Los ecos de Roma en el presente

  • Juan Eslava Galán recorre los restos de una civilización "de la que somos deudores" en 'Ciudades de la Bética', una obra en la que reivindica con su humor habitual la inmensa herencia de los tiempos de Trajano

Entre las aportaciones que hizo la provincia de la Bética a Roma, Juan Eslava Galán destaca no sólo a los emperadores Trajano y Adriano, al filósofo Séneca, el trigo o el aceite, también a las puellae gaditanae, "artistas de variedades procedentes de la licenciosa Cádiz" que actuaban en los banquetes de señoritos libertinos, definidas por Marcial como "muchachas procedentes de la disoluta Gades que menean sus caderas lascivas" y recordadas en las Sátiras de Juvenal por las "indecentes canciones" que interpretaban, que "ruborizarían a la clientela más abyecta del prostíbulo más asqueroso".

Las referencias ya apuntan el tono, alejado de esa erudición grave con la que otros comparten sus conocimientos, que va a tener Ciudades de la Bética, la última incorporación a la serie Ciudades andaluzas en la Historia de la Fundación José Manuel Lara. Un libro en el que el escritor jiennense traza un itinerario por algunos de los enclaves romanos más importantes de la geografía andaluza: Itálica (en Santiponce), Baelo Claudia (Bolonia), Acinipo (Ronda la Vieja), Carmo (Carmona), Malaca (Málaga) o Corduba (Córdoba). El recorrido lo hacen Bonoso, álter ego del escritor -al que dibuja sin demasiada piedad como "orondo, calvo y no muy alto" y al que bautiza con el nombre del patrón de su pueblo; más tarde en la ficción aparecerá el propio Eslava Galán recogiendo cartones y chatarra, y haciendo portes, para denunciar "que la cosa de escribir está trasteada" y España anda "casi a la cola de Europa en el índice de lectura"-, y el escocés Angus, un dúo que ya aparecía en su obra El paraíso disputado. La ruta de los castillos y las batallas y del que se sirve Eslava Galán para su objetivo: la divulgación de la Historia a través de un relato ameno, que apuesta por las anécdotas y por el humor para reconstruir el pasado. "Somos un pueblo demasiado solemne, y yo busco ese hilo humorístico en las cosas serias, lo cual también es bastante romano", advierte el narrador.

Así, en Ciudades de la Bética, el autor de El comedido hidalgo y Señorita reivindica las raíces romanas de la sociedad actual, como demuestran rasgos heredados de entonces como el desayuno con ajo o las pintadas en paredes y puertas, aunque, por fortuna, la tradición de limpiar con orines ya no se estile. "Esto que hablamos es latín, y en muchos aspectos seguimos siendo Roma, somos un país deudor de la cultura grecorromana, y tenemos una herencia que nos da motivos para sentirnos orgullosos", afirma, antes de añadir que "somos más romanos que árabes, lo contrario es un topicazo que se inventaron desde fuera".

Eslava Galán explica en las páginas de su libro su posición, particularmente beligerante al respecto: la deuda con el mundo árabe, asegura, se ha exagerado. "Por ejemplo, se habla de la casa árabe o de los baños árabes cuando son préstamos que los moros tomaron de la antigua Roma. Y de sus monumentos, cabe decir otro tanto: si les quitáramos todo el material romano que contienen (columnas, sillares, capiteles, ladrillos, etc.), casi todos los monumentos árabes se vendrían abajo. En fin, lo más importante es el idioma, que, como sabes, configura el alma de un pueblo. Lo que hablamos los españoles es latín evolucionado, o degenerado si quieres", argumenta Bonoso. El equívoco se debe, continúa, a la imaginación de los viajeros románticos "que se empeñaron en buscar a Oriente en España" y "en cuanto le echaban el ojo a una aldeana vasca, aunque fuera hombruna y malencarada, ya estaban alabando el embrujo moruno".

En este trabajo, en el que Eslava Galán se detiene en detalles como la formación de un gladiador, la merecida fama de las calzadas, "que se conservan mejor que las autopistas", o las particularidades de una vivienda o un banquete de entonces, el novelista hace un paralelismo entre la espiritualidad romana y la actual. "Los romanos tenían dioses para casi todo, pero en el cristianismo los hemos sustituido por los santos. Hay santos a los que rezar para cada cosa: si alguien busca trabajo o pierde algo...", expone.

El autor quiere poner de manifiesto la "tremenda riqueza arqueológica" del paisaje andaluz. Aunque es un ámbito que controla -su primera vocación fue dedicarse a la investigación de yacimientos- y confiesa que todos sus viajes son "arqueológicos y gastronómicos", se puso en contacto con algunos profesionales de la región para conocer los últimos hallazgos en la materia. "Lo hice porque llevaba cuatro años en Cataluña y no quería que la información que diese no estuviera actualizada. Quiero romper una lanza por la arqueología andaluza: su avance ha sido espectacular en los últimos 30 años. Lamentablemente, ahora no hay presupuesto más que para salvar lo que hay. Y este libro podría considerarse una llamada de atención a las instituciones, sobre un legado que deberían valorar más", opina el escritor.

En la redacción del libro, Eslava Galán ha intentado que existiera un diálogo entre la cultura que retrataba y el presente, permitiendo que las últimas noticias acabaran alimentando las conversaciones entre Bonoso y Angus. Ver a un político en televisión, por ejemplo, despierta en su otro yo las siguientes reflexiones: "Ésa es la casta que nos gobierna. Ni hablar saben, consecuencia de unos planes escolares calamitosos. En tiempos de Roma, un político debía conocer su oficio. Los alumnos realizaban ejercicios (suasoriae) en los que defendían una determinada postura ante el maestro y sus compañeros. A menudo fingían ser algún personaje del pasado, lo que, de paso, les permitía aprender su historia. Otras veces se enzarzaban en contraversiae consistentes en que dos muchachos sostuvieran tesis contrapuestas (...) De ahí salía gente que sabía hablar y defenderse, no estos mamarrachos que solamente saben enhebrar frases hechas".

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