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Cuando el color es solo color

  • La artista jiennense participa en el ciclo sobre Abstracción del centro hispalense

La historia reciente de nuestro Arte contiene episodios muy atractivos configurados desde parcelas de ilusión y, sobre todo, de mucha pasión creativa. Los años 90 de la anterior centuria vieron eclosionar una generación de artistas que estaban dispuestos a salir de los muchos desajustes artísticos que se dieron una década anterior en la que cualquier cosa era elevada a lo máximo y todo, especialmente en pintura, se parecía a todo. Los jóvenes que llenaron el panorama artístico español surgieron con las ideas claras, queriendo desterrar males pasados y asumiendo que la Modernidad no pasaba por los equívocos anteriores ni por experiencias vacías de contenido. Los tiempos nuevos se planteaban con un deseo de aportar una cierta sensatez, de manejar los registros creativos con seriedad, verdad y rigor; patrocinando un Arte concebido con la solvencia que plantea una sabiduría artística perfectamente acondicionada desde su más mínimo elemento y con todos los planteamientos confortantes muy bien estructurados y sin dejar nada a la arbitrariedad ni a las exigencias de las modas.

En este sentido, el Arte andaluz tuvo mucho que decir y un grupo importante de artistas de nuestra comunidad apareció con fuerza en los circuitos. Los autores granadinos llamaron, pronto, la atención por su contundencia formal, por su personalidad y por su apertura de miras. Entre estos artistas, se encontraba Paloma Gámez, poseedora de un lenguaje muy personal y con una gran capacidad creativa. Aunque nacida en Bailén, su vinculación con Granada era total, siendo una de las artistas que salió de los primeros periodos formativos de la Facultad de Bellas Artes de granadina. Su filiación a lo abstracto fue clara desde un principio, sabiendo evolucionar y abriendo compuertas llenas de intensidad plástica y posibilitando que la esencialidad de la no representación dejara su poderosa potencia expresiva y su contundente emotividad.

Paloma Gámez que, últimamente, ha conseguido adentrarse en espacios expositivos de tremenda repercusión -su proyecto pictórico en la Casa Encendida ha sido de suma trascendencia-, llega al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo por méritos propios. Dentro de ese ciclo importante sobre la Abstracción que se celebra en el espacio museístico que dirige Juan Antonio Álvarez Reyes, con nombres importantes de todo el Arte Internacional en la muestra Abstracción y Movimiento, así como las felices muestras individuales de José Piñar, Ruth Morán y Pepe Soto, ha sido incluida una exposición de Paloma Gámez, lo que constata la importancia de la obra de la artista jiennense dentro de la pintura abstracta.

La autora ha continuado una serie cromática; primero fue el Verde y el Rojo, ahora el Violeta. Campos mínimos de color violeta asumen toda su infinita potestad formal y plástica. Existe un absoluto reduccionismo de los elementos constituyentes al solo registro cromático. La total ausencia de concretismos y de representación ilustrativa abre, no obstante, nuevos horizontes; horizontes que deben ser establecidos, al mismo tiempo, por la cómplice mirada del espectador. Éste siente la necesidad de asumir un código significativo para adentrarse por la mínima esencia del color, para dejarse envolver por su sentido material, para formalizar una conjunción total con el patrimonio formal que se encuentra ante sus ojos.

La obra de Paloma Gámez nos oferta un cuidado patrimonio sensorial. La artista interviene los espacios con todo tipo de posibilidades formales de color violeta. Todo ello encaminado a potenciar la espiritualidad final de la estructura cromática. Vídeo, pintura, impresión sobre papel e intervención espacial acomodan al espectador en un total compromiso con la forma plástica; una forma plástica desposeída de todo sentido y patrocinadora de su única estructura visual.

Una vez más, la artista nos convence plenamente con una obra que traspasa los espacios inmediatos y nos hace transitar por un universo de sensaciones. Paloma Gámez ha entrado en esa parcela de madurez creativa donde su historia artística plantea sus más apasionantes circunstancias. Una historia que sabemos tiene, todavía, mucho que ofrecer.

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo SEVILLA

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