Dos gigantes en el ruedo y un palco sin ninguna sensibilidad

  • Morante sufre una cornada grave por accidente al cuajar una obra de arte, triunfa un colosal Manzanares, fracasa Julio Aparicio y la presidenta hace el ridículo

Un Manzanares genial con gran capacidad artística y lidiadora, y un Morante cimentando una faena del más sedoso temple, malograda por una cornada de puro accidente, enardecieron a los aficionados en una tarde en que el contrapunto lo puso esa infortunada cogida, el naufragio de Aparicio y el hundimiento del palco, que denegó la segunda oreja más fuertemente pedida en la Plaza Real en los últimos años.

Dos gigantes en el ruedo en una tarde de calidades y el más refinado toreo. Morante estaba rematando un recital en redondo ante su segundo, sobrero de Camacho, labor que se malogró al resbalar ante el sobrero quinto, el toro no perdonó, e hizo presa en el muslo.

Morante sufrió una herida en el tercio medio del muslo derecho, en cara anterointerna. Tras anestesia epidural fue intervenido quirúrgicamente en la enfermería de la plaza, por el doctor JulioMendoza Román, de una cornada de una trayectoria ascendente de 6 centímetros y otra descendente de 12. Sufre un gran desgarro muscular en la zona abductora, tejido celular subcutáneo y rotura de múltiples colaterales de la vena safena interna. Tras limpiar la herida, resanar los bordes y colocar los drenajes, fue trasladado a la Clínica Los Álamos de Jerez. El pronóstico es grave.

Una gran faena sobre la mano derecha, con pausa y temple, ante un toro bonito, bueno y que humillaba con un gran pitón derecho que hasta pedía más.Faltaba el colorario de la espada pero la faena emocionó a por su belleza a casi todos; porque la presidencia –que unos días regala las orejas y otros también– en una insultante falta de sensibilidad y de afición y un derroche de ignorancia, no concedió el segundo trofeo abrumadoramente pedido. Aparicio despenó al toro y el público abroncó al palco. De pena.

Morante lo intentó con su primero, un toro que pareció más de lo que luego fue, viniéndose abajo. El torero lo intentó hasta el punto de que sonó el aviso.

Y Manzanares lo bordó, porque si cuajó a su excelente primero, toro rayano en la vuelta al ruedo que la Presidenta ostensiblemente negó con la cabeza, se creció con el complicado y peligroso sexto. De la tersura y temple, de la excelente labor que compuso con la franela en el primero, de puro arte, a la capacidad lidiadora y el valor sereno con el avisado y gazapón sexto. Dos orejas para el arte y una más para el valor y solvencia en el sexto de un torero que ha estado verdaderamente importante en El Puerto, además soberbio con el capote.

Aparicio naufragó sin ganas ni ideas en sus toros, que apenas pudimos ver, enfadando al público.

Y para subrayar la altura profesional de Manzanares, se negó a salir a hombros por respeto a su compañero herido, toda una lección para un palco insensible e inepto, que cada vez lo hace peor.

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