El guitarrista Jesús Torres trae aire fresco en su viaje de regreso

  • El intérprete de Baracaldo afincado en Sevilla debuta en solitario con su álbum 'Viento del Norte'

Casi escondido al fondo de los escenarios, refugiado tal vez en su corta melena, el nombre del guitarrista Jesús Torres es de los que puede pasar desapercibido para los aficionados a no ser que se preste atención a los créditos de algunos espectáculos, cosa poco común, o que uno se sienta conmovido por la limpieza de su toque y la inspiración de sus composiciones, algo que ha podido suceder a cualquier persona con oídos sensibles que haya, por ejemplo, presenciado La Puerta Abierta de la bailaora Isabel Bayón, por citar tan sólo uno de sus últimos trabajos. Es quizás el destino de los esforzados trabajadores del atrás del flamenco, de alguna forma condenados al anonimato.

Pero, en algunas ocasiones, ese trabajo salta al proscenio y cobra su merecido protagonismo, que es lo que ha ocurrido con este guitarrista que comenzó a formarse en las compañías de El Güito, Manolete, Merche Esmeralda, hasta llegar a trabajar en la del mismo Antonio Gades, con el que colaboraría en los montajes de Fuenteovejuna y Carmen, y del que aún recuerda su capacidad para hacer fácil lo difícil: "Flipaba con su manera de tratar el escenario", evoca.

Nacido en 1965 en Baracaldo, la ciudad a la que su padre, gitano de la localidad sevillana de Écija, se vio obligado a inmigrar, Jesús es un hombre que se reconoce con muchos anclajes en el Sur, pero sin dejar de sentirse igualmente del Norte, aunque le guste especificar que "de una zona de mucho inmigrante". Allí, en el área del Gran Bilbao, y en un entorno que él califica de "gitano y castellano", se cría y vive hasta los 24 años este artista, que tiene sus primeros contactos con las seis cuerdas muy de adolescente. Se trata entonces de una guitarra eléctrica con la que hace un poco de rock y de pop hasta que descubre que lo que le hace realmente vibrar y emocionarse es el flamenco. Quizás sea la rebelión de los genes, la influencia de una familia en la que no se deja de escuchar el flamenco que imperaba en los años de su niñez (Pinto o Valderrama, entre otros) o la toma de presencia de esos anclajes con una Andalucía en la que, desde pequeño, pasaba los tres meses de verano. Aún así, en su viaje al flamenco, Torres no olvida las influencias recibidas de otras músicas y la mucha información que un músico de nuestro tiempo dispone, algo que considera tan "inevitable como enriquecedor". "Vivir dentro de un túnel, subraya, te hace perderte demasiadas cosas". Todo ello le hace definirse como no especialmente ortodoxo pero, eso sí, con un confesado espíritu flamenco.

Con toda una carrera en compañías de baile, Jesús considera esta disciplina del acompañamiento como la que más le gusta, además de constituir su escuela y su medio. Así, si se le pregunta cuáles son sus guitarristas favoritos, la relación se llena principalmente de nombres de compañeros de la misma generación como Salvador Gutiérrez, Paco Arriaga, Canito y también Pedro Sierra y Juan Gómez "Chicuelo". Entre los maestros virtuales cita a Sabicas o Niño Ricardo, y tiene una especial mención hacia Rafael Riqueni, el único del que recibió un curso. Porque, el resto de su formación, este músico casi plenamente autodidacta la hace residir en "mucha escucha, mucho trabajo y en los compañeros. Absorbo de todo el que me gusta", concluye.

En los últimos años, Jesús ha repartido su trabajo colaborando en las creaciones de una generación de artistas sevillanos que han supuesto una renovación formal del baile flamenco. Son Belén Maya, Rafaela Carrasco, Isabel Bayón, Israel Galván o Andrés Marín, para los que ha compuesto músicas que intentaban mimetizar las sensaciones que el bailaor o la bailaora sentían y querían transmitir. "Siempre -explica- antes de preparar una música para un baile, les pregunto qué es lo que quieren expresar y la música nace así de un diálogo". De esa forma, creando para uno u otro artista y para diferentes espectáculos, al guitarrista se le fueron acumulando composiciones hasta que un día decidió registrarlas sobre todo, aclara, para que no se le olvidaran. Se puso de esa manera a rebuscar en los mini-discs donde había ido dejando sus trabajos, con el propósito de reunirlos para la familia o los amigos, pero sin que se le pasara por la imaginación lo de publicarlo como disco. "Me han ido empujando a ello", confiesa. "Nunca he querido ser solista, es un camino muy difícil y, además, hay gente buenísima. A mí lo que más me gusta es acompañar el baile, pero cuando lo fui haciendo y lo vi terminado hay que reconocer que te convences y te lo crees".

Animado por uno de los primeros en escuchar la recopilación, José Manuel Gamboa quien, en el texto del disco, lo califica de "una sorpresa escondida hasta ahora tras las batas de cola", y apoyado por el portal flamenco-world.com, que decidió incluirlo entre los primeros lanzamientos del sello discográfico que han creado, Jesús Torres debutó en solitario dentro del pasado Festival de Jerez donde se presentó su Viento del Norte. "Me he visto -declara- en un sitio que no perseguía pero, ya que me viene, no me voy a negar". En cualquier caso, el guitarrista que, curiosamente y de forma paralela a la publicación de su primera grabación, acaba de realizar el mismo viaje que hizo su padre, pero a la inversa (ya ha fijado su residencia en Sevilla), no parece ser de los que se puedan deslumbrar por constituirse en el centro del escenario. "Soy muy consciente de mi futuro, de lo que soy y del contexto en que aparece mi disco", concluye Jesús.

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