Daniel Abreu. coreógrafo

"Si no te desesperas durante el proceso creativo, no resulta interesante"

  • La compañía del artista tinerfeño clausura esta noche la decimoquinta edición de Cádiz en Danza con su obra 'Venere', que se representará en el Gran Teatro Falla a las nueve de la noche

Acaba Cádiz en Danza. El festival echa hoy el cierre con varias propuestas y, entre ellas, la presencia del Premio Nacional de Danza 2014, Daniel Abreu, que vuelve al certamen después de cuatro años, cuando en 2012 llegó con su montaje Animal. La compañía del artista tinerfeño estará esta noche en El Teatro Falla, a las 21.00 horas, con su obra Venere, una pieza que trata de indagar en los afectos personales que se dan en las relaciones humanas.

-¿Cuál es la propuesta que trae a Cádiz en Danza, qué es Venere?

-Es una palabra italiana que significa Venus, y es una interpretación bastante personal acerca de todos los actos o acciones que podemos hacer como seres humanos para demostrar amor a otros, y no hablo desde el sentido sensual o erótico o de pareja, sino que va un poco más allá. Cuáles son todos los actos solitarios que hacemos para pertenecer a la familia, para pertenecer a un grupo de amigo, cómo son esas relaciones afectivas con el otro. Y, entrando un poco en ese marco de investigación, me di cuenta de que casi todos los actos son bastante solitarios. Hay como una especie de interpretación de lo que creemos que el otro espera de nosotros.

-¿Qué le gustaría transmitir con esta obra al espectador?

-Esa es una pregunta muy difícil, porque uno no pretende tampoco transmitir nada concreto, por lo menos a mí se me escapa porque cuando creo, lo hago de una forma muy intuitiva. Es verdad que es una obra que es muy difícil conectarla en el sentido en que el nivel de lectura es muy abstracto, pero sí que está llena de mucha belleza, es muy poética. Igual, si algo queda detrás de todo eso es que cada uno se pregunte qué es lo que ha hecho para pertenecer a esos grupos de afecto, cuáles son esos esfuerzos que cada uno hace para pertenecer a ellos, y cuando digo esfuerzo no lo digo en el sentido negativo, sino como acciones.

-¿Es entonces una obra reflexiva, una propuesta que quiere hacer pensar al espectador más allá de la estética?

-Bueno, yo creo que todas mis obras se posicionan en ese lugar. Son lugares para que cada uno se lleve su propia obra, pero no porque yo no haya hecho una, sino porque lo que yo haya hecho o haya pensado no tiene tanta relevancia como lo que el espectador puede coger.

-Su compañía tiene 10 años de vida y unas 40 coreografías. Si llevamos su proceso de trabajo a un símil literario, ¿cada pieza es una novela que se prepara y se perfila o es una poesía que aparece espontáneamente?

-A ver, es una mezcla de las dos. De alguna forma la creación coreográfica es muy poética porque nunca nos vamos a ceñir a una descripción literal de la realidad, es imposible, y por otro lado sí que uno construye como si fuera una novela porque está tratando de transcribir imágenes, intuiciones, pensamientos que no sabemos muy bien a qué corresponden. Lo que sí es vedad es que yo no pretendo contar algo concreto, no tengo primero la idea en la cabeza y luego la transcribo, sino que me la voy encontrando. En eso uno se pierde muchas veces, el proceso creativo te sale bien, te sale mal, te adelantas a lo mejor al tiempo, te atrasas... es algo tan incierto y tan sufrido en ese aspecto, es una incertidumbre.

-¿Y se desespera?

-Siempre. Si no te desesperas, el proceso creativo no resulta interesante. Y cuando digo interesante no es que uno lo viva mejor. Si uno no entra en crisis..., no en el sentido peyorativo, sino que para que haya un cambio tenemos que romper determinados esquemas y determinados moldes, y eso no siempre es amable.

-¿Cree que en el día a día el ser humano explota poco el lenguaje corporal?

-Eso depende un poco de las personas pero sí es verdad que hay una tendencia a rigidizarse, en el sentido de la conservación. Pero esto es bastante personal, porque por un lado hay una explosión hacia el mundo del gimnasio, del cuidado del cuerpo, de la salud, y por otro lado también está toda esta gente que está tan tranquila tirada en el sofá viendo el fútbol. Es que yo creo que no podemos definir una época en una frase, no cabe tanta gente en una frase.

-¿Quizás el cuerpo debería hablar un poco más en las relaciones humanas?

-Yo creo que el cuerpo habla todo el rato en las relaciones humanas, otra cosa es lo que queramos leer. Yo soy partidario de que cualquier cosa está contando algo, todo lo que pasa está contando algo, tiene un mensaje; otra cosa es qué significado le ponemos. Pero nuestras enfermedades, nuestra cara de alegría o de tristeza siempre responde a lo que nos está pasando, y todo eso es lenguaje que nos está contando.

-En 2014 se le otorgó el Premio Nacional de Danza, pero la entrega se produjo en Palencia el pasado 1 de junio: ¿ha sido como ganarlo dos veces con tanto espacio de tiempo?

-Pues la verdad es que sí (ríe). Es como si volviera a tener importancia. Lo malo es que los 30.000 euros sólo te lo dan una vez... (ríe).

-En todo caso ¿cómo recibió el premio?

-Lo recibí con mucha sorpresa porque nunca esperé poder acceder a este reconocimiento. Yo me dedico a un arte minoritario en el sentido de que no somos tan valorados por las instituciones, lo cual no significa que no sea visible, simplemente es más minoritario; siempre se suelen valorar más aquellas cosas que se mueven por grandes teatros, y yo me movía por teatros pequeños. Pero esto que yo hacía parece que tenía una visibilidad y yo intentaba dar el salto y poder trabajar en espacios más grandes, como esta semana en el Palacio de Festivales Santander o en el Falla de Cádiz, que no acogen a propuestas pequeñas porque evidentemente la envergadura que tienen es mucho mayor. El premio nacional ha dado paso a que no me tenga que pelear con nadie por el hecho de decir que quiero hacer obras para un formato mayor y para otro tipo de público. Luego está el reconocimiento no sólo de la profesión, sino también el de otro sector que no conocía mi trabajo y que de pronto se acerca, como el cine, el teatro... otras manifestaciones artísticas que de alguna manera requieren mi colaboración.

-Vuelve a Cádiz en Danza tras su última presencia, en 2012, con Animal. Aquel fue un festival especial, ambicioso por la efemérides que conmemoraba la ciudad. Y el festival sigue aunque no aquella potencia. ¿Cómo valora esto en un festival aún joven?

-El festival Cádiz en Danza creo que ha ido creciendo con los años, por lo menos en presencia y en eco. Cada vez es mayor. Me parece que tiene una buena envergadura, aparte que acoge distintas manifestaciones, no sólo en el Falla o en La Lechera, sino también lo que pasa en calle. Acerca al público de Cádiz y a muchos de los que visitan la ciudad a lo más novedoso de la danza contemporánea a nivel internacional. Es un lujo. También en el Doce coincidió con la celebración del MOV-S, el evento del Mercat de les Flors. Y es mérito doble después de una época de crisis y de aquel momento en el que habían tantas celebraciones; si se ha podido mantener la programación con todo lo que hemos tenido en contra y con menos presupuesto, es todo un mérito.

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