Flamenco

El escaparate jerezano muestra las tendencias

  • El XII Festival de Jerez deja una buena colección de excelentes momentos de arte

Tras dieciséis días de espectáculos, el Festival de Jerez ha logrado dejar en la retina de los espectadores una más que buena colección de buenos momentos. Cada uno en su estilo y no siempre del gusto de todos, por supuesto; pero con la confirmación de que en el panorama del baile flamenco y la danza española se reúnen una buena nómina de artistas de todas las edades que confirman un buen estado presente y ofrecen una optimista visión del futuro. Para ilustrar esta aseveración, valga un recorrido por los principales espectáculos ofrecidos.

Mujeres -que, por cierto, obtuvo ayer el premio de la Crítica que otorga la Revista de Flamencología de la Cátedra jerezana y repite en el Gran Teatro Falla en mayo- podría ser un buen exponente de lo dicho. Tres bailaoras (Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina), que representan a tres generaciones casi exactas, configuran una gala en la que destaca tanto la diferencia de sus estilos como la armonía que escenifican uniendo esos estilos bailaores en los cuadros conjuntos que protagonizan. Del barroquismo de la escuela sevillana clásica (Merche) al arte innovador y de vanguardia (Belén) pasando por la pujanza y versatilidad de la joven Rocío. Otro ejemplo, pero de cariz completamente distinto, estaría en la obra Flamenco XXI: Ópera, café y puro, un brillante espectáculo del que hay que subrayar la madurez de sus creadores, Rafael Estévez y Nani Paños, jóvenes que no llegan a los treinta y que hacen alarde de una sorprendente claridad de ideas. Una apuesta, además, por el clásico español que también se vio representada por el Nuevo Ballet de Rojas&Rodríguez.

Entre estas obras que no habían sido vistas por el Sur, pero en el lado opuesto de los resultados ofrecidos, habría que situar -según todas las opiniones- los espectáculos de Rafael Amargo o Manuela Carrasco, un caso el de este último en el que sólo se salva el majestuoso baile de la titular de la compañía, que no se basta por sí sola para salvar una función mal engarzada y argumentada. Tampoco parece que haya entusiasmado más allá de a sus seguidores la propuesta de los jóvenes de la Familia Farruco, Farru y Barullo con el madrileño José Maya.

Dentro de la programación se incluían cuatro obras que ya habían sido presentadas en los otros dos eventos andaluces de postín. Las cuatro suponen apuestas personales de artistas consolidados que, en términos generales, se muestran fieles a la trayectoria de sus autores. De la última Bienal sevillana venía la que se alzó con el Giraldillo de aquella edición, La Puerta Abierta de Isabel Bayón, con dirección de Pepa Gamboa y la participación del cantaor catalán Miguel Poveda. Una obra de perfil tan clásico como intimista en el baile de su protagonista y con todos los detalles -música, cante, escenografía- cuidados como para redondear la propuesta. También de ese año procedía El alba del último día, otro espectáculo marcado por el carácter bailaor de su creador e, igualmente, dotado de una desnuda pero acertada puesta en escena, además de la buena música y mejor cante que le acompañan.

De la reciente edición de la bienal malagueña llegaron dos de sus principales estrenos, Puertas adentro de Antonio El Pipa y El final de este estado de cosas de Israel Galván. Con la primera, el artista jerezano abunda en contenidos probados en anteriores obras para ofrecer otro espectáculo que debe reportarle tan buenos resultados como su anterior De Tablao. El sevillano Galván, por su parte, ofreció una más pulida -y recortada en su metraje- versión de su versión del Apocalipsis, pero manteniendo unos contenidos que no dejan indiferente y sobre los que prima su personalísimo baile.

Un espacio aparte merecería la obra que inauguró el festival y que supuso la primera producción de la propia organización del evento. ¡Viva Jerez! no logró unanimidades por causa, en gran parte, de su larga duración -con la consecuente dispersión de sus contenidos- y por una apuesta que, aún manteniendo elementos netamente jerezanos, integraba otros -especialmente en los cantes- que no fueron especialmente comprendidos. Y también hay que considerar, por su esmerada puesta en escena y su intención, la función Sin fronteras en la que Miguel Poveda -premio del Público 2008 de Diario de Jerez- rinde homenaje a su querencia jerezana con la participación del tocaor Moraito y el cantaor de Santiago Luis El Zambo. Una larga colección de cantes de variados registros que mostraron a un incomparable Zambo por solares o seguiriyas y a un Poveda en estado de gracia que desplegó su dominio de estilos y se supo unir a la fiesta jerezana por bulerías.

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