Perfil Acercamiento a uno de los escritores más prolíficos e influyentes de la literatura en habla hispana

La edad de oro de Juan Villoro

  • El literato ha escrito la novela del México de su época, ha puesto en inmejorable español textos de von Rezzori, Lichtenberg y Capote y ha tejido algunas de las mejores crónicas sobre su ciudad natal

Las literaturas hispanoamericanas han sido muy propicias a crear autores nacionales, esos grandes escritores cuya fama, unas veces merecida, otras no tanto, opacaba el injustamente no celebrado nombre de otros autores muy recomendables. Los Cela, Borges, Vargas Llosa, Fuentes o Paz han dejado en la penumbra a tantos buenos escritores que, luego, como para contrarrestar, parece haberse producido una situación contraria, e igualmente injusta: la sobreabundancia de literatos representativos de determinados países deja en la igualada fama media a los verdaderamente sobresalientes (hace poco Carlos Fuentes decía que en "Latinoamérica había 40 ó 50 buenos novelistas"; pero, ¿cuándo ha habido 40 ó 50 buenos escritores al mismo tiempo?)

Juan Villoro (México D.F., 1956) muy probablemente sea el mejor escritor mexicano de su generación y uno de los tres o cuatro mejores de su generación hispanoamericana (la de los Bolaño, Uribe, Rey Rosa, Pauls, Centeno, Fresán, Iwasaki, Botero, Carlos Herrera, Prieto, Paz Soldán, etc.). Ha escrito la novela sobre el México de su época, que por mucho que diga la crítica no es Los detectives salvajes de Bolaño, ese gran escritor magnificado por la muerte prematura, el malditismo de los concursos municipales y espesos y el reconocimiento de autores más jóvenes que, una vez muerto, ya no tienen que "matar al padre", sino El testigo. Ha puesto en inmejorable español textos del atractivo y demasiado olvidado von Rezzori, del gran Lichtenberg, de Capote. Ha escrito algunas de las mejores crónicas sobre su ciudad natal, la sociedad de su tiempo y también sobre fútbol que pueden leerse hoy en día, tanto que su huella es patente en Mejía Madrid y Volpi, lo mejor de la generación de escritores mexicanos que le sigue, tan publicitada a principios de este siglo pero aún en ciernes.

El pasado año, Villoro publicó tres libros que resumen sus inquietudes, su visión integradora de la literatura y su ambición continental: una novela breve, Llamadas de Amsterdam, editada en Buenos Aires; un libro de relatos, Los culpables, que fue editado en México por Almadía y ha sido incluido en su catálogo este año por la española Anagrama; por último, un libro que recopila ensayos literarios, De eso se trata, editado en Santiago de Chile.

Conviene citarlos por ese orden, pues quizá ese sea el orden de su importancia literaria. Llamadas de Ámsterdam resume en su brevedad la intensidad que deja y el vacío que queda cuando una relación amorosa se rompe, o se acaba como lo hacen casi siempre las relaciones sentimentales: antes para uno que para otro.

Los culpables es el cuarto, o más bien quinto, libro de relatos de Villoro, un género que domina como pocos y que le ha reportado premios como el Artaud, recaído en este volumen. Aquí recoge siete relatos unidos por el hilo argumental de las vidas de seres solitarios y, a su modo, triunfadores en oficios y vocaciones con más fulgor que solidez. Artistas y sicarios al borde de precipicios vitales que Villoro sabe narrar con cinco o seis detalles que deslumbran, hacen pararse y pensar al lector que luego es inevitablemente arrastrado por una prosa jugosa y abarcadora, también de ambición continental, y por la peripecia de estos seres, culpables quizá sólo de estar vivos e intentar sobrevivir, que a veces es malvivir, a veces sinvivir, y otras, desvivirse.

De eso se trata es, tras Efectos personales, la segunda recopilación de ensayos, prólogos y artículos sobre asuntos literarios que Villoro da a la imprenta. En este ámbito, así como en el de la crónica (con libros como Tiempo transcurrido, Safari accidental o Dios es redondo), es en el que el excepcional talento literario de este escritor quizá mejor se desarrolle. Tomando el título de la muy acertada versión que Tomás Segovia ha hecho del célebre That is the question shakespeariano, reúne, en siete apartados, distintos trabajos sobre escritores y libros canónicos de la literatura universal que, cuando no aclaran cierto enfoque, corrigen tópicos demasiado manidos, aportan sugestivas visiones y siempre, siempre atraen, atrapan y divierten. Bioy Casares, Hemingway, Onetti, Lowry, Cervantes, etc. parecen autores ya agotados, sobre los que nada nuevo puede decirse. Pero no: sí se puede. Puede decirse que Hemingway es mejor novelista de lo que reza el tópico, que D.H. Lawrence es un mal prosista que siempre deja huella, que Borges y Bioy Casares escribieron el mamotreto de este sobre aquel como a cuatro manos y con el consentimiento, o al menos el asentimiento, del primero. Puede y debe decirse que Juan Villoro es uno de los escritores más prolíficos, interesantes e influyentes, uno de los mejores en definitiva, de cuantos escriben en este idioma nuestro tan viejo pero que tan nuevo suena cuando lo entonan prosistas de su fuste.

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