"Las fuerzas de seguridad, en general, no son atractivas para el historiador"

  • Agustín Pulido presenta hoy en Sanlúcar 'La Guardia Civil ante el Bienio Azañista'

Hasta el momento, no existía ningún estudio, a nivel español, que profundizara en el papel que la Guardia Civil desempeñó durante la República. "Solamente había algunos estudios realizados en el mundo anglosajón", explica Agustín Pulido, autor de La Guardia Civil ante el Bienio Azañista (1931-33).

La tesis doctoral de Pulido, teniente de la Guardia Civil, versa precisamente sobre el lugar que ocupó el Cuerpo en el periodo republicano: "Ocurre un poco como con la Policía Nacional -comenta el historiador-. Las fuerzas de seguridad, en general, no son atractivas para el investigador porque son las encargadas de hacer cumplir la ley en cada momento. Es un tema que no resulta atractivo y que es, además, bastante complejo. A ello se suma el temor a encontrar dificultades en los archivos durante el proceso de investigación, cosa que luego no sucede".

La llegada de la II República supuso, para la Guardia Civil, una modificación de todos los aspectos de su vida. Pasó casi directamente de ser un cuerpo policial de la dictadura de Primo de Rivera, donde nadie se le enfrentaba ni cuestionaba, a la República. "Cuando comenzó la quema de conventos e iglesias y la destrucción de archivos, desde el propio Gobierno se negó que la Guardia Civil pudiera intervenir en las revueltas", comenta Pulido.

Nadie parecía tener en cuenta que las fuerzas habían sobrevivido -y se habían adapatado- al Sexenio Revolucionario, dos monarquías y una República. "La Guardia Civil -afirma el historiador- se ha adaptado siempre al Gobierno de la época, aunque supusiera, como en este caso, un choque momentáneo al cual se tuviera que amoldar".

En el libro -que se presenta hoy en la Biblioteca de Sanlúcar y mañana en la sede de la APC- Agustín Pulido trata de desglosar, precisamente, "cómo se encuentra la Guardia Civil ante un Gobierno que le retira el apoyo incondicional y cómo se trabajó, cómo se incorporaron unidades y comandancias móviles para controlar problemas de orden público".

Cuando comenzó la quema de conventos y la huelga anarquista en Sevilla, se propuso la creación de un nuevo Cuerpo de Seguridad en la República, la Guardia de Asalto. "Y a ellos -continúa Pulido- se les facilitó todo el material necesario para volver a establecer el orden público, que era la principal necesidad; las manifestaciones obreras habían tomado fuerza, al igual que el anarquismo, el fascismo cogía también mucho auge... En mitad de todo esto, la Guardia Civil se enfrentaba a la disyuntiva de aproximarse a una dictadura burguesa fascista o a una dictadura del proletariado. Por supuesto, lo único que estaba claro que había que hacer era aplicar el orden. Y hacerlo casi sin medios".

Los distintos directores generales que fueron llegando en la época de la República fueron aconsejando que no se enfrentaran a nadie, "que se adhirieran a las celebraciones republicanas, y el Cuerpo lo aceptó -apunta Agustín Pulido-. Fuero cinco años de situación de mantenimiento y aceptación del poder establecido".

El Bienio Azañista fue el que concentró el mayor número de reformas presentes en el periodo. Cambios como la creación del Cuerpo de Suboficiales, la expulsión de los jesuitas o la supresión del culto religioso en los cuarteles que supusieron un "choque brutal" para el Cuerpo. "Y el interés ha sido, precisamente, ver cómo pudieron acoplarse a la República", concluye Pulido.

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