Un guiño de la música clásica a los jóvenes

Los espectáculos musicales no se miden siempre por el parámetro de una correcta ejecución o la calidad de los intérpretes. Afortunadamente, en el terreno de la música clásica el público sí antepone el buen hacer a otras consideraciones más livianas, aunque también sabe reconocer que un buen intérprete se forja con los años, por mucho que se quiera vender la idea de "niños virtuosos". Eso fue lo que ocurrió durante el concierto ofrecido por la Central Kentucky Youth Orchestra en el Teatro Pedro Muñoz Seca el pasado viernes, que el público supo valorar el esfuerzo de los músicos (cuyas edades estaban comprendidas entre los 13 y los 17 años) por encima de su calidad musical.

En este sentido, y a pesar de que aspectos como la desafinación salieran a relucir en varias ocasiones, los chicos de la Central Kentucky Youth Orchestra obtuvieron un merecido éxito en El Puerto. Estos jovencísimos músicos de Kentucky supieron adaptarse a un repertorio muy fresco durante la primera parte del concierto, que en su mayoría se basó en piezas cortas muy conocidas, como la obertura de El barbero de Sevilla, de Rossini, o Los toreadores de Carmen, de Bizet, entre otras.

Lo realmente meritorio llegó en la segunda parte, con la actuación como artista invitado del guitarrista Ignacio Castejada, que interpretó dos temas en solitario: Asturias, de la Suite española de Albéniz, y Tango en Skai. Castejada hizo hablar a su guitarra de doce cuerdas, enmudeciendo a un público que sólo rompió su silencio para aplaudir con entusiasmo al final de cada pieza. Este excelente guitarrista, lejos de ensombrecer el concierto de los jóvenes estadounidenses, le aportó energía en los otros dos temas que siguieron, de los que hay que destacar el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, que conformó el mejor momento de este concierto.

La sintonía entre estos jóvenes y el artista invitado no sólo emergió durante la interpretación conjunta de estas piezas. Hubo regalos también por ambas partes. Así, uno de los músicos le agradeció su colaboración, y lo hizo en español, aunque con un simpático acento yanqui. Ignacio Castejada, por su parte, también se mostró satisfecho por tocar con ellos, y por eso regaló una pieza más en solitario, un twist que estuvo acompasado por las palmas tanto de los músicos como por las del público.

Tras la marcha del guitarrista, el ya animado ambiente en el teatro creó un clímax perfecto para entregarse a la última parte del programa, varios extractos de Hairspray, de Shaiman y Wittman, en donde la percusión demostró todo su potencial rítmico. Esta pieza, junto con otras dos más de propina, pusieron punto y final al concierto de unos músicos que, si bien carecieron de fuerza al principio, poco a poco supieron sobreponerse a la timidez y al miedo que supone toca tan lejos de casa. No obstante, en todo momento estuvieron acompañados por un destacable número de familiares, que ocuparon gran parte del aforo del teatro.

Del otro público, el portuense, también habría que destacar el hecho de que estuviera conformado en un alto porcentaje por jóvenes y niños que quizá deseen seguir el ejemplo de sus coetáneos estadounidenses. En definitiva, éste era el objetivo que se pretendía y que se cumplió con creces.

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