De cai al mundo

  • Más allá del cuarto ensayo del mítico grupo gaditano de rock andaluz

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Un miércoles cualquiera, Cai se sienta alrededor de unas cervezas fresquitas, alguien da la vez y suena El mercadillo del Piojito. Se nota la mano de El Niño pródigo, José Antonio Fernández Mariscal, cuya guitarra se habla con la de Paco Delgado. Con Fopi, el legendario batería y vocalista, ya son tres los miembros originales de la banda gaditana. Mucho más allá de las mentes diminutas que les cerraron puertas a principios de los ochenta, impidiendo el desarrollo de una carrera plagada de hitos y evolución, en la casa chiclanera de Ignacio Olivera, reconvertido milagrosamente en bajista de rotundo pulso, una sonrisa delata a Blas Lago, a las teclas blancas y negras. Tiene tela suplir en la memoria colectiva al genio Chano Domínguez, pero él lo hace con desparpajo y humildad. Mañana, a las seis de la mañana, en planta, que Blas trabaja a pie de obra. Una cosa es el talento y otra el parné, la creación y la construcción.

La nueva formación de Cai, desprovista de la sección de vientos, retorna a sus raíces y ensaya con intensidad de cara a los conciertos del estío y la cita de la Bienal de Sevilla, que ilusiona a los músicos como si fuera un punto de partida. Por vez primera, en septiembre, el flamenco rendirá tributo al rock andaluz, más vale tarde que nunca, y un montón de grupos se reunirán para regocijo del personal. Veinte minutos tendrá cada banda. Fopi y compañía ya preparan el escueto repertorio, y aprovechan la reedición de su álbum de debut para montar la totalidad de sus temas, tan fieles como sugerentes. Tocan ahora la fascinante Extraña seducción, saben que el mundo presenciará el ensayo a través del ojo que todo lo ve, ahí está Washy grabándolo todo para colgarlo en Youtube y otras páginas de internet. El ubicuo Washy, brigada amarilla y dj rapero, es primo hermano de El Niño, y en un año de reaparición de Cai ha hecho más por la promoción del grupo que todo un departamento de márquetin de la Cbs en muchas temporadas. Desde que volvieron a la escena, el 28 de abril del pasado año en Bornos, no hay concierto caitano que se le escape a la cámara de Washy. De Cai al mundo desde un rincón mancomunado de la Bahía de la luz. Hoy toca Cai. Pronto estará en el Youtube.

Ignacio y Blas, que ejercieron de seguidores quinceañeros de Cai en sus tiempos gloriosos, disfrutan a lo grande con el trío de ases. Recuperan la onírica El viaje, de la injustamente tratada Canción de la primavera, el tercer y postrero disco de Cai, y luego bordan La roca del diablo. Palabras mayores. La guitarra de Delgado transporta a muchos años atrás, Fopi alarga las frases y El Niño corretea por los trastes de la alegría de estar aquí y ahora. Temas punteros de los dos primeros discos confluyen en el cuarto de ensayo y dan la bienvenida a una pieza poco habitual: Solución a un viejo problema, que recuerda a institutos, grises, melenas al viento, conciertos a la luz de la luna, el Cádiz de finales de los setenta.

Un siglo después, los músicos se adaptan a las nuevas tecnologías, aprenden trucos de electrónica, un mundo a su alcance, y apenas necesitan palabras o correcciones. Se miran y tocan del tirón, apuntan alguna idea al margen pero la música fluye de manera especial. La música anda sola. Luego, tras el partidillo de entrenamiento, del que no desvelaremos estrategias y jugadas a balón parado, rememoran viejas peripecias y el sol deja paso a una luna recostá en el país de las flores, los acordes y las aventuras sin fin. Salvo que salgan algunos contratos entreverados, la próxima cita en directo será el 25 de julio en El Bosque, junto al gran Javier Ruibal.

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