"Nunca me he despedido de la infancia y eso se paga caro"

  • La escritora Ana María Matute presenta su última novela, 'Paraíso Inhabitado'

Ana María Matute reivindica la infancia, y el poder de la imaginación y de la magia como armas para afrontar la vida, en su novela Paraíso inhabitado, un libro escrito "con valentía y sin miedos" porque "quizá sea el último" de esta novelista.

"Nunca me he desprendido del todo de la infancia, y eso se paga caro. La inocencia es un lujo que uno no se puede permitir y del que te quieren despertar a bofetadas", afirma Matute poco antes de la presentación de su nueva novela, en la que la escritora combina realidad y magia al reconstruir de forma magistral la infancia de la protagonista, Adriana.

Matute está "nerviosa como un flan" porque cree que se juega mucho con esta obra. Hacía ocho años que no publicaba; tiene 83, y, además, "es el único libro" suyo donde "hay elementos autobiográficos". Sucesivas hospitalizaciones le impidieron acabar antes esta novela sobre "la niñez perdida". Pero también tuvo que parar a veces de escribirla porque se "ahogaba" al tratar de poner en pie sus recuerdos. "Tal vez la infancia es más larga que la vida". Esa hermosa frase de la novela da idea del gran interés que suscitan en la escritora la niñez y todo lo que la rodea: la magia que desprenden los cuentos, el poder de la imaginación, el descubrimiento del lenguaje o lo incomprensible que resulta a veces el mundo de los adultos.

Paraíso inhabitado (Destino) podría considerarse la culminación de una larga trayectoria literaria, que ha merecido premios muy importantes, entre ellos el Nacional de las Letras. La escritora recrea con maestría la vida cotidiana de una niña en los años previos a la Guerra Civil. En la protagonista del libro hay mucho de la niña que fue Ana María Matute y de su forma "de ver el mundo". Como la autora, Adriana aprendió pronto el valor de los cuentos y no entendía el mundo de "los gigantes", sus reglas ni su hipocresía. Y como a Matute, a Adriana no le importaba que la castigaran en "el cuarto oscuro", porque allí disfrutaba del "resplandor de la oscuridad".

En su vida, y también en su obra, Ana María Matute siempre ha reivindicado la importancia de la imaginación. Los que carecen de ella son "la gente más ruda y menos afable". "No te fíes nunca de un hombre que no tenga imaginación, ni de un hombre que no quiera beber", decía entre risas, mientras apuraba su whisky.

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