Las cósmicas caras del Monkey

  • La primera jornada del festival portuense acredita su babel de sonidos por toda la ciudad Los promotores ofrecen en los 'showcases' notables promesas para un futuro próximo

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(El Cielo de la Cayetana es un bar de la Ribera del Marisco. Suenan las primeras notas. Es el Candy Says. Los vellos como escarpias. Lou Reed que estás en los cielos o en los infiernos, como prefieras).

El Monkey puede ser muchas cosas.

Una cosa que puede ser el Monkey: 17 horas, plaza Alfonso X El Sabio, casi vacía. Empieza la primera tarde de noviembre con astenia otoñal. Saltan al escenario siete músicos, entre ellos un trombón y una saxofonista. Se hacen llamar La Selva Sur. Son frondosos. Entre sus miembros hay cenizas de O'Funkillos, que hacían un estilo de verbena moderna que por algunos fue denominado 'ska de Los Caños'. Su tututúm pegadizo atrae como el flautista a los niños de Hamelín. 15,15: la plaza se ha poblado de críos que bailan al ritmo trepidante del viento que sale de los pulmones del extremo del escenario. Padres tatuados con camisetas de tirantas se mueven en la selva sur. No se trata de si lo que escuchamos es sublime o no lo es, se trata de que hace sentir bien, que hay una comunión, una complicidad. La Selva Sur dicen que si alguien me buca está buscando a un muerto, que busquen en el cementerio. Y el cante lo dice con la gracia de quien desafía al día de los muertos.

Otra cosa que puede ser el Monkey. Pantaleón Aranda, reputado notario de la villa de El Puerto de Santa María, se encuentra sentado en la mesa del bar con todos los artilugios de un notarios (papel timbrado y pluma). Da fé pública a quien quiera acercarse del que se acerca es miembro de la comunidad del mono. Los asistentes uniformados del Monkey (media melena, pantalón pitillo, gafas de sol, gesto altivo, la vida es ritmo...) desfilan ante don Pantaleón. Don Pantaleón toma nota. Fé pública. Yo estuve allí.

Más cosas que puede ser el Monkey. La muy notable bodega Mora, de la muy notable casa Osborne, es una feria. En su patio hay instaladas casetas donde se leen nombres de empresas como Dinosound, Happy Place o Nueva Monarquía. Una furgoneta verde pálido descifra los secretos del jamón de Sánchez Romero carvajal. Circulan cócteles de brandy en el mediodía soleado. En una esquina un círculo de bodegueros llevan pulseras naranjas en la muñeca y debaten sobre el titular de El País acerca de la entrada de capital chino en Gas Natural. En otra esquina treintañeros visten luto con camisetas en referencia a la destrucción del mundo por la cercana desparición de Lou Reed. "Quién le iba a decir a Manolo Escobar que acabaría siendo telonero de Lou Reed...", reflexiona uno de ellos. En el centro de la bodega hay un escenario levantado que patrocina Mondo Sonoro. Encima de él se sube Mucho, que son pocos, un trío. El cantante, que también lleva el teclado, confiesa que en este día en el que él está a pleno sol y el público que le rodea, unos doscientos, está a plena sombra, quisiera ser un émulo de Elton John y canta una canción muy bonita por si no hubiera mañana, que es como se titula. "es una balada cósmica", aclara al terminar.

Y sí, claro, el Monkey es el Milwaukee, una sala que es mitológica y que estrenan a la primera hora de latarde tres chavales británicosFawn Spots que en menos de diez minutos han cantado quince canciones a un ritmo desenfrenado que quiere encaminarnos a los orígenes de la suciedad, un trío tierno en su ingenuo salvajismo. Luego vienen The Parrots, que son más veteranos y tocan mejor, como diciendo que al final todos acabamos aburguesándonos. y haciendo las cosas con calma.

Y el Monkey, claro, es El Niño Perdido, otro garito clásico del Festival con su larga barra y el escenario a pie de tierra al fondo, donde Beggar's House abusan cariñosamente del guagua y se les intuye algo que merece la pena si no fuera porque superponen berridos cada cierto tiempo que se suponen de desgarro, pero que en este local con todo tan bien colocadito suenan extemporáneos. Les suceden Sonograma, que es un nombre imbatible, y que está compuesto por tres chciso muy apocaditos y un cuarto, el más alto, con un ataque de hiperactividad. Prometen. Eso piensa, al menos, C4 Music Management, que es quien los presenta.

Porque el Monkey es un meeting point, según el angloargot que se estila por aquí, en el que unos promotores ven la mercancía de los otros, en el que los artistas ven a sus colegas y juegan a criticar y a asombrarse. Un increíble babel de sonidos donde se mezcla Ledatres con su barrera de guitarras y, simultáneamente, Niño y Pistola desgranando sólida y agradable música americana en una transmutación de Long Ryders.

Todo está presente, sin aspavientos, deslizándose en un sereno fin de semana.

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