julio diamante. cineasta

"Todo lo que he hecho ha sido por amor a la libertad"

  • El realizador no faltó a su cita con Alcances donde se entrega un premio con su nombre. El gaditano espera respuesta oficial del Ayuntamiento sobre su legado.

El cineasta Julio Diamante, durante la entrevista. El cineasta Julio Diamante, durante la entrevista.

El cineasta Julio Diamante, durante la entrevista. / jesús marín

Asomarse a los ojos de Julio Diamante es como abrir una ventana a la historia. La historia olvidada, con demasiada frecuencia, de la resistencia ética y estética de los hombres libres en una tierra secuestrada. Los ojos del hombre honesto y del cineasta comprometido. Camina apoyado en una muleta desde que sus piernas le fallaran tras una caída pero a Julio Diamante (Cádiz, 1930) no le flaquea ni la memoria rebelde, ni el corazón amplio curtido en el arte de vivir en tiempos oscuros. Este viernes volvió a cumplir con su cita con su amado Cádiz y con su querido festival Alcances donde Asecan entrega un premio que lleva su nombre. Feliz en su sur, como en aquel primer recuerdo de la infancia ("la primera imagen que tengo de mi vida es la de mí mismo jugando en la playa de La Caleta con un cubo metálico con una cobertura de porcelana con unos colores brillantísimos, precioso..., nunca llegué a tener otro tan bonito") antes de convertirse "en un niño de la Guerra".

-De vuelta a su Cádiz, Julio. Le brillan los ojos...

-Es que a Cádiz la llevo en el corazón y venir es una fiesta y una alegría muy grande y siempre cuando parto me entra un poco de murria... En parte porque he vivido en ella mucho menos de lo que me hubiera gustado... Además le tengo mucho cariño a Alcances y me parece que cumple una función dentro de la vida cultural y cinematográfica de la ciudad y, como sabes, la Asociación de Escritores y Críticos de Andalucía (Asecan) tuvo la gentileza de crear un premio que lleva mi nombre y que está dentro del marco del festival.

-¿Le ha parecido bien el cortometraje ganador de su premio?

-Una vez más, me parece que el jurado de Asecan ha elegido muy razonablemente y muy bien. Conversaciones ajenas, del malagueño Manuel Jiménez, no es una película fácil, ni busca la complacencia. A través de unas conversaciones un poco marginales van surgiendo los distintos problemas de la vida española actual. Me ha parecido muy interesante. La verdad que los distintos jurados de Asecan suelen acertar porque este premio tiene como punto de justificación el que la obra elegida tenga una postura vanguardista, en la medida en la que yo entiendo la vanguardia, que para mí consiste en que ética y estéticamente la obra tenga una justificación.

-Es hermosa también su relación con Asecan que a principios de este año le concedió su Premio de Honor

-Sí, fue un homenaje que se celebró en el Lope de Vega de Sevilla muy cálido y francamente entrañable. La verdad es que lo largo de los años Asecan siempre ha tenido una atención conmigo y con mi trabajo muy seguida. Así, anteriormente ya me había nombrado Socio de Honor, en otra ocasión había reconocido la publicación de uno de mis libros y otra vez mi trabajo en la Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena de la que fui director nada menos que durante 18 años.

-Sí, fue otro de sus regresos a su sur al que dejó de niño cuando su familia se fue a Madrid (donde Diamante aun reside). Y al nada, cambió todo en España...

-Alteró todo... Mi padre era ingeniero en el Puerto de Cádiz, era ingeniero de Canales y Puertos, pero le trasladaron a Madrid y nos fuimos los tres, mi padre, mi madre y yo. Yo era muy niño entonces y fue cuando se produjo el Golpe Militar que cambió para siempre la vida española y la nuestra. Ya pasé toda la Guerra en Madrid y volví cuando pasaron muchos años. Y siempre me quedó esa sensación como de exilio, de haber dejado atrás algo que amaba mucho.

-¿Cómo era el Madrid con el que se encontró?

-Yo tenía 5 años cuando empezó la guerra y 8 cuando terminó, así que yo me acuerdo de detalles de cuando llegué, del inicio. Pero son detalles duros. Recuerdo un día que mi madre y yo salíamos del cine Actualidades, que pasaban películas infantiles, y se produjo un bombardeo horroroso y nos tuvimos que refugiar por donde pudimos. También me acuerdo cuando presencié cómo un hombre cayó delante mía tras recibir un balazo de un francontirador. Y esto aunque sea una pequeña cosa creo que ejemplifica muy bien lo que se vivía: había un gatito que venía por la casa en la que yo vivía con el que yo jugaba casi todas las tardes y, de repente, un día dejó de aparecer pero unos días después me encontré el pellejo del pobre gato unas calles más allá tirado... Eran los tiempos duros, brutales, y alguien con mucho apetito... Otra vez, un avión que pasaba tiró un bocadillo o una barra de pan, no recuerdo, envuelto así con un panfleto. Cayó y nadie se acercó, todo el mundo recelaba... En fin, tengo recuerdos pequeños pero importantes.

-La posguerra sí que la recordará con todo detalle...

-Casi más dura que la Guerra... La hambruna terrible primero y, al mismo tiempo, aquella guerra que se mantuvo con unos fusilamientos continuos... Muy espantoso. Ahora seguramente a las gentes jóvenes les cueste imaginar lo que fue aquello...

-A mí lo que me fascina es que con todo aquello que vivió se atreviera a formar la primera célula antifranquista en la Universidad en plenos años 50. ¿De dónde sacó el valor?

-El valor lo saqué de mi amor a mi país y de mi amor a la libertad. De hecho, todo lo que he hecho en mi vida ha sido por amor a la libertad. Hice aquello porque pensé, y pienso, que había que luchar contra aquella situación. Tuve una postura bastante firme y con unos pocos compañeros, la verdad que éramos pocos, hicimos, eso creo, una gran labor porque creamos el Congreso Universitario de Escritores Jóvenes que era, teóricamente, un congreso de literatura, pero al mismo tiempo pues se trataban preocupaciones sociales y un deseo de desarrollar los derechos y libertades que estaba absolutamente perseguidas, vamos y de hacer reuniones políticas que estaban prohibidas. Así que fue increíble (ríe). Recuerdo, de los muchos interrogatorios que me hicieron después de estar varios días en la Dirección General de Seguridad, una frase muy significativa que dijeron: "ustedes se reunían para hablar de la libertad y otras cosas demagógicas".

-No fue la última vez que tendría encontronazos con la autoridad en sus proyectos.

-Efectivamente. También estudiando, siendo yo alumno de la Escuela de Cinematografía, que entonces se llamaba el Instituto de Investigaciones Cinematográficas, dirigí unos montajes teatrales de cierto éxito con un grupo de teatro experimental que montamos y a raíz de eso me nombraron director del grupo en la Universidad Central e íbamos a hacer El proceso de Kafka pero en una versión absolutamente libre que hice con una segunda lectura adaptada a lo que se estaba viviendo en España. Aunque tengo el programa de la obra, porque se llegó a publicar, nunca se hizo ya que cinco o seis días antes del estreno la representación se canceló por orden gubernativa.

-¿Y no pensó en ponerla en escena después, ya en democracia?

-La democracia tardó tanto en llegar... Además, ya hubiera perdido su sentido crítico, la intención era hacerla en ese momento de represión y, entiéndeme, no es que yo crea que la democracia sea jauja, que hay aspectos muy mejorables, pero es otra historia. Lo que sí me da mucha pena, y por eso te decía antes lo de los jóvenes, lo difícil que es para vosotros entender lo que fue aquello, es que ahora hay una cierta desmemoria.

-Nos la robaron, Julio

-Sí, pero por las razones que sea, pues ya nos llevaría muy lejos el empezar a filosofar sobre las posibles razones, existe ese vacío y a mí la memoria me parece esencial, por eso estoy en la coordinadora de Memoria Histórica. Y hay una falta de memoria de lo que fue aquel periodo, periodo que duró 40 años, que se dice pronto.

-Con 'La memoria rebelde' (2012) intentó usted paliar ese vacío, ¿es así?

-Así es. De hecho La memoria rebelde se extiende por un periodo largo de la vida española que llega hasta la Transición, que es un periodo muy interesante pero muy delicado. La Transición tuvo sus aspectos positivos pero se hizo un poco precipitadamente, de manera que algunos problemas de la vida española no quedaron muy bien cosidos. Hay que tener en cuenta que cuando Franco muere, muy bien, muere el dictador pero todo el aparato de la dictadura queda ahí intocable... En la Transición quedaron puntos en el aire y hubiera sido deseable dejar la cosa mejor matizada.

-Cuando muere el dictador ya era usted director de la Semana de Cine de Autor de Benalmádena y el suceso le cuadra allí, ¿cómo vivió aquello?

-Vamos, muere durante la celebración del festival. La noche anterior se había pasado Crónica de los años de brasa, una magnífica película argelina de Lakhdar Hamina, que había obtenido la Palma de Oro de Cannes, y cuando llego a la mañana siguiente a mi despacho me encuentro un cartel donde pone que se suspende el festival por la muerte de Franco. ¡Buenooo! Agarré el coche a toda mecha y me fui a hablar con el alcalde. Entré y le conté que había visto el cartel y que no estaba de acuerdo, y me dijo "Julio, en esta hora de dolor...", "mira tú te puedes doler lo que tú quieras", le contesté yo, "pero yo creo que el festival no debe interrumpirse por que los señores que han enviado sus películas, que a veces sólo tienen una sola copia, merecen nuestro respeto, al igual que el público que se desplaza de todas partes del país y los señores de Benalmádena también, así que yo creo que podríamos guardar los días de luto pertinentes pero que después retomamos las proyecciones del festival".

-Y coló

-¡Claro que coló! Se retomaron las proyecciones unos días después y fue un festival estupendo donde muchos estábamos muy contentos.

-Cuántas triquiñuelas habrá tenido usted que inventar para poder saltarse la censura en su vida...

-Claro... He sido director, guionista de cine, director de programas de televisión, guionista de televisión, director y adaptador de teatro, director de la Semana de Benalmádena... Bueno, pues en todas esas facetas mías, sin excepción, he tenido historias de censura y, desgraciadamente, hay proyectos que no pudieron salir adelante. Pero yo no me quejo, no me gusta quejarme porque yo era un señor que luchaba contra aquel Régimen y me parece absolutamente normal que el Régimen procurara luchar contra mí. Yo estaba metido en un compromiso y una lucha.

-Un compromiso con la libertad hasta el fin de sus días

-Es que soy un niño de la Guerra y por eso siempre he buscado la paz y la libertad porque son cosas por las que hay que luchar. Siento que siempre he tenido un doble compromiso, mi compromiso como ciudadano, y como te he dicho ahora pertenezco a la coordinadora de Memoria Histórica porque es algo que me preocupa mucho y no me entra en la cabeza que se nos niegue; y un compromiso como cineasta porque mis películas podrán gustar más o menos pero nunca se podrá decir de ninguna de ellas que son indignas. Nunca he hecho un trabajo que me pareciera que éticamente no debía hacer.

-¿Hay alguna de la que esté especialmente orgulloso?

-No tengo fijación con ninguna pero hay varias que me parecen que están bien en su género. Los que no fuimos a la guerra, el primer largometraje que hice, es que estuvo retenida por el Régimen durante tres años y medio y después cuando se estrenó, que fue después de mi segunda película, Tiempo de amor, tuvo cortes tan brutales que fue una alegría cuando en los años setenta y tantos la pude recuperar completa porque casi milagrosamente pude encontrar los cortes que se habían hecho y me metí en la moviola y los reintegré.

-A principios de año el Ayuntamiento informó sobre su interés de donar su legado a la ciudad de Cádiz, ¿cómo avanza ese tema?

-Efectivamente hice un ofrecimiento de un legado de mis libros y documentos que tengo y desde entonces no he tenido ninguna noticia oficial de confirmación. Parece que al principio se mostró un interés por ello pero lo que no ha habido es ninguna confirmación oficial. Yo quiero decir que, por supuesto, este ofrecimiento es absolutamente generoso, no pretendo recibir ni un sólo euro pero sí únicamente quiero que se cumplan determinadas condiciones como conocer el lugar al que iría el legado, de qué manera se haría la ordenación del material y de qué manera se haría su cuidado posterior. Creo que son las mínimas exigencias que se pueden hacer porque por desgracia conozco varios casos donde los legados yacen en los rincones de los edificios. Sí que me hace mucha ilusión que venga a Cádiz pero entiendo que habrá cosas más urgentes que resolver en la ciudad, pero espero que la noticia de que sí interesa mi legado me sea comunicada a mí.

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