El guiño extremo a lo científico

  • Juan del Junco muestra su claridad de ideas en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Necesaria y casi de obligado cumplimiento es esta exposición de uno de nuestros mejores jóvenes artistas en el que debe ser el buque insignia del Arte Contemporáneo andaluz. Este proyecto de Juan del Junco, junto al de Jorge Yeregui en la pradera que precede a las puertas del antiguo recinto conventual -también, aquí hay que recordar, sin duda alguna, el que tuvo lugar, meses atrás, en la capilla de Colón con la obra excelsa de Jesús Zurita - nos sitúa en los medios de lo mejor que se hace en estos momentos en Andalucía. Nuestro arte más inmediato con unos horizontes preclaros ante él, así lo requiere, lo necesita y es de total justicia.

Juan del Junco (Jerez, 1972) es un artista tremendamente particular; podríamos decir que es, probablemente, uno de los que mejor saben ejecutar las ideas y, al mismo tiempo, de los que más enjundia, trascendencia, ironía y sentido, manifiesta en sus planteamientos artísticos. Además, el artista jerezano nos propone unos argumentos plásticos con toda la mayor naturalidad, incluso se podría decir que con cierta indolencia no exenta de descaro, sin darle esa carga de afectación que algunos imprimen a sus acciones porque quieren más que pueden y, desgraciadamente, deben ocultar sus muchas carencias. Juan del Junco, por el contrario, nos abre una ventana por donde entra mucho aire fresco, desarrollos visuales de una realidad que, en este caso, parece querer ofrecer un análisis pseudocientífico sobre ejemplares de aves disecadas pertenecientes a la colección de imágenes de la Estación Biológica de Doñana. Para ello, el artista ha ocupado el recinto silente, breve, recóndito e intimista de la capilla de San Bruno, un espacio junto a la iglesia de la Cartuja, para lo cual ha cubierto el espacio abovedado, reduciendo aún más el recinto expositivo hasta convertirlo en una suerte de gabinete donde se nos ofrecen alrededor de trescientas imágenes con los ejemplares de aves disecadas, a tamaño real. El autor, que ya desde el título -El Sueño del Ornitólogo II, del Phylloscopus sibilatrix a la Oxyura jamaicensis- manifiesta un claro guiño a lo ambiguo, plantea una serie de circunstancias visuales que, lejos de posicionarse en un tratado de ornitología, deja abiertas las puertas para que se produzcan encuentros y desenlaces de amplio espectro significativo.

Juan del Junco plantea un escenario donde lo inesperado juega un papel importante, donde la ironía guiña a la paradoja, donde lo mediato y lo inmediato diluyen sus fronteras, donde lo científico pierde su realidad y adopta nuevas posiciones, donde lo real y lo ficticio asumen sus complejos postulados. Y todo con una frescura que redunda en una ambientación artística mucha más comprometida que sus series anteriores.

El artista jerezano, de nuevo, nos conduce, por una visión marginal de la realidad. Él que siempre ha jugado con los extremos máximos, a los que ha sabido sacar muchos partido -acordémonos de su periodo en la Richard Channin Foundation o de sus series Los consumistas, El viaje solitario o De la memoria del artista, entre otros- continúa por esa oferta donde todo es posible gracias a la claridad de ideas de un artista que actúa con descaro y sin afectación.

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