Las cien caras de Quiñones

  • La lluvia no consiguió empañar la peregrinación cívica en tributo al escritor chiclanero que ayer se celebró en distintos puntos de la ciudad con actuaciones musicales, poesía, ofrendas y multitud de anécdotas

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El agua resbala por una mañana poliédrica. La lluvia resbala, y nos resbala. "Cuando llovía, Fernando también salía", anima Blanca Flores en una red social a las tempraneras nueve de la mañana. Apenas una hora más tarde, la poeta y el davincesco Juan José Téllez ya la estaban formando con sendos megáfonos en las mismas puertas de Casa Hidalgo, que huele a tentación dulce, a empanada y pasteles. El agua resbala por la mañana poliédrica. La mañana que tiene tantas caras como rostros que acuden a la llamada de estos imanes que nos azuzan a peregrinar y a recordar. La mañana que tiene tantas caras como facetas el hombre al que queremos honrar en este día plomizo que rompe aguas y pare alegría para el campo y temor para los cofrades. La mañana de cien caras. Las de Fernando Quiñones -el narrador y poeta, creador de Alcances, carnavalero y flamenco, ecologista, dinamizador cultural, amigo, ante todo, amigo...-. La mañana de cien caras, a ratos más, a ratos algo menos, de los ciudadanos que quisimos celebrar la II Ruta del Cádiz de Fernando Quiñones.

Si llora el cielo abrimos los paraguas, si se enfurece y berrea, alteramos el programa porque tenemos cobijo en la estación marítima del catamarán, en la Prensa de Cádiz, en el Casino Gaditano, en la peña Juanito Villar... Si se calma, paseamos por la calle Flamenco, por el Muelle, por el Falla y Valcárcel hasta llegar a su encuentro... en La Caleta... Porque esta mañana, que se levanta con ese tipo de neblina que parece borrar el tiempo y el lugar, es, en el fondo, "muy de Quiñones", para el periodista Emilio López que presentía a su amigo en "el graznido de las gaviotas" a las que llamaba el escritor con un sonido "a modo de chiflo de contramaestre" cuando les traía algo de pescado para comer. "Nunca vi a nadie que pudiera reunir a tantas gaviotas a su alrededor".

Las anécdotas se amontonan como las nubes en esta jornada que comienza en el patio oculto del establecimiento de la plaza de la Catedral. Un patio que, como casi todo en Cádiz, no es lo que fue. Perico (el cicerone de la primera parada de la ruta), sin embargo, nos recrea el lugar "donde Quiñones se sentaba al sol rodeado de amigos que traía de fuera, mientras mi padre le servía un vinito". Un patio, otrora verde y donde campaban a sus anchas pavos y cabras, en el que la poeta Pepa Parra nos lee el manifiesto ciudadano escrito por Téllez que da inicio oficial a este paseo por la memoria.

Memoria de Quiñones que, en voz de Antonio Serrano Cueto, nos explica la incongruencia del nombre de la calle Flamenco en plena calle Flamenco desde esas "ocurrencias quiñonescas" que eran las Mijitas del freidor.

Memoria de Quiñones en un muelle donde se buscó la vida, como muchos, y donde hoy se la pueden buscar pocos. Ahí, donde el Vapor espera ser reflotado, en esa estación marítima del catamarán, el actor Antonio Estrada se mete en la piel del jornalero de la mar (nuestro bendito campo azul) que anuncia la llegada del cadáver de Juan Pinto del relato de Quiñones Nos han dejado solos. Y donde se sientan el cantaor David Palomar y el guitarrista Ricky Rivera para mecer en vaivén flamenco la copla carnavalera El Vaporcito del Puerto.

Memoria de Quiñones que comienza a mojarse (y nos cala) como el papel en el que Javi Osuna tiene escrito el tango de Manuel López Cañamaque que escribió para su coro 'Las flores' en 1928. Folio empapado como los presentes que nos rebujamos y compartimos paraguas frente al monumento Las Cortes escuchando al productor que recita la letra recordándonos, con una introducción, el profundo amor que Quiñones sentía por la fiesta gaditana "siendo el primer pregonero del Carnaval en Democracia" y demostrándonos, también, lo poco que, desgraciadamente, han cambiado las cosas con esta letra crítica que denuncia que el monumento de la plaza España, efectivamente, no estuvo listo para la celebración del primer centenario constitucional del Doce.

Paseamos, avanzamos y en cada nuevo enclave se asoma una nueva cara del vigía gaditano. Quiñones escritor en el escaparate de la librería Manuel de Falla. Quiñones poeta en el Casino Gaditano, con Ana Rodríguez Tenorio y Jesús Fernández Palacios recitando poemas de Las crónicas de Al-Andalus y Ben Jaqan en el hermoso patio neomudéjar donde también canta Martínez Ares. Quiñones comprometido con el patrimonio cultural de la ciudad, como explica Alberto Ramos a las puertas del Oratorio en las que Nacho Moreno canta a Lorca. Quiñones, amigo y periodista, con Emilio López, con Marieta Cantos y Cecilia Martínez, con Paco Medina a la voz y guitarra, tareas que se reparten también Inma Márquez y Antonio Flor. Quiñones y el compromiso social que recuerda la canción de Fernando Lobo y el escritor Miguel Ángel García Argüez que recita el Bogotá Sur del autor a las puertas de un Valcárcel "mejor recuperado que abandonado", tal y como lee en un gran manifiesto. Quiñones el de las películas subtituladas "o sin subtitular" de Alcances como aquellas "tres horas de ruso" en Corceles de fuego, recuerda Javi Osuna junto a las puertas del Falla desde el que ondeó "por primera vez en Cádiz la bandera de la hoz y el martillo" con el ciclo de cine ruso de un Alcances del 77.

Quiñones, siempre Quiñones, eterno Quiñones junto a La Caleta, donde su viuda le deja un plato de arenques y un ramo de flores. Quiñones de frío brazo de bronce al que se agarra Carmen de la Jara, al que acaricia Mariana Cornejo cuando cantan, a capella, unas letras homenajes. Ojos de frío bronce que miran a Felipe Scapachini que canta al Cádiz que tanto amó el escritor. Quiñones silente que escucha la juerga que en la cálida peña Juanito Villar se celebra en su honor con artistas de primer orden. Si las piedras hablaran, si el bronce echara a andar...

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