La fusión de dos universos estéticos

  • La Fundación March vuelve a acertar con la exposición de la pintora Tarsila do Amaral

Madrid, coincidiendo con la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, ofrece muchísimas otras posibilidades. Hay que saber buscarlas y encontrar su sitio. Este año, casi todos tenían el objetivo claro de la exposición de Francis Bacon en el Prado. Seguro que no se han equivocado, pero también estoy seguro de que las colas les habrá impedido contemplar la que creo es una de las mejores exposiciones que hemos visto en los últimos tiempos. Una muestra que encierra todos los aditamentos que debe tener un acontecimiento artístico de primera fila: entidad, trascendencia y rigor -el orden lo ponen ustedes y seguro que acertarán -. Tres elementos que muchas veces y por multitud de causas, sobre todo de tipo organizativo y por carencias en la labor de los comisarios, no se llevan a cabo en su totalidad. La muestra que nos ocupa tiene como protagonista la obra excelsa de Tarsila do Amaral, la gran pintora brasileña que fue abanderada del arte más avanzado que se hacía en su país e introductora de la realidad artística europea.

La Fundación Juan March ofrece no sólo importantes exposiciones, sino que las hace escogiendo muy adecuadamente a los protagonistas de las mismas. La prueba la tienen ustedes con la nómina de autores que allí han dejado su particularísima impronta; artistas absolutos sacados de los manuales de arte y de los que sólo teníamos simples referencias literarias. Por eso es importante la exposición de Tarsila do Amaral. Una autora a la que casi todos sólo habíamos accedido de oídas y nunca de manera directa.

La exposición clara, contundente, con unos espléndidos desarrollos museográficos y una estructura artística impecable donde se pone de manifiesto la realidad estética de una artista grande y llena de carácter. En este sentido, la mano sabia de Juan Manuel Bonet está muy presente y se nota el riguroso tratamiento hacia una pintura y una artista que no ofrece ninguna duda. De esta manera nos encontramos con una pintura que acerca dos mundos. Por un lado las vanguardias europeas se hacen presente en unos medios donde lo autóctono marca bellas rutas de frescura, de cercanía y de cotidianidad. Por otro, las ambientaciones de un Brasil misterioso se ponen de manifiesto desde las avanzadas estructuras de un arte que, por entonces, se sacudía los postulados de muchos siglos de historia y buscaba modos y medios que aventuraran una modernidad sin vuelta de hoja.

La pintura de Tarsila do Amaral está impregnada de aquella estética de los años veinte, de los planteamientos de un arte hacia delante, pero también de todo el primitivismo de un mundo, todavía virgen, que muestra una realidad llena de contrastes. Es la bella historia de dos orillas, de dos mundos fundidos por la visión espléndida de una mujer en posesión de una verdad creativa llena de gracia salvaje.

La exposición, además, está estructurada para dar una visión completa del arte que se hacía en aquel Brasil modernista. Piezas de Anita Malfetti, Rego Monteiro, Lasar Segall, Cícero Días o Víctor Brecheret, que estructuran una exposición para ver con detenimiento porque en ella se dan cita muchos de los postulados de un Arte lleno de frescura y horizontes diáfanos.

El Madrid marcado por los esquemas determinantes de ARCO tiene muchas más ofertas. La Fundación Juan March, una vez más, abandera lo mejor que se realiza en este febrero madrileño lleno de matices.

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