Festival de jerez Programación del Villamarta

Tres estrellas iluminan el Villamarta

Tres bailaoras de mucha categoría deslumbraron el viernes por la noche al Villamarta bajo un ambiente de gala con Mujeres, un grandioso espectáculo de baile flamenco con el toque maestro de Mario Maya que rezumó arte a cada instante. Imposible relatar todo cuanto aconteció y el cúmulo de sentimientos que se adueñó del teatro desde la misma presentación lorquiana con Adam, un anticipo de lo que se vería a continuación con los palillos ya en manos de Rocío Molina, el mantón para mayor lucimiento de Merche Esmeralda y el abanico en posesión de Belén Maya, tres estrellas que ya tienen plaza fija en el firmamento flamenco. La música y el cante, las luces y el vestuario, las transiciones, la puesta en escena, el equilibrio y la potencia controlada, la combinación de elementos y la elección de las variantes flamencas lograron una gala redonda.

Fue Belén Maya la primera en ofrecer un solo por tangos que cautivó al patio de butacas con su cuerpo cimbreante y sensual al tiempo. Nadie mejor que ella para representar a la generación que abandera el presente de la danza flamenca. Marcó el cante y bailó al eco del tercio que se apaga cuando sus pies lo autorizan de la misma manera que se viene arriba cuando su fuerza y temperamento así lo indican. Y se comunicó con la guitarra usando la cabeza, los hombros, las caderas, los brazos y los dedos. Todo el cuerpo lleno de vida. Y más sensacional estuvo a la entrada y la salida, cual preciosa muñeca.

El baile añejo de Merche Esmeralda se exhibió por soleá como una bella imagen del tiempo detenido. Parece que Jerez le alegra la vida o sencillamente es así. Cambió el negro habitual de la soleá por el blanco puro de una bata de cola que gozó de corazón propio con sus movimientos y curvas imposibles para la mayoría. Hasta el tronco se hizo junco cuando la bailaora dibujó en el aire su propia silueta ya inmortal. Al no ser esclava de las urgencias y tampoco de lo anecdótico, fue más fácil adivinar su verdadera personalidad bailaora y quedar atrapados por su espíritu de artista. Y todo ello en apenas unos minutos, sin repetir una sola estampa. Gracias a su trayectoria, en la soleá pudimos contemplar cómo bailaban las antiguas con un discurso que llega con nitidez y pleno de elegancia. El público rompió a aplaudir por bulerías.

Uno de los momentos mágicos de la noche lo protagonizaron Belén Maya y Rocío Molina en el paso a dos que compartieron con letras antiquísimas para narrar el romance. Fue brutal y alucinante este impagable regalo porque su dominio de la danza unido a sus genes flamencos lograron una pieza que quedará grabada en la retina de la afición por años. Ambas hicieron que lo complicado parezca lo más sencillo del mundo. Acariciaron el cante con su baile recogido, silencioso y muy expresivo, para meter los pies a medida que el cante invitó a ello, inventando mil giros y siluetas en los cruces y las poses.

La energía que proyectó Rocío por seguiriyas fue algo extraordinario para los sentidos. Bailó como y cuanto quiso, eclipsando cualquier otra propuesta mientras estuvo en el escenario. Ni el vuelo de una mosca se le habría pasado por alto. Vestida de negro, sus fulgurantes y endiabladas manos y su expresivo gesto en la cara lo dijeron casi todo, con un baile a doble tiempo sobre el toque de guitarra inalcanzable para el resto. Clavó todos y cada uno de sus precisos remates con los pies más rápidos y musicales que han pasado por el teatro. Y su repertorio fue también muy hondo, haciendo por ejemplo del vestido un capote para demostrar que contar con una velocidad más que el resto, no significa carecer del temple y la sapiencia necesarias para parar cuando es preciso. Igual bailó como una fiera, que a continuación derrochó gracia y compás con los palillos en los caracoles, una variante emblemática para Merche que las tres compartieron casi en la despedida. Para saludar al público eligieron las bulerías.

Injusto sería pasar por alto el gran trabajo de cantaores y músicos, ya que cumplieron a la perfección su cometido. De la misma manera que hay que anotar el baile que compartieron Merche y Rocío en la granaína y la jabera. Un simple adelanto de lo que vendría. Sin duda, la representación de las tres generaciones dejó un mensaje para el optimismo: el futuro del baile está garantizado. Y el público aún se frota los ojos.

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