Un género que no es genuinamente americano

  • Las películas sobre la antigüedad clásica no han sido tantas como se cree

El film de Amenábar, dada su visión del cristianismo, puede que en futuro no se convierta en un clásico de las programaciones televisivas en las Semanas Santas, pero aún así recupera el tema de la antigüedad clásica en el cine. El éxito hace nueve años de Gladiator no produjo una avalancha de títulos ambientados en esa época histórica. Tal vez sea muy incompatible con los actuales presupuestos y con la tendencia tecnocrática del cine de hoy en día. Lo curioso es que el género no es tan hollywoodense como pueda parecer, sino más bien europeo. La Meca del Cine hizo en los años 20 algunos clásicos como Rey de reyes o el primer -y más ajustado- Ben Hur, pero a partir de los 30, tras El signo de la cruz y el Cleopatra de Cecil B. De Mille lo fue abandonando La Italia de Mussolini, que al fin y al cabo hablaba de su pasado, lo recuperó para realizar en 1937 Escipión el africano, considerada la cumbre del régimen fascista.

Pero la Segunda Guerra Mundial y el realismo que se impuso tras ella marginó los "colosales", como pronto se llamaría el género. Hollywood lo rescató en los años 50 cuando el conservadurismo anticomunista de la época y la necesidad de dar espectáculo frente a la competencia televisiva llevaron a contar historias de romanos con un sesgo edificante. Fue la época del nuevo Ben-Hur, de dos versiones de la vida de Cristo -el segundo Rey de reyes y La historia más grande jamás contada- de La túnica sagrada, de la adaptación de Quo Vadis. Incluso se coló una película izquierdista como el Espartaco de Kubrick. Pero a primeros de los 60 el estrepitoso fracaso de la Cleopatra de Liz Taylor y la crisis de los estudios cerraron el grifo clásico. Los nuevos directores que tomaron el mando en Hollywood a partir de los 70 no consideraron pertinente recuperarlo como otros géneros, acaso porque nunca lo vieron como algo genuinamente americano. Así Gladiator quedó como una flor tardía y aislada.

Todo lo contrario a lo ocurrido en Europa, donde el éxito del italiano Hércules a finales de los 50 desencadenó una fiebre de "peplums" de escasa calidad y destinado a llenar programas dobles. Héroes, dioses, gladiadores y demás poblaron los cines mediterráneos en aquellos años, con unas películas que curiosamente tenían un aire menos moralista que sus hermanas mayores americanos y eran más paganas. En los 60 el éxito de los Spaghetti-Westerns, el genial Leone a la cabeza, mandó al limbo los filmes italianos basados en la antigüedad clásica, que tampoco han levantado cabeza desde entonces en su marco natural hasta este Ágora de Amenábar.

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