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El historiador Lorenzo Alonso de la Sierra ingresó como nuevo ateneísta

  • En su discurso analizó el retablo academicista en Cádiz, tema de su tesis doctoral

El doctor en Historia del Arte Lorenzo Alonso de la Sierra ingresó anoche como nuevo miembro del Ateneo con la conferencia El retablo academicista en Cádiz. Un tema al que ha dedicado numerosos años de investigación que cristalizaron en su tesis doctoral.

Su interés por el retablo academicista, explica Alonso de la Sierra, "radica en que esta pieza refleja como pocas el cambio de gusto que se da durante la transición del arte barroco al neoclásico y en que, en esa metamorfosis estética de la España ilustrada, la ciudad de Cádiz tuvo un peso indiscutible".

"En el siglo XVIII, Sevilla había agotado su intenso y dilatado protagonismo estético de los siglos anteriores", continúa Lorenzo, "de tal modo que no pudo competir con otros centros más pujantes, como la cercana Cádiz, que asumirá el papel difusor que hasta entonces protagonizó la capital hispalense".

El cambio no fue inmediato y Lorenzo Alonso de la Sierra señala al arquitecto Torcuato Cayón como uno de los máximos responsables de la introducción de las nuevas tendencias.

La burguesía gaditana fue, de este modo, más sensible que la aristocracia terrateniente del Bajo Guadalquivir a los gustos modernos, que se reflejarán en el arte y, espacialmente, en los retablos, "piezas que generalmente se identifican con la religiosidad contrarreformista, pese a que sus orígenes son anteriores", señala.

Estos nuevos retablos academicistas huyen de la madera dorada que caracterizó los anteriores, más castizos, y buscan su inspiración en el Barroco romano, sobre todo en Bernini y en el Padre Pozzo, autor de un tratado artístico que tendrá una gran influencia en Torcuato Cayón y Torcuato Benjumeda, que difundirán ese enfoque por todo el área de influencia gaditana.

Tanto la clientela burguesa como la Iglesia gaditana desearon adaptarse a los nuevos tiempos y, por ello, la ciudad conserva valiosos conjuntos de retablos academicistas en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en el Oratorio de la Santa Cueva, en la iglesia de San Agustín y en la de la Conversión de San Pablo. "Con este espíritu academicista se construyó también un conjunto completo en la iglesia de San José, que fue destruido en 1936", rememoró el historiador.

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