El cantautor Quique González, por primera vez en Cádiz

  • Encumbrado en la ola del respeto y la admiración, tras diez años de carrera, el músico madrileño trae algo muy personal a la tierra donde ha hecho tantos amigos y canciones

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"Nunca he tocado en Cádiz. Ni con banda, ni en solitario. Increíble, pero cierto. He compuesto canciones en Cádiz, allí tengo muchos amigos, voy de vez en cuando. Conozco Zahara, Conil, El Puerto... Una tierra muy especial, sí, que además aparece en mis discos con frecuencia. Salitre me salió casi entero en Cádiz". Quique González, que actúa mañana en la sala Mucho Teatro de El Puerto de Santa María, habla del sur mientras viaja en tren desde su retiro cántabro a su ciudad natal, Madrid. "Hablé el otro día con Bunbury, igual se sube a cantar algo conmigo el viernes". Enrique Bunbury vive en la costa oeste portuense, alejado de mundanales y vanidosos ruidos, cerquita del estudio de grabación de Paco Loco y de la casa del líder de los Jayhawks, Gary Louris. Pequeño universo, El Puerto skyline.

En el último número de la revista Rolling Stone, que por cierto ha elegido el reciente trabajo de González, Avería y redención, como el mejor disco español de 2007, el mismo Bunbury se refiere a su relación con El Puerto de un modo muy curioso. Cuenta que suele comprar un coleccionable en el mismo quiosco y que la dependienta jamás ha quebrado su intimidad, jamás se ha dirigido a él en su calidad de artista célebre. Pero cuando el cantante volvió de la gira de reaparición de Héroes del Silencio, la chica le había guardado los fascículos envueltos en un papel que ponía: Bunbury. "Me pasa algo parecido en Santander", musita Quique en torno al sitio de su recreo. Diez años de buenas canciones, una banda "fuera de serie", nuevo sonido y algo muy personal trae el músico de Lavapiés. "Lo mío siempre ha sido muy personal, intento hacer algo muy particular. No separo mi música de mi vida, las canciones van impregnadas de mi propia existencia, y con el nuevo disco intenté hacer algo diferente a lo que llevábamos haciendo con Carlos Raya. Decidí tomar las riendas de la producción, modificar la instrumentación y la sonoridad". Un disco brutal, crudo y delicado, agridulce como la vida misma, autorretratos y claroscuros. Quique crece como narrador y cantante. Pero no se considera solista, "soy un miembro de la banda", la Aristocracia del Barrio, que viene ya engrasada tras una veintena de conciertos en teatros de la Piel de Toro. Ojo al trío compuesto por el baterista Karlos Arancegui, el bajista Jacob Regulón y el guitarrista Javi Pedreira. Suena de gloria. Aporta registros insospechados al estilo del autor, maestro de los medios tiempos, sensible y canalla, corazón de rocanrol.

"La gira va muy bien. El público y la crítica coinciden en sus elogios. Tras una década de trabajo se van consiguiendo las cosas, voy logrando el respeto de la gente". Mucho más que respeto. Quique pronuncia varias veces la palabra respeto a lo largo de la ferroviaria conversación sin cables. Quique ya es digno de admiración y de no sufrir los topicazos propios del negocio musical. Cantautor eléctrico, heredero hipersensible de Vega y Urquijo, trovador de influencia americana, tanto en música como en cine y literatura. "Prefiero distinguir mis influencias sin fijarme en lugares de origen o idioma. Me gusta la tradición de la música americana cultivada por Dylan, Springsteen, Tom Petty, Neil Young, pero también la tradición musical hispana de Antonio Vega, Joaquín Sabina, Kiko Veneno, Andrés Calamaro y muchos músicos más". Un tipo con cultura musical. Rara avis nacido en 1973, comparte visiones y sentires con generaciones dispares, de hecho reúne en torno a su rico cancionero a "gente de veinte, treinta y cuarenta años". "Me siento hijo putativo de Nacha Pop, los Secretos, Radio Futura y otra gente alejada de la movida". Siete discos después, muchos kilómetros después, González se ha convertido en referencia e influencia de las nuevas hornadas de aficionados y músicos. En otro tiempo y otro lugar quizá fuera ya una leyenda. Pero no se puede quejar de estos tiempos salvajes. "Hoy el acceso a la música es mucho mayor, pero eso no significa que almacenar gran cantidad de música vaya a redundar en la calidad o que vaya a calar el mensaje. Antes, cada disco era importante y hasta que no gastabas el vinilo, o los primeros compactos, no ibas a otra cosa. Más acceso no significa más respeto por la música y más educación musical. Pero la nueva era, al menos, ha facilitado las cosas a la gente que sueña con tener una banda y cantar sus temas". La música se antoja fugaz, los discos poseen escasa vida, salvo excepciones. Quique González, que se ha hecho a sí mismo y ha conocido varios mundos a lo largo de su vida (carrera), encaja diecisiete pedazos de canciones en una hora. Hay tiempo. Hay partida. Y en directo se muestra tal cual, personal y transparente. Mañana canta por primera vez en El Puerto sus historias de dolor y redención, salitre y asfalto, así que sonarán con más veras aquellos versos marítimos del marinero en tierra que la conoció en Conil de la Frontera. "Para mí, Cádiz constituye una tierra de viajes, amigos, canciones".

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