Te doy mis ojos

España, Francia, México, 2009. Director: Christian Poveda.

Sus ojos se cerraron, como canta el tango de Gardel y Le Pera, pero su mirada ha permanecido, aunque el mundo siga andando conducido por su loca realidad. Christian Poveda, víctima de la violencia sobre la que quiso ofrecer un punto de vista diferente, permite al espectador la oportunidad de contemplar aquello que normalmente queda oculto en el complejo entramado de las maras.

Aunque nos abofetea con la muerte desde los primeros fotogramas, no se recrea en retratar sus detalles sanguinarios, sino que la fotografía con distanciamiento, con un cierto aire de cine negro clásico, pero también, como una intrusa incómoda que trunca grandes y pequeñas esperanzas. Al mismo tiempo, permite que las imágenes hablen por sí solas, para que uno mismo contemple el desamparo no sólo familiar, sino también social y sobre todo institucional, puesto que el estado sólo se manifiesta en sus vertientes coercitivas y penales, olvidando sus obligaciones asistenciales y educativas.

En ocasiones, se echa en falta una mayor información, que podría solventarse con unos simples subtítulos que ayuden a una mayor comprensión de estas vidas tatuadas por una fatalidad trágica que acecha en cada esquina, con las que en ciertos casos se acaba estableciendo un vínculo entrañable: como el de la chica que busca sus orígenes, pero que sólo encuentra que le vuelvan la espalda; el joven que se aferra a tele-predicadores y seudo profetas como tabla de salvación o esa reina en país de ciegos que hubiera merecido mejor corona. Poveda nos legó sus ojos y hemos visto a través de ellos, así que no podremos decir nunca que nuestro corazón no ha sentido, lo que su última obra nos ha revelado

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