Un cantaor de casta con mucha memoria

José Cortés Jiménez (La Línea de la Concepción, 1946) es un artista gitano de pies a cabeza, y su árbol genealógico está poblado de conexiones entre importantes familias de Andalucía. Señala así que su abuela por parte de padre, de nombre Nicolasa, era prima de El Rubio, el padre de La Paquera. Y, por parte de madre, su abuela Dolores era prima hermana de la madre de Chocolate. José nació en La Línea, vivió de niño en Sevilla y, con once años, llegó a El Puerto de Santa María, la ciudad que le daría su primer nombre artístico. Antes, había pasado algún tiempo en Chiclana, donde se recuerda jugando al billar con su primo Ramón, el padre del cantaor Antonio Reyes.

Con quince años, y recomendado por Juan Vargas, fue llamado por Caracol para inaugurar Los Canasteros. Hasta allí viajó acompañado de La Perla, Curro La Gamba y María Vargas, quienes, además de estar a su cuidado, formaban parte del cuadro inaugural del celebre tablao. El resto del cartel es capaz de enumerarlo el cantaor con pelos y señales, de la misma forma que se acuerda de que él fue el primero en cantar allí acompañando por soleá el baile de Antonia Rodríguez, la mujer de Curro Vélez. Con ellos también estaban las dos hijas de Caracol, Lola y Manuela, Curra Jiménez, Carmen Casarrubia, La Polaca, Juan José El Churra, Fernando Terremoto, Gaspar de Utrera y Argentina Coral, con El Muñeco, José Pubil, Paco Cepero y Melchor de Marchena como guitarristas. Ganaba entonces 250 pesetas por noche, pero señala que Caracol le daba el doble cuando se lo llevaba a casa para que le cantara a su mujer.

En este, como en otros casos, el cantaor da muestras de una memoria prodigiosa, la misma que le sirve para recordar los detalles de su participación en el Concurso de Córdoba de 1974, con un jurado presidido por Gonzalo Rojo y compuesto por Fosforito, Manuel Ríos Ruiz, Amós Rodríguez y Domingo Manfredi. Ellos le otorgaron un premio especialmente creado para él, el Premio de la Creatividad que, de forma curiosa, no recogió hasta el pasado 2008, treinta y cuatro años después. ¿Razones? El cantaor explica que quizás se mosqueó o no lo supo valorar en aquel momento. Porque a Córdoba el había ido impulsado por su representante, Pulpón, pero cuando llegó y vio las bases del concurso dijo que no cantaba ni se presentaba a ninguna de las categorías. Ni la de Enrique El Mellizo, que ganó ese año Chano Lobato, ni el de La Serneta, que se llevó Juan Peña Lebrijano. Pero Pulpón le obligó a cantar y lo hizo a su estilo. "Por cada tercio que cantaba, un aplauso", recuerda. De esa forma, el jurado se vio obligado a crear ese premio que, por cierto, no se ha vuelto a dar.

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