Concierto Ritmos brasileños, cubanos, argentinos y mejicanos

El encuentro de las buenas vísperas

  • La plaza de la Catedral sirvió ayer como escenario a actuaciones de batukada, rancheras y música folklórica latinoamericana. La cita formaba parte de los actos organizados dentro del festival VivAmérica

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El protagonista de Las invasiones bárbaras recuerda, como pocas veces se ha hecho, la inolvidable huella dejada por los colonizadores en el Nuevo Continente: "Durante el siglo XVI -dice-, españoles y portugueses se las arreglaron para exterminar a ciento cincuenta millones de personas sin bombas ni cámaras de gas. Hicieron tan buen trabajo que inspiraron luego a holandeses, franceses e ingleses. Más de doscientos millones de muertos y ni un triste museo del holocausto".

El cartel de VivAmérica sugiere, sin embargo, un abrazo entre ambos continentes. Unas vísperas de la Hispanidad que invitan a pensar más en la cooperación que en otro tipo de exaltaciones. Este año, la cita alentada por la Casa de América ha contado con Cádiz como uno de sus escenarios. Así, durante estos días la ciudad ha acogido la proyección de diversas cintas de sello latinoamericano -entre ellas, la ganadora del último Oso de Oro en Berlín, La teta asustada- y de actuaciones como la del argentino Coti.

Ayer, a la plaza de la Catedral le tocó transformarse en un decorado de tres pistas por el que circularon batukadas, rancheras, música folklórica y salsa. Y fueron, precisamente, los mariachis y los ritmos brasileños los encargados de abrir la tarde. Los corridos de Garibaldi animaron a romper lo justo el sentido del ridículo y a tararear el estribillo de Pero sigo siendo el rey. Pues sí. Con dinero o sin dinero. Reyes de Cádiz, príncipes de la Bahía. Tuvo su hueco también otra estrella del cancionero popular, el Cielito lindo -"Hey, hey, hey, hey. Sing and don´t cry", le traducen a un grupo de turistas que contempla la escena sin terminar de entenderla-.

Sopla el viento. El sol acaba de desaparecer y se retoma la batukada. Un único globo de pensamiento parece surgir de las cabezas del público ante la aparición de los bailarines: "Así que esto es lo que sucede cuando uno deja de zampar patatas tumbado en el sofá".

Encaramadas a taconazos de plataforma, saltando sobre los adoquines, las bailarinas desafían sonrientes a una reconstrucción bucal completa. Y si ellas corren el riesgo de romperse la crisma, ellos corren el riesgo de romperse la columna. Ante una triple voltereta, uno de los asistentes comenta: "Eso lo hago mañana en el parque".

Cuando llega el turno de los argentinos Amalgama, los ritmos, el exotismo y el inestimable poder de la palabra "gratis" han logrado congregar a numerosos espectadores. La intérprete Mariana Cayón sonríe y, con virtuosismo y actitud L´Oreal, se dedica a dar aire a carnavales y milongas. No sabe lo acertada que está.

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