríe); evidentemente, y no va por ahí la cuestión. Daría pie a equívocos, y no es eso lo que pretendemos.

-¿Tiene muchos mandamientos el humor?

-El humor tiene sobre todo una base, que es reírte de ti mismo. Reírte con toda la seriedad del mundo de ti mismo, el humor va por ahí. Todo el humor que produzca agresión para mí pierde brillo.

-Santiago Segura dice que aún hay gente que le considera machista, xenófobo, homófobo... porque le confunden con Torrente. ¿Tanto cuesta distinguir la ficción en un personaje, además, tan extremo? ¿Por qué?

-Pues no lo sé. Es lo mismo que pasaba con Mauricio Colmenero.

-Exactamente...

-Y no lo sé, sinceramente. Cuando cayó en mis manos este personaje, pensé que era horrible, lo que soltaba por la boca. Pensé que me iba a odiar España entera. Cuál no fue mi sorpresa que no me odió España, sino que me aceptó, me amó y me catapultó. Este personaje me dio el cariño y el respeto tanto de la gente de a pie como de la profesión. Y me sorprende que ha habido gente por la calle que me ha dicho: "Yo soy Mauricio..."

-Con lo extremo que es, nadie querría ser Mauricio o Torrent.

-Claro, evidentemente. Era un personaje llevado al extremo y perfectamente reconocible por todos. Es una sátira, una ironía, sal gorda.

-¿Hay entonces un antes y después de Mauricio Colmenero en la trayectoria de Mariano Peña?

-Evidentemente es un antes, un después y un durante. Está claro que estará ahí siempre presente en mi vida. Estaré agradecido toda mi vida a este personaje que tanto bueno me ha dado.

-¿Y cómo se siente uno en el personaje de Dios?

-(Ríe) Valga la broma, te sientes divino.

-¿Por qué tiene ese poder la televisión, por qué ensalza o hunde?

-Yo soy muy refranero: una imagen vale más que mil palabras. Y por otro lado, es como meterse en la casas, en la mente de la gente que está sentada en su casa. Y esa imagen se apodera de ti. La gente para ir al cine tiene que moverse, tiene que cambiar su vida. Puedes estar en casa y la tele está puesta, puede gustarte o no. Y si te gusta, pues mucho más fácil.

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