Cómo dejarse seducir por un piano

Intérprete: Paula Coronas (Pianista). Programa: Cuatro piezas españolas, de Manuel de Falla; Danza de la gitana, de Ernesto Halffter; Suite española, de Isaac Albéniz; Barquitos de Cádiz y Tres evocaciones, de Joaquín Rodrigo; Allegro de concierto, de Enrique Granados; Rapsodia andaluza, de Eduardo Ocón, y Farruca, José Muñoz Molleda. Día: Domingo 20 de noviembre. Lugar: Gran Teatro Falla.

Un concierto de piano. Es duro, difícil, arriesgado. Toda la responsabilidad puesta sobre un solo instrumento con todo lo que ello supone para un público que volcará toda su atención en su interprete y dispondrá de todo el tiempo para fijarse en cada detalle de la actuación. Pero ella demostró, con la fuerza y la seguridad que da el dominio de la técnica, con la ilusión y las ganas, que un piano es un magnífico instrumento de seducción. Y sin una sola partitura en el escenario; eso es tener la cabeza en su sitio.

Un recital, una nueva figura femenina en el escenario. Otra joven intérprete andaluza, y el orgullo de confirmar, un día más, la alta calidad de nuestros músicos. En una noche de porcentajes, el patio de butacas mantiene el 20% de aforo. "Sospechosos habituales", se define el amigo que ocupa la butaca contigua. Nos haría falta un poco de orgullo patrio y, ya de paso, para entonar un día de elecciones, una dosis de compromiso para apoyar y disfrutar de los nuestros. Que siempre hay quien se vanagloria de que los 'ajenos' son los que no reconocen ni potencian lo que tenemos en Andalucía. Predicar con el ejemplo sería un buen comienzo.

Para arropar a una pianista, Paula Coronas, una malagueña que se emociona y agradece a Cádiz, antes de nada, la oportunidad de estar en su teatro; que manifiesta su compromiso con este festival, al que acude por tercera vez, y con esta ciudad que ha tenido oportunidad de escucharla hace pocos meses. Que investiga, que estudia a los compositores andaluces, y que los interpreta como si de una relación amorosa se tratara. Virtuosismo y técnica depurada y el contraste entre su figura menuda y grácil y la fuerza de sus manos sobre el teclado. Gesticula mientras toca, se contonea al ritmo de la música, sonríe cuando el instrumento responde al diálogo con cada pulso. Parecía estar a solas con el piano, convenciéndolo de compartir la melodía con el público.

Un ramillete de piezas con personalidad propia; de Aragón a Andalucía con Falla, de Granada a Sevilla pasando por Cádiz con Albéniz. Piezas muy conocidas que abrían el recital con tanto arrojo que se tornaban en signos evidentes del reto que asumía la pianista. Falla suena tan moderno, tan innovador.

Descubrir las obras para piano, tan desconocidas, de Joaquín Rodrigo a bordo de esos Barquitos de Cádiz, nos trajo también a una intérprete más tierna. Granados, Ocón, Molleda, piezas de evidente complejidad que hacía suyas, sucesión de acordes, cadencias, repiqueteos y quejíos. Y silencios, y arrullos. Muy bello.

Un minuto de aplausos, dos salidas sonriente y un regalo, sonido de ida y vuelta. El piano toca y canta. Su boca se entreabre cuando tiñe el lánguido palpitar de un tango argentino. Paula pulsa la última nota y sus manos siguen acariciando el piano a la espera de que el aire retenga el eco.

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