El cartel de Hernán, grande, sabio y eterno

  • El pintor gaditano da un paso más en la elaboración del cartel anunciador de la temporada taurina de la Maestranza, pintando a un Belmonte joven y poco habitual

El Domingo de Resurrección comenzó la temporada taurina en la Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. El plantea de los toros, desde ese día, va a tener su centro neurálgico en la capital hispalense y se va a desarrollar en su mítico coso, comenzado en 1761 y llevado a cabo por Francisco Sánchez de Aragón y Pedro y Vicente de San Martín. En 1994, el Caballero Maestrante Don Juan María Maestre de León, nuestro querido y recordado amigo, el pintor Juan Maestre, convenció a sus ilustres compañeros de corporación que tan importante institución no podía seguir mostrando su feria taurina en unos más que mediocres carteles, pintados por los habituales de una manifestación artística que ponían más voluntad que sentido artístico; además, eran de un burdo adocenamiento que no se correspondía con la poderosa realidad que patrocinaba. Tan docta y especial institución debía dar un paso adelante y buscar que las corridas feriales fueran anunciadas anualmente por un artista contemporáneo de reconocido prestigio y calidad artística. Todo un reto, toda vez que la Real Maestranza es una institución de corte muy tradicional, lo mismo que el propio universo taurino. Me consta que la empresa fue ardua; pero el bueno de Juan Maestre tenía un infinito poder de convicción y, desde 1994, hasta hoy la lista de artistas nacionales e internacionales es importante y de mucha trascendencia artística. Tan es así que, en la Real Maestranza, junto a la Puerta del Príncipe, se levanta el Salón de los Carteles donde se exponen, de forma permanente, los originales de estas obras que van conformando una colección de mucha importancia y trascendencia artística con nombres del mejor arte contemporáneo nacional e internacional..

Juan Maestre, hasta su tempranísima desaparición, consiguió que nombres de gran significación en el arte internacional marcaran nuevos rumbos estéticos en una cartelería taurina - ya, también, lo hacía la Casa de Misericordia con los San Fermines de Pamplona - que, hasta ellos, olía, quizás demasiado, a rancio. Esta nueva circunstancia en una ciudad con tan pocos anhelos renovadores como Sevilla, fue ampliamente cuestionada - a veces con absurdos argumentos que rozaban lo grotesco - por una sociedad, claramente de espaldas a la creación contemporánea. Los artistas autores de estos carteles taurinos, desde aquel 1994, han sido: Luis Manuel Fernández, Joaquín Sáenz, Eduardo Arroyo, Félix de Cárdenas, Ricardo Cadenas, Fernando Botero, Guillermo Pérez Villalta, Larry Rivers, Juan Romero, Carmen Laffón, Francesco Clemente, Paco Reina, Alex Katz, Manolo Quejido, Miquel Barceló, Manolo Salinas, Luis Gordillo, José María Sicilia, Manolo Valdés y, para esta temporada del año 2013, nada más y nada menos que nuestro Hernán Cortés.

Que Hernán Cortés es uno de los más acertados intérpretes de retrato del mundo nadie lo pone en duda. El pintor gaditano, genial como siempre, no se dejó llevar por lo fácil - algún que otro de esta nómina maestrante sí lo hizo, ¿verdad Miquel Barceló? - sino que ha dado un paso adelante y coincidiendo con el aniversario de la alternativa de Juan Belmonte, ha retratado a un Belmonte joven, poco habitual a la imagen que se tiene de aquel Pasmo de Triana que, sin embargo, había nacido en la calle Feria. De esta manera, como siempre, en los retratos de Hernán, nos encontramos además de su aplastante perfección técnica, manifiestando una gran sabiduría conceptual, un conocimiento de la personalidad del retratado, una sabia interpretación psicológica y una sobria estructura compositiva para que el desenlace no quede desvirtuado por exuberancias epidérmicas e innecesarias. Sutileza en la composición, elegancia en cada trazo dibujístico y toda una sabia economía de medios pictóricos para desentrañar la realidad eterna del personaje. Y, además, lo ha pintado con la montera puesta, algo que no es norma habitual cuando los toreros posan. Grande, una vez más, y eterno, como siempre, el retrato de un Hernán Cortés, sabio y distinto.

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