ENTREVISTA · MIGUEL ROMERO ESTEO

"Este país continúa arrastrando un considerable lastre de primitivismo"

  • El escritor montoreño acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura Dramática y el Luis de Góngora

Ha salido con estruendo del más visceral de los silencios. Dos importantísimos premios en días consecutivos, el Nacional de Literatura Dramática y el Luis de Góngora y Argote, han empezado a hacer justicia a la excepcional labor creativa de Miguel Romero Esteo (Montoro, 1930), autor de uno de los mejores edificios dramáticos del siglo XX en español.

-¿Lo ha digerido ya?

-No, todavía estoy bastante estresado. Yo soy un ancianito que vive retirado, solo en su casa. Esto ha sido como una tempestad que ha llegado repentinamente.

-Pero ¿esperaba que con una trayectoria como la suya algún día llegara el momento de los reconocimientos?

-Sí, suponía que llegarían algún día porque tengo algunas bazas para que así sea. Yo soy muy mal mánager de mí mismo, pero soy el único escritor español que cuenta con un premio del Consejo Europeo, el Premio Europa por Tartessos, que me situó en la antecámara del Nobel. A veces el Nobel tiene como punto de referencia una obra en concreto de un autor determinado. Pasó con García Márquez y con Gao Xingjian. Tartessos fue calificada de monumental, el dossier la ponía por las nubes.

-Fue cuando dijo, sobre la posibilidad de que usted ganara el Nobel, que a mayores cretinos le habían entregado el premio...

-Es una frase que ahora ha salido en alguna parte, pero en realidad no recuerdo si dije eso concretamente o algo parecido que luego fue matizado o interpretado por algún periodista.

-¿Ha sentido usted más la censura política o la social?

-Tartessos es un ejemplo de censura social. Ocurre en todos los países democráticos de Europa: hay escritores y escritos a los que les cierran las puertas, es como si no existieran. Hay una gran diferencia entre estos dos tipos de censura. La política se podía trampear. A mí me prohibieron en el año 1974 una obra infantil. Fui a ver al jefe burócrata de la censura y le pregunté por qué me la prohibían. Me dijo: "Señor Romero, no es que estén prohibidas sus obras. El que está prohibido es usted". Pero había mecanismos para sortear la censura. En los jurados que examinaban las obras había miembros de distintas tendencias, desde la extrema derecha hasta una derecha mucho más centrada y liberal. Se reunían, se repartían las obras y cada uno elaboraba, para exponerlo en público, un informe sobre el texto que le había tocado. Así, si te tocaba un juez del sector liberal podías tener la suerte de que la obra pasara el filtro. Si te la prohibían, tú ibas por allí, protestabas y te pedían que cortaras tal fragmento o tal frase. Pero la censura social es permanente, es más difícil de combatir.

-¿Usted la ha seguido sufriendo después de la dictadura?

-Sí. En el franquismo me prohibían las obras pero siempre había cauces, alguna revista, alguna publicación... En las décadas de democracia que llevamos, examine usted la presencia que yo he tenido en suplementos culturales, revistas de teatro y de literatura... No está mi nombre en ninguna parte. A mí me otorgan la consideración de escritor maldito, pero no lo soy. El maldito emerge de vez en cuando, su voz se escucha. Yo no soy maldito: soy inexistente. Es una categoría distinta.

-Quizá la excepción sea la editorial Fundamentos, que está recopilando sus obras en una colección dedicada exclusivamente a usted.

-Sí. Sin la iniciativa de Fundamentos no me habrían llegado estos dos premios. Es una colección que cuenta con financiación de las diputaciones de Málaga y Córdoba y la Junta de Andalucía.

-Es el momento de reeditar obras como Tartessos.

-Y de publicar algunas que llevan en el olvido muchos años. Tengo una serie de obras de teatro trágicas ambientadas en la protohistoria española. Saldrían diez o doce tomos y alrededor de tres mil páginas.

-¿Cómo ve la España actual?

-Hace lo que puede. Este país continúa arrastrando un considerable lastre de primitivismo que emerge por aquí y por allá. ETA, por ejemplo, no es un caso aislado: es parte de un sustrato que está por todo el país. Un sustrato ancestral de primitivismo. También es el país en el que mejor se come. Todo está relacionado.

-"Nunca había visto ir a nuestro teatro tan lejos, ni de modo tan audaz e inteligente". Lo dijo, sobre usted, Fernando Lázaro Carreter.

-La mejor operación de marketing que me han hecho se la debo a Lázaro Carreter, que en una entrevista en Radio Nacional de España en el año 97 dijo una frase abrumadora: "En algunas obras de Romero Esteo están algunas de las cumbres de la literatura europea de todos los tiempos". Me llamó el director del programa, Eduardo Sotillos, para hacerme una entrevista personal, y yo eché elegantemente balones fuera, abrumado por la magnitud del elogio. Soy muy crítico con mi obra. Por eso sigo escribiendo, porque pienso que en lo que escribo sigue habiendo cosas fallidas.

-¿Qué relación tiene con Montoro?

-Me pusieron una calle y ahora me han felicitado por los premios. Tenía allí a un amigo de la infancia que me llevaba de vez en cuando al pueblo, pero se murió. Hace veinte años que no voy.

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