La espiritualidad de la forma plástica

Sin las alharacas de otros que, con infinitamente menos, pretenden más, el valenciano Jordi Teixidor viene demostrando desde hace tiempo que su obra es todo un referente de la mejor pintura abstracta, una lección absoluta de la esencialidad formal, de la ausencia de concreciones y de todo aquello que viene a conformar un cúmulo de posiciones estéticas hasta situarnos en los caminos imprevisibles de la sugerencia. Y es que el artista, con muy poco, consigue establecer una relación máxima con un estado superior donde la forma, simple, escueta, sin excesos y hasta con una medida contención cromática, marca los caminos por donde acceder a los estamentos de una idea que acoge la mirada y abre las perspectivas de la significación.

Jordi Teixidor siempre nos ha situado en una realidad pictórica que ha roto los límites de la representación para situarnos en una posición de profunda espiritualidad. Sus obras muestran un contenido pictórico extremo, contundente, sin resquicios, compacto, donde la materia plástica, en su estado más puro, genera estados de suprema emoción y predisponen para una reflexión sobre las más dispares situaciones. Por eso, en esta nueva comparecencia granadina -no es la primera vez que el valenciano acude a estas tierras, pues ya lo vimos hace años en Sandunga y en los Condes de Gabia-, la obra que se presenta en Santa Fe y que está realizada ex profeso para el espacio donde se muestra y dentro de un determinado acontecimiento como es la celebración de las Capitulaciones, nos sitúa en los abiertos territorios de la emoción, de lo eminentemente metafórico, de lo trascendente. Una obra que atrapa, que no deja indiferente, que transmite calma y que abre perspectivas para enfrentarse con situaciones evocadoras y llenas de entusiasmo espiritual.

Los espléndidos espacios del Damián Bayón sirven de adecuado escenario para desarrollar los imitados testimonios de una abstracción que conforman estados donde la propia ciudad de Santa Fe, cargada con su ineludible, trascendente y determinante historia, su disposición espacial, sus puertas y su realidad, sirven de planteamiento conceptual para configurar una obra que, aparte de sus aplastantes calidades formales, dejen abiertos resquicios para que por ellos entren los efluvios de la sugerencia, de la evocación hacia una realidad cercana que el espectador hace suya y con la que se siente fácilmente identificado.

La exposición se acondiciona a las salas del Centro y se divide en dos partes perfectamente diferenciadas. Por un lado, un juego metafórico sobre el sentido de la puerta, Ritos de Paso. El artista valenciano insiste en esa realidad espacial que transporta a posiciones trascendentes, con la vida misma como elemento de reflexión y con la propia ciudad como inmediata escenografía que, a su vez, define su espectacular sentido histórico. La puerta que sirve de paso, que se abre a lo inesperado, asume un rito iniciático hacia una existencia imprevisible. Por otro lado, La cruz de Santa Fe, se nos adentra en la simbología de la cruz para generar, asimismo, estados de máxima emoción donde, también, se hace un guiño a la propia disposición urbana de la ciudad y, sobre todo, a la iconografía de la cruz, motivo especial dentro de ese testimonio histórico que se conmemora.

La obra de Jordi Teixidor nos introduce en los estamentos de una realidad en la que la más pura emoción plástica se consigue desde simples estamentos cromáticos que transportan a desenlaces simbólicos y generan posiciones de profundísima espiritualidad. Una obra que convence de principio a fin y que, desde la esencialidad de la forma plástica, con los registros contenidos que producen la utilización de gamas casi monocromas, trasciende y patrocina una realidad superior de poderosa fuerza estética, plástica y espiritual.

Jordi Teixidor vuelve a Granada para manifestar los postulados de una obra que deja de ser abstracta para alcanzar estados casi místicos. Una obra para gozarla en toda su plenitud, para descubrir escenas evocadas y para participar de sus imprevisibles sugerencias.

De nuevo el Damián Bayón asume su máxima potestad como una de las mejores programaciones artísticas que podemos encontrar.

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