José Manuel Benítez Ariza. Escritor

"En los 80 estábamos más cerca del subdesarrollo que de la modernidad"

  • El autor presenta mañana, en la Biblioteca Provincial y dentro del ciclo Letras Capitales, 'Ronda de Madrid' · La novela es la última entrega de la trilogía que inició con 'Vacaciones de invierno'.

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Con Ronda de Madrid (Paréntesis), José Manuel Benítez Ariza viene a cerrar la crónica sentimental que inició -sin saberlo- con Vacaciones de invierno. Tras el retrato de adolescencia que supuso Vida nueva, el autor retoma en esta última entrega el salto a la vida adulta del protagonista. Un chico recién salido de la universidad a mediados de los ochenta que apuntala, de manera obstinada, su condición de observador pasmado e inevitable.

-Pasó unas semanas en Madrid buscando referencias para la novela, ¿qué encontró de la ciudad de hace veinticinco años?

-Bueno, yo iba en pos del rastro de los personajes, no de los lugares -porque muchos ya no existen- sino de las personas, el mundo o las experiencias que se cuentan en la novela, y la verdad es que resultó una experiencia muy grata.

-Muchas escenas de la vida de estos estudiantes del Madrid de la movida parecen sacadas directamente de Valle-Inclán... Poco tienen que ver con los revivals de ahora, en los que parece que todo era fiesta y diseño y modernidad rampante.

-Sí, se nos intenta vender que, de repente, de las décadas de dictadura y atraso, nos transformamos en una sociedad supermoderna, abierta y vanguardista. Pero cuando uno lo piensa bien, y recurre a su propia memoria, se da cuenta de que este todavía era un país más próximo al subdesarrollo que al desarrollo fugaz que hemos vivido en estos últimos veinte años. Un desarrollo que, ahora lo estamos viendo, era rudimentario en muchos aspectos.

-Es cierto que existe una diferencia grande entre la versión oficial que se rememora de la década y lo que uno mismo recuerda...

-Precisamente, yo creo que he escrito este libro, entre otras cosas, para explicarme ese crack a mí mismo. De los diez u once años hasta los veinte de la existencia de los protagonistas, en España pasamos de una dictadura mastodóntica, que hundía sus raíces en los años treinta y en los fascismos europeos, a un país rutilante, aperturista y modernísimo en apariencia. Este fue un ejercicio de autoengaño colectivo, y hay que diferenciar lo que fue realidad del desengaño que todos dimos en compartir. Había gente que pasábamos los días en la calle con apenas dos duros en los bolsillos, también porque era una época de una sociabilidad expansiva, en la que parecía muy fácil relacionarse. Se daban esas anécdotas en las que un vagabundo podía acabar perfectamente en una fiesta en un palacio...

-Ante miserias tan cercanas, tan filtrables, no es raro que estemos donde estamos.

-Ronda de Madrid es también un intento de ver por qué estamos en la situación actual. Hemos ido atravesando por tremendos bandazos ideológicos, del radicalismo de izquierdas al conservadurismo cínico, para volver otra vez al radicalismo social, alimentado por la crisis. Ver dónde está el origen de esa inestabilidad de las ideas y de esa visión frágil y cambiante de las cosas. El Madrid que se describe en la novela era el Madrid de la movida, con grandes juergas, diversión continua... pero también el Madrid que vivía destripado por una oleada de atentados terroristas brutales. Para un extraño, se daba la paradoja de que la ciudad estaba llena de avisos policiales invitando a los vecinos a denunciar a cualquier sospechoso... El cinismo que hemos desarrollado ante la política en muy pocos años se debe a esa circunstancia: que, en muy poco tiempo, vimos cosas de distinto signo sucederse simultáneamente, y uno se protege de eso negando validez a todo y riéndose o fomentando esa actitud cínica.

-La trilogía que cierra con 'Ronda de Madrid' pone de manifiesto que muchas veces se escribe para explicarse cosas a uno mismo.

-Explicarse, más que nada, el estado sentimental, mental e ideológico en el que se encuentra el autor de estos libros, que ya se acerca a la cincuentena: una edad lo suficientemente serena como plantearse con tranquilidad la consideración de sus antecedentes.

-Vemos que el protagonista, Juanma, se subraya en su condición de observador. Sobre todo, de las mujeres: principales personajes secundarios del libro, excepción hecha de un amigo.

-En toda la trilogía tienen mucha importancia las relaciones de amistad con personajes muy peculiares. Este Carlos, como una especia de Virgilio que acompaña a a Dante, es un personaje muy característico del Madrid de los 80: imbuido en el cine clásico y de autor y conocedor de primera mano de la geografía madrileña. Por otra parte, están las mujeres. Las andanzas de su novia, Isa, con su vida en Londres, constituyen literalmente otra novela, y contrastan significativamente con la historia principal: Isa es una mujer decidida, no quiere limitarse a cruzarse de brazos ante la vida, y Juanma intenta hacer cosas y no se decide, así que termina dejándose llevar. Hasta lo del viaje a Madrid surge por iniciativa ajena. Es cierto que, al final, Juanma va a ir tomando tímidas iniciativas, participa un poco de toda esa liberación de costumbres, de ese trato desinhibido entre sexos, pero siempre tiene una actitud de receptividad pasiva. Al final, sabemos muy poco de él, pero sí mucho de lo que va recibiendo. Ignoramos, por ejemplo, que es lo que terminará llevándose de vuelta a su ciudad...

-El desfase entre periferia y provincias, que ahora está casi desdibujado, se acusa especialmente en la historia -empezando por la odisea del nocturno a Madrid-.

-Así es, en la incursión en la capital el protagonista va puliendo sus aficiones. Por ejemplo, él se ha formado en el gusto por el rock urbano que queda anticuado con las músicas de la movida. En la periferia todo es mucho más lento, y todas las tendencias se mezclan a la vez. Al mismo tiempo que se estaba al tanto de las modas más recientes, se seguía escuchando a Asfalto o Pink Floyd, que ya eran dinosaurios para los modernos.

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