El crítico como cazador solitario

Drama, EE UU, 2011, 115 min. Dirección y guión: Alexander Payne. Fotografía: Phedon Papamichael. Intérpretes: George Clooney, Judy Greer, Matthew Lillard, Beau Bridges, Shailene Woodley, Robert Forster. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Yelmo, Cinesa Los Barrios.

El crítico, como el corazón según la gran Carson McCullers, es un cazador solitario. Casi todos mis colegas, por no decir todos, han elogiado esta premiada y me temo que premiable película que, además de aburrirme, me ha irritado. Lo del aburrimiento tiene una carga mayor de subjetividad. Pero lo de la irritación puede argumentarse.

Un esposo insoportablemente rico, guapo, austero y responsable ha de hacerse cargo de sus insoportables hijas y del aún más insoportable novio de una de ellas cuando su mujer, insoportablemente guapa, vital y deportista, cae en coma tras sufrir un accidente náutico. Las repeticiones de "insoportable" no son casualidad ni error. Al mismo tiempo, dado que es descendiente de una princesa hawaiana casada con un stevensoniano aventurero, ha de lidiar con su familia para decidir la venta de un inmenso territorio virgen heredado de sus reales ancestros.

Estas dos situaciones dan lugar a cinco subtramas: la familiar (el recuerdo de los problemas antiguos entre Clooney y su mujer, más los actuales con sus hijas); la clínico-melodramática (la mujer en coma, las decisiones vitales, los adioses); la cómico-sentimental (además de los pespuntes humorísticos hay una línea argumental de tragicomedia de cuernos que no desvelaré); la ecológica (el destino de los territorios vírgenes que la familia ha heredado y apetecen constructoras para sembrarlos de hoteles y centros comerciales); y la indigenista (la mala conciencia poscolonial de los blancos que han ignorado la cultura hawaiana). Por corrección política que no quede.

Moverse entre el melodrama, el humor y la comedia sentimental; jugar con la vida tal como es, con su sabor agridulce y su media luz; forzar al máximo la máquina de la extorsión sentimental para frenar bruscamente con una broma o un despropósito que roza el humor negro… Son cosas posibles para un gran director. Pero Alexander Payne no lo es. Acertó en el tono ácido de Election. Mantuvo el equilibrio sobre la cuerda floja de la comedia tensada sobre el abismo del drama en A propósito de Schmidt gracias al inagotable talento de Jack Nicholson. Se hundió, eso sí siempre entre aclamaciones y premios, con la poscursi Entre copas. Y en mi solitaria opinión se hunde aún más, sin dejar de triunfar, en Los descendientes. Ya lo dijo un maestro: hay toreros que fracasan cortando orejas todas las tardes.

Tal vez Payne represente lo que estos tiempos ricos en superficialidad y estupidez de diseño entienden por profundidad e inteligencia. Tal vez esta plana y boba representación de los más hondos sentimientos sea lo que estos tiempos sin pulso toman por drama. Tal vez este jugueteo -que por lo superficial y sensiblero roza la pornografía- con el dolor, la enfermedad, la muerte y hasta las cenizas tras la cremación sea lo que estos tiempos cobardes, por indefensión estoica o vacío religioso, tomen por afrontar las realidades últimas. Tal vez este amaneramiento narrativo sea tomado en estos tiempos de multisalas y palomitas por cine de autor, y estas postales de Hawai por integración dramática del paisaje en el relato.

Desde luego que Payne pasa de la comedia a la tragedia, del coma al lío de alcoba, del conflicto a la broma. Pero no por su maestría en el manejo de los registros, sino por su habilidad de publicista para ponerlo todo al mismo, bajo, nivel de teleserie, telemaratón o reality, dándole una pedantorra y cursi pátina de calidad.

El intérprete idóneo de esta nada es, sin duda, el discreto y sobrevalorado Clooney, el actor que encontró el papel de su vida anunciando máquinas de café. Aquí actúa como si estuviera en el anuncio. Y la verdad es que no deja de estarlo. Porque esta aclamada y premiada película es, para quien esto escribe, una falsificación posmoderna de los verdaderos sentimientos y del verdadero gran cine. Las chicas -Amara Miller y Shailene Woodley- están bien, pero pésimamente dobladas. Cuando las cosas se tuerce.

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